Rolando Gallego
05/02/2020 11:02

Ganadora como mejor película en competencia argentina del último BAFICI, Fin de siglo (2019), ópera prima de Lucio Castro, se estrena finalmente en la Sala Leopoldo Lugones. Rodada en Barcelona, la película, protagonizada por Juan Barberini, Ramón Pujol y Mía Maestro, propone un acercamiento a la vida de dos personas que se conocen ocasionalmente, y cómo el deseo puede superar cualquier impedimento para estar juntos. “Como espectador siempre rechazo todo lo que viene predigerido o con un punto de vista fuerte que yo debo aceptar”, afirma en una charla con EscribiendoCine.

Fin de siglo

(2019)

¿Cómo surge la idea de Fin de siglo?
La historia surgió imaginándome a un personaje llegando a una ciudad como turista, y luego lo empecé a seguir, lo vi llegar a su Airbnb, dejar su mochila en la mesa de la cocina, abrir la heladera, chequear los libros de los estantes. Siempre digo que escribo como si estuviera leyendo, trato de no adherirme a una estructura o a notas, me interesa que la escritura fluya y descubrir a los personajes como si fuera otro espectador. Luego, cuando los dos personajes están tomando un vino en el Montjuic se me ocurrió que uno diga, “ya nos habíamos conocido antes”. Y ahí me lancé a inventar ese primer encuentro. Me interesó mostrar de una forma honesta y algo lúdica, mis visiones acerca de la atracción entre dos personas; y plantear la belleza y crueldad de determinadas decisiones que tomamos que parecen insignificantes en el momento pero que pueden tener grandes ramificaciones en nuestras vidas.

¿Cómo fue buscar al casting? Cuando la escribiste ¿ya pensaste en estos actores?
María La Greca, que hizo el casting, me sugirió a Juan Barberini como primera opción con el guion ya terminado. Ella había producido una obra de teatro con él. Luego, por medio de Juan y María, llegué a Ramón Pujol. Y Mía Maestro es una gran amiga desde hace décadas.

Como fue y cuánto duró el ¿rodaje?
El rodaje duró doce días. Fueron jornadas muy intensas, algunas de más de 16 horas, y conté con la generosidad y el talento de mi equipo. Lo bueno de trabajar con un equipo tan reducido es que todos entienden las restricciones y toman posesión del proyecto.

¿Cómo lograste la intimidad entre los actores?
La verdad que no tuve mucho que ver con eso, fue más que nada la inteligencia e intuición de los actores. Se conocieron la noche anterior a empezar a filmar, y mediante el texto, la convivencia, el trabajo y solo algunas indicaciones, ellos se encargaron de actuar ese cotidianeidad y atracción que se ve en pantalla. Hacia el final del rodaje ya eran realmente amigos.

¿Qué cosas sabías que no ibas a plasmar en la película (clichés, lugares comunes, subrayados)?
Comencé a escribir la película sin obstáculos, y enfocado en los tres personajes y en cómo el hecho de haberse conocido había marcado sus vidas. Como espectador siempre rechazo todo lo que viene predigerido o con un punto de vista fuerte que yo debo aceptar. Cuando una película, un cuadro, un libro, están demasiado cerrados, siento que no tengo un hueco por el cual entrar y me quedo afuera. Siempre conecto con obras a las que le falta una pieza que yo tengo que encontrar.

¿Cuánto tiempo te llevó desarrollar esa idea de deseo latente y luego concreto?
El inicio de la película, donde presenciamos muy gradualmente y sin diálogo, al personaje de Ocho (Barberini) enfocando su deseo en Javi (Pujol), existió desde la escritura del guion. Me interesaba la idea de comenzar la película de una forma casi arquetípica, un personaje llega a una ciudad nueva, para tener más tiempo para explorar la aparición y luego la concreción de su deseo.

¿Fueron complicadas de rodar las escenas de sexo?
No, fueron muy sencillas y rápidas, pero planeamos cada plano milimétricamente. Siempre son incómodas, sobre todo para los actores que están desnudos frente a la cámara y al equipo, así que mientras menos tiempo se filme y con mayor precisión, más intensas son las actuaciones.

¿Con qué te gustaría que la gente conecte con Fin de siglo?
Con un sentimiento universal acerca de cómo los sentimientos van cambiando con el tiempo y como se alteran en la memoria.

Venís de ganar en BAFICI, de mostrar la película en festivales, ahora que finalmente llega al público argentino, ¿sensaciones?
Muy feliz, es una película que se empezó a gestar hace muchas décadas desde cuando yo iba a ciclos de Kaurismaki o de Kluge a la Lugones, y soñaba con filmar mi primera película, así que para mí es como mostrarla en el lugar más cercano a su verdadero origen.

¿Estás con algún nuevo proyecto?
Sí, acabo de terminar mi nuevo guion que se filmará este año y donde Mía Maestro será la protagonista.

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