Juan Pablo Russo
02/02/2020 14:43

El chileno Sebastián Muñoz Costa del Río, debuta en la dirección con El Príncipe (2019), película premiada en Venecia con el Queer Lion Award, adaptación de la novela corta de Mario Cruz, un drama carcelario, violento, sexual y sentimental, con personajes complejos y llenos de humanidad. "Poner a hombres encerrados que buscaran el afecto más allá del género es para mí hablar de la libertad de los cuerpos y de la necesidad del ser humano que es amar y ser amado también", sostiene en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

El Príncipe

(2019)

¿Cómo tomás contacto con la novela de Mario Cruz en la que se basa El Príncipe?
La encontró un amigo en la calle, en un puesto en el suelo afuera de un mercado de verduras, le llamó la atención su portada ya que en ella aparece un hombre semidesnudo detrás de unas rejas, al tiempo me la prestó para que yo la leyera y fue conexión en ese mismo momento ya que el estilo narrativo me cautivó por su crudeza y erotismo que llegó a traspasar la lectura.

¿Por qué el Chile de principios de los 70?
La novela fue escrita a principios de los años 70 y quise respetar el contexto y subrayar históricamente que el final de la película fuera cuando Allende es elegido presidente. En primer lugar porque el discurso de Salvador Allende cuando es electo y es escuchado por primera vez por "El Príncipe" tiene un tono esperanzador para Chile y para mi personaje y en segundo lugar porque Allende dice que se vendrán tiempos difíciles, y para "El Príncipe" también ya que acaba de definir su sexualidad y en Chile en esa época ser homosexual era un delito y claramente te podían y te pueden matar como lo sigue siendo hasta el día de hoy. El otro motivo, es lo básico y precario de los personajes, que solo se mueven a través del deseo y sus instintos más animales contenidos en una cárcel rural que solo les brinda una cotiedanidad y una necesidad de afecto más allá del género.

Adaptar un libro significa tomar algunos elementos y dejar afuera otros, ¿en tu caso sobre qué tópicos quisiste priorizar?
Básicamente en las relaciones humanas y en la cotiedanidad que se vive en la cárcel, salirme del mundo más carcelario y opresivo y quedarme con estas historias simples, comunes y corrientes que solo están unidas por el amor negro, que es el que nace en la noche cuando nadie los puede ver y se transforma en el instante de más libertad frente a ese encierro. Poner a hombres encerrados que buscaran el afecto más allá del género es para mí hablar de la libertad de los cuerpos y de la necesidad del ser humano que es amar y ser amado también.

En El Príncipe el espacio carcelario cumple un rol esencial, ¿cómo fue convertirlo en un protagonista más?
Siempre supe que la cárcel como espacio sería un personaje más en la historia, por eso elegimos trabajar en una cárcel real, para contener estos cuerpos masculinos desnudos. Fue un gran desafío al momento de la puesta en escena ya que las celdas eran pequeñas, pero eso se transformó en una fortaleza para la película ya que los actores se apropiaron rápidamente del espacio y la cámara solo tuvo que seguir esos instintos rígidos al comienzo para ir lentamente tomando confianza al ritmo de su protagonista.

El momento para mí en que se terminó de darle vida a este espacio fue en la mezcla de sonido ya que ahí pude sentir esa respiración y esas notas musicales que solo la cárcel te las puede entregar.

También hay un trabajo con el cuerpo y con lo sexual, en ese sentido ¿cómo fue el trabajo con los actores?
Muy natural y de mucha confianza ya que en el guion estaba explícito que el cuerpo era una herramienta dramática para poder contar esta historia, para que la mirada del "Príncipe" se fuera construyendo al igual que su sexualidad y definición de ésta. Es para mí sin duda lo que hace particular esta historia, hablar sin miedo de la sexualidad, poner el cuerpo desnudo masculino frontal como objeto del deseo en un mundo conservador donde la intimidad siempre supera la ficción.

¿Cuál fue la reacción de ellos cuando supieron que se tenían que exponer de manera tan explícita?
De completa libertad, en Chile los actores son valientes y entienden su cuerpo como una herramienta política donde no hay censura.

¿Cómo trabajaste representación del homoerotismo en un contexto tan patriarcal?
Lo trabajé con libertad, porque me siento libre. La novela pone en contexto el concepto del amor negro, de esa sexualidad que solo se vive en la noche, en la oscuridad, cuando nadie te puede ver. Y en mi experiencia personal si viví con el tabu del cuerpo erotizado, pero más que por el patriarcado fue por el catolicismo que nos fracturó nuestra forma de sentir y pensar, y puso la sexualidad como si fuera nuestro propio enemigo.

¿Cómo fue pasar de la dirección de arte a la dirección integral de una película?
Muy liberadora, ya que por primera vez estaba trabajando mi creatividad para mí y no para otros.

Comentarios