Matías E. González
06/02/2020 11:23

Una persona con el paso del tiempo no solo cumple años y es partícipe de diversas situaciones personales y profesionales, sino que, a su vez, experimenta cambios en sus pensamientos y sentimientos a partir de diferentes circunstancias. Esto es lo que se observa en las vidas de los protagonistas del film Fin de siglo (2019), entre quienes se encuentra Ocho, interpretado en todas las temporalidades por Juan Barberini. EscribiendoCine dialogó con el actor sobre su trabajo en la ópera prima de Lucio Castro, la preparación de su personaje, la maduración en la profesión y los próximos proyectos cinematográficos, entre otros temas.

Fin de siglo

(2019)

COMUNICACIÓN A DISTANCIA

La historia, escrita y dirigida por Lucio Castro, se enmarca en Barcelona, donde se conectan por casualidad un argentino de Nueva York (Juan Barberini) y un español de Berlín (Ramón Pujol). En un comienzo, la relación amorosa entre los hombres parece limitarse al encuentro de una noche, sin embargo, el vínculo es épico ya que abarca décadas y trasciende las reglas del tiempo y el espacio.

Una amiga en común entre Juan Barberini y Lucio Castro fue quien posibilitó el contacto vía Skype entre el actor y el cineasta, que reside en Estados Unidos. Hasta ese momento, Juan solo sabía que el proyecto consistía en una película pero aun desconocía las características de Fin de siglo. Por lo tanto, la conversación fue motivo suficiente para que Barberini se sintiera cautivado por la propuesta cinematográfica.

“Todavía no había leído el guion, pero ya me caía bien Lucio y la forma en que me estaba comunicando lo que tenía ganas de hacer, ya que, además de leer un guion me interesa mucho como me lo cuenta la persona que lo va a dirigir. La manera en que me transmitió sus ideas e intenciones y como venía trabajando en el proyecto fue el primer encantamiento. Luego, me pasó el guion y me pareció muy sólido e interesante, que fue lo que me convenció”, recordó Barberini.

Si bien el libro resultaba claro para el actor, había una cuestión del relato que lo inquietaba y tenía que ver con el tratamiento del aspecto físico de los personajes en cada temporalidad, considerando que el film va y viene en el tiempo. “Tuvimos un par de charlas acerca de eso. En principio me parecía un problema, pero, después, decidimos no preocuparnos por eso y que los personajes se vieran iguales todo el tiempo, lo cual me parecía una gran decisión y fue sorteado de una manera inteligente. Se trata de la memoria y, en general, uno se recuerda en el pasado igual a como es ahora. Lo resolvimos así y funcionó”, destacó.

UNA EXPERIENCIA VERTIGINOSA

Una particularidad del rodaje de Fin de siglo es que Barberini arribó a Barcelona el día antes de comenzar a filmar ya que hasta ese momento estaba con otros compromisos en Argentina. Asimismo, esa tarde previa a rodar conoció personalmente a su colega Ramón Pujol, a Lucio y al resto del equipo del largometraje.

“En términos de la construcción del personaje fue bastante vertiginoso. La verdad es que todo se terminó de completar y concretar en el rodaje porque tenía unas ideas pero todavía no las había puesto en práctica y tampoco conocía al otro actor. Después fue un trabajo de estar todo el día filmando, todos los días, durante dos semanas, todos juntos todo el tiempo y medio que así fuimos construyendo”, relató.

Si bien Ocho tiene varias escenas en solitario, que forman parte de su vida cotidiana y en las que se dan diferentes reflexiones, hay múltiples circunstancias en las que interactúa con Javi. La química entre los personajes, que logra traspasar la pantalla, es el resultado de la labor conjunta entre los actores y el cineasta, que lograron conectar rápidamente a pesar del poco tiempo de conocimiento previo a filmar. “También fue una fortuna, porque uno puede encontrarse con el otro y que eso no pase. En este caso fue muy gratificante, con Ramón nos conocimos y nos caímos bien. Lucio supo generar ese clima para que nosotros estuviésemos entregados en confianza y pudiéramos construir nuestro vínculo con libertad y sin presiones, para que todo fluyera como fluyó”.

Respecto a su interpretación de Ocho y las posibilidades de identificación y diferenciación con él, Juan explicó: “Con roles que son así, que no tienen alguna característica demasiado extraordinaria, ya que no estoy haciendo un asesino, ni les pasa algo de gran singularidad que a uno lo puedan separar demasiado, hay un montón de cosas que están construidas y uno le pone el cuerpo y alma al personaje, entonces, tiene mucho de uno, pero, al mismo tiempo, está inmerso en una narración que no tiene nada que ver con la vida propia. Esto es muy fluctuante debido a que, por momentos, es uno en un argumento que no le pertenece y, en otras ocasiones, es transitar una vida que nada tiene que ver con uno pero lo divertido es tener el permiso de hacerlo. Quizás uno en la vida no se daría ese permiso y las películas y la actuación dan esa oportunidad, que es vivir algo que puede que no tenga nada que ver con uno pero vivirlo con la misma autoridad que si tuviera”.

