Juan Pablo Russo
27/02/2020 14:32

Tras su paso por el 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata se estrena en la Sala Lugones del Teatro San Martín (Corrientes 1530 - CABA) Ya no estoy aquí (2019), segunda película del realizador mexicano Fernando Frías de la Parra, ambientada en Monterrey durante el gobierno de Felipe Calderón, y cuyo protagonista, Ulises, el lider de la banda “Los Terkos”, afin al movimiento “Kolombia”, va y deambula entre el norte de México y Estados Unidos. La historia abarca un abánico temático que va desde la migración forzada y los choques culturales a la violencia narco y la contracultura regiomontana. "Me gustaría que el público encuentre la empatía con lo que vive gran parte de Latinoamérica y del mundo", dice el cineasta en una entrevista exclusiva con EscribiendoCine.

Ya no estoy aquí

(2019)

¿Cómo surge la idea de Ya no estoy aquí?
La idea se fue decantando poco a poco. En principio eran varias inquietudes que parecían ser películas distintas. En primer lugar el tema de la música. Las “Kolombias Rebajadas”. Un amigo, tras su paso por una residencia artística en Monterrey en el 2007, me trajo un CD con MP3’s, era algo conseguido en un mercado y le pareció curioso. Yo siempre he sentido mucho interés por los sincretismos y por el choque cultural en general. Así que esa fue una muy primera línea. Por otro lado, estaba inconforme con la forma en que se estaba de algún modo “explotando” la realidad nacional a nivel narrativo. Lejos de buscar hacer conciencia encontré varias películas que más bien se inclinaban hacia la sordidez o hacia la representación de lo más oscuro y violento de la realidad y desde un tono unlamented accesible para el público mexicano. Algo que parecía pensado para los Festivales europeos.

¿Dónde nace tu interés por la contracultura regiomontana?
Me apasionaron los looks de los chicos y, tras un proceso de investigación muy amplio, comencé a grabar entrevistas con chicos que habían vivido en los años más duros de la famosa guerra contra las drogas del presidente Felipe Calderón; y que además habían sido parte del esplendor de esta contracultura. En dicho proceso di con cosas interesantísimas no sólo a nivel de campo. Me inspiró y fue de gran ayuda también el trabajo del antropólogo social colombiano Darío Blanco Arboelda, quien había publicado un gran texto académico acerca de la identidad de la llamada Regio (que se refiere a Monterrey) -Kolombia. Entonces, ver que esta contracultura tan visual estaba tan llena de significados que responden a cuestiones sociales e históricas de su realidad de una forma tan natural, tan espontánea y tan rítmica, se volvió el eje rector. Quise contextualizar la historia en ese momento en el que tras la ola de violencia Monterrey se volvió un pueblo fantasma prácticamente. Lo que significó la caída de la vida y tradición de las pandillas en la calle. Además era fundamental tocar el tema de la falta de oportunidades y la falta de movilidad social que conlleva ser joven estigmatizado de comunidades marginales en un país como México y en una ciudad como Monterrey. Finalmente quise hacer una metáfora entre la idea de que no hay futuro y la cumbia ralentizada como una forma de decir: “que no paré la música porque no hay nada para nadie después”.

Ya no estoy aquí está construida como un rompecabezas, ¿cómo la fuiste pensando vos para conseguir esa estructura?
Está es una gran pregunta. Ciertamente es como un rompecabezas por varias razones. En primer lugar era la idea de contar una historia que justamente se fuera armando como un rompecabezas del cual perdiste la imagen guía y que al término de juntar todas las piezas te das cuenta que sabés lo que la imagen es, pero queda un agujero, un pedazo de algo que falta. Eso como una forma de representar la pérdida y la nostalgia tan inherente a la historia y a la música de la película. Por otro lado, la idea vino mientras comentaba la historia con un amigo novelista pues el sostenía que Monterrey es algo no tan conocido como Nueva York y que sería muy interesante poder ir y venir y crear un paralelismo a partir de estas dos líneas de tiempo.

