Juan Pablo Russo
27/01/2020 18:03

Valentina Llorens, hija de Fátima, nieta de Nelly y madre de Frida reconstruye en La casa de Argüello (2019) la historia de su familia indagando en su propia identidad, la memoria, la militancia y los silencios que deja el paso del tiempo y las marcas de la historia política Argentina. "En la sociedad patriarcal actual hay tanto miedo a mostrar los sentimientos, las emociones, a ser vulnerable, que hablar desde el sentimiento parece no ser válido a la hora de construir un relato que sirva para algo en el mundo", sostiene en diálogo con EscribiendoCine.

La casa de Argüello

(2019)

¿Por qué decidiste indagar en tu ópera prima sobre tu propia identidad?
El documental tuvo un proceso muy largo, pasó por varias etapas y por varias inquietudes, nunca decidí que iba a ser sobre mi propia identidad, resultó así y se terminó de estructurar en la isla de edición cuando el material pidió voz en off. Fue un proceso inconsciente, poco dogmático, espontáneo y por fuera del concepto intelectual de cómo debe ser una ópera prima, ni de una decisión de cómo deberían ser las cosas. En un momento perdí el control y es lo que más disfruté y disfruto de haberlo realizado. Pero calculo que debe haber una cuota de narcisismo también (risas).

¿No tenías temor de que lo sentimental terminara restándole objetividad al resultado final?
En la sociedad patriarcal actual hay tanto miedo a mostrar los sentimientos, las emociones, a ser vulnerable, que hablar desde el sentimiento parece no ser válido a la hora de construir un relato que sirva para algo en el mundo. El documental está realizado desde mi vivencia y mi sentimiento. El desafío era si esa mirada subjetiva sensibiliza y ayuda a reflexionar desde la intimidad de la historia argentina. De todas maneras La casa de Argüello no trata solo de aquellos hechos históricos, habla de los vínculos familiares, la identidad y de la creación, entre otras cosas. Mi miedo era saber si podía contar algo nuevo o diferente sobre lo ocurrido durante la última dictadura, hay tanto hecho.

¿Cómo fue el trabajo de investigación para que el dolor no interfiriera en la búsqueda de información?
El dolor interfirió en toda la búsqueda de información, está atravesado por eso, lo que no consiguió fue paralizarme, al contrario. Cuanto más dolía mas quería saber. Parece masoquista pero la verdad fue muy liberadora.

¿Qué le aportó al trabajo tener un guionista como Leonel D’Agostino?
Leo me ayudo a estructurar, le dio solidez al proyecto. Me sirvió de interlocutor, al igual que Peni y Nico Toler (editores).

¿La reconstrucción de la historia para el documental logró armar un rompecabezas incompleto? ¿Qué pasó en vos cuando viste todas las piezas en su lugar?
El rompecabezas siempre va a estar incompleto. La historia no se completa. Y está bien que asi sea a mi modo de ver. Siempre con nuevas miradas y nuevas coyunturas aparecen nuevas fichas y todo resulta más enriquecedor. Por eso este documental trata de diferentes generaciones. Las piezas encontradas hasta hoy, me dieron una relación diferente con mi vivencia y mi historia, con la manera de relacionarme con las cicatrices y a su vez con la manera de relacionarme con la sociedad. Me ayudó a trascender mi propio ombligo.

¿Cómo se hace para las piezas encajen cuando no se cuenta con el testimonio de la mayoría de los protagonistas?
Yo apunté a construir el relato desde una mirada íntima y subjetiva de la vivencia de mi abuela y mi madre, así como también de mi hija y por último el mío. Ellas fueron/fuimos las protagonistas de este documental.

¿Sentías que esa historia que te atravesaba no era solo tuya sino que formaba parte de todo un país?
Mi eje inspirador a lo largo de todo el proceso de realizar el documental fue lo personal y lo político.

Comentarios