CUESTIÓN DE TIEMPO

Ocho está presente en las tres líneas temporales que transcurre la historia, sin embargo, en cada una de ellas se exponen diferentes aspiraciones y motivaciones, así como también hay ciertos aspectos que permanecen vigentes. Estas permanencias y transformaciones son algunas de las cuestiones en torno a las que el público reflexiona al visualizar Fin de siglo.

“Hay un momento que me gusta mucho de la película. Ocho se sorprende de haber dicho algo en el pasado acerca de tener hijos. Me gustaba mucho eso porque me parece reconocible, uno en el pasado pensó y sostuvo algo que iba a mantener toda la vida y, de repente, años después, ni siquiera reconoce que, alguna vez, consideró eso y, ahora, piensa distinto. Es muy de la ingenuidad que tenemos todos frente a las cosas que sostenemos y pensamos en cada momento como si fueran las que nos definen”, expresó.

Fuera de la ficción, en cuanto a su conexión con las diferentes temporalidades, Barberini reflexionó: “Vivo en el presente, como todos, en la medida en que puedo, hago algunas planificaciones a futuro y, por supuesto, el pasado viaja conmigo. Soy alguien que se analiza, por lo que esos tres planos del tiempo siempre están en esos trabajos que uno hace consigo mismo, pero la verdad es que trato de vivir sobre todo en el presente”.

Durante la entrevista, Juan también viajó por unos segundos al pasado y recordó sus comienzos artísticos, que se remontan a cuando era niño, ya que siempre que encontraba una oportunidad para actuar, lo hacía. Arrancó a formarse en teatro cuando tenía alrededor de veintidós años y, tiempo después, empezó a filmar cortometrajes. Su camino artístico incluye su participación en films como Vidrios (2013), El incendio (2015), labor por la que fue nominado a “Actor Revelación” en los Cóndor de Plata 2016 y, Penélope (2018), entre otros.

“Hay cierto entusiasmo en relación a actuar que tiene que ver con algo que, al principio, es de una pulsión un poco más infantil, todo es novedoso y, luego, uno va madurando, haciendo su recorrido, y no es que haya una pérdida de eso, pero cambia el compromiso sobre lo que uno hace. Ya no solo es actuar sino comprometerse con lo que se cuenta, entenderlo y defenderlo, o no. Creo que, en el mejor de los casos, uno va madurando como persona y, por supuesto, como actor, ya que hay otra capacidad de reflexión sobre las cosas que a uno le pasan en su propia vida y, también, sobre las que les pasan a los personajes que tiene que hacer. Eso me parece interesante de la actuación y, a su vez, es parte de la gran dificultad que tiene”, describió.

ELOGIOS POR EL MUNDO

Fin de siglo ha recorrido múltiples festivales, entre los que se encuentran: BAFICI Buenos Aires Festival Internacional de Cine (Argentina), London Film Festival (Inglaterra), Torino Film Festival (Italia), Paris Chéries Chéris Film Festival (Francia), L'Alternativa Film Festival (España), Thessaloniki International Film Festival (Grecia), Brisbane Film Festival (Australia) y New Directors / New Films Festival (Estados Unidos). En la edición 2019 del BAFICI, fue elegida como “Mejor Película” en la Competencia Argentina.

“Es una de esas películas que uno hace y, luego, la ves hacer su camino. Estoy muy orgulloso de Fin de siglo, de haber conocido esas personas y ganado esos amigos. Por supuesto, los festivales también son una gran oportunidad para que el trabajo que uno hace sea visto en muchos lugares. En algunos viajé a presentarla y, en todos los casos, fueron experiencias muy lindas, y creo que es de lo mejor que a uno le puede pasar, que como devolución las personas expresen el afecto y agradecimiento por lo que se hizo. Más allá del recorrido que hace la película por el mundo, obtener ese reconocimiento en casa siempre es lindo”, agradeció Juan.

MUY PRONTO

Barberini se prepara para el rodaje de la nueva película dirigida por Sebastián Caulier, que comenzará en marzo, en Formosa. “Estoy bastante entusiasmado. Entre otras cosas porque es una provincia que no conozco y hacer cine siempre da esta posibilidad que es conocer nuevos lugares, que a mí me encanta y es un plus de este trabajo”, adelantó el actor.

Por otra parte, espera el estreno en la pantalla grande de otros dos films en los que participó: El cazador (2020), de Marco Berger, que ahonda en la problemática de la pornografía infantil y donde interpreta a un hombre que mete en problemas a los protagonistas y, Sangre (2020), de Juan Schnitman, donde personifica a un marino mercante que mantiene amoríos con dos mujeres, lo que deriva en diferentes complicaciones.

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