El guion estuvo escrito así desde un inicio pero en la edición se exploró mucho con las posibilidades de armar de forma casi modular también. Y bueno también es un poco obedeciendo a como la memoria funciona. A veces el mismo pasado se vuelve el presente constante e invade la posibilidad del futuro. Cuando un recuerdo pesa tanto no está en el pasado. El pasado no queda atrás, a veces el pasado queda adelante.

La película, a diferencia de la gran mayoría del cine latino, evita regodearse en la "porno miseria" ¿Fue algo que siempre tuviste en claro que querías hacer?
Siempre, siempre, siempre. De hecho puedes ver que no quise usar cámara en mano ni acentuar ningún aspecto dramático a través de formas sobre usadas en los temas de realismo social. La misma escena de violencia, la única, no tiene ningún corte, es algo que se buscó representar de acuerdo a como la gente que lamentablemente ha vivido ese tipo de balaceras me lo narraba. Así, de un momento a otro y como si nada. Un evento trágico rodeado de cotidianidad. Me molesta mucho lo que veo tan presente: films y series que explotan la realidad y se sirven de un tono que gusta en Europa por su carácter de exótico y brutal. Me interesó muchísimo, más que casi cualquier otra cosa en la película, no caer en esto y buscar siempre la profundidad humana en la vida de los personajes. Es, al final, una historia de vida interior y no de trágicas circunstancias. Es una película de seres humanos, no una película de eventos.

¿Cómo fue el proceso de preproducción para llegar a rodar en un lugar que a priori no presentaba las mejores condiciones?
Rodar ahí fue difícil por las mentes estrechas de algunos productores mexicanos a quienes los prejuicios y la preocupación por la seguridad les hacían sugerir opciones que iban absolutamente en contra de la naturaleza del proyecto. Fue un proceso largo y en principio sumamente solitario, pero una vez habiendo abierto algunas líneas de comunicación con personas de las comunidades que se portaron maravillosamente, tuve la enorme fortuna de contar con un maravilloso equipo de casting y de locaciones. Particularmente Bernardo Velasco, Jose Baisaman y Thom Díaz fueron increíbles colaboradores desde esos distintos departamentos que supieron trabajar en equipo durante los varios meses de preproducción.

Los protagonistas no son actores profesionales, ¿cómo fue el trabajo con ellos para construir cada uno de los personajes?
A través de la confianza y el respeto. Además de escucharlos y afinar a los personajes a partir de ideas y anécdotas propias de los chicos. Hicimos un largo período de entrenamiento actoral y de ensayos que iban desde explicarles como era un set, hasta largas sesiones de improvisación. Dicha experiencia, además de cumplir con su función profesional, generó grandes lazos que derivaron en un mutuo acceso emocional y en una comunicación muy cercana. Los chicos de la película son maravillosos y al final los Terkos Lokos se volvió una gran familia no sólo frente a la cámara.

¿El gobierno de Felipe Calderón fue el peor responsabe de la situación que describe la película?
Digamos que al principio de la guerra contra las drogas, los nuevos carteles secuestraban a los chicos para obligarlos a trabajar para ellos y al final del período “calderonista”, los mismos chicos levantaban la mano para trabajar para los cárteles. No puedo imaginar una peor estrategia por parte del gobierno.

¿Qué esperás que le pase al espectador cuando vea Ya no estoy aquí?
Pues no tengo una respuesta específica para esto pero me gustaría que el público encuentre la empatía con lo que vive gran parte de Latinoamérica y del mundo. Que mucha gente ajena a este tipo de contenidos y/o personajes puedan, a través de la experiencia musical de la película, dejar de lado sus prejuicios y entender que hay detrás de los caminos de vida y las decisiones que chicos en esta situación terminan tomando precisamente por la falta de oportunidades. Y bueno también quiero que todo el mundo que vea la película salga bailando Kolombia, por supuesto (risas).

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