Rolando Gallego
15/01/2020 11:29

En su regreso al cine tras Animal (2018) y Mi obra maestra (2018), Guillermo Francella apuesta a todo con El robo del siglo (2019), de Ariel Winograd, que lleva a la pantalla grande el robo más importante a un banco que la prensa y la sociedad argentina recuerde hasta el momento. Interpretando a Vitette, encantador ladrón de guante blanco que hoy vive en Uruguay y tiene una joyería, además Francella se prepara para volver a ponerse en la piel de Pepe Argento en la versión teatral de Casados con hijos, que agota entradas en el Gran Rex. “Hago películas que sé que tal vez no se van a volver un evento, pero como con El robo del siglo, a veces puedo intuir, cierto tufillo, no de cuántos espectadores, pero sí que algo iba a pasar”, dice en exclusiva a EscribiendoCine.

El robo del siglo

(2020)

¿Qué pensaste cuando te llegó el proyecto?
El proyecto data de muchos años, había un libro, unos productores, unos guionistas y un director, se dilató, diferían las ideas, no le encontraban la vuelta a lo que todos queríamos. Vino otro proceso, otros productores distintos, directores, vino Alex Zito, Marvista, Viacom, la posibilidad que esté Ariel Winograd y encontramos una sintonía linda, un libro mejor desarrollado, un guion ajustado, compacto.

¿Cómo encaraste a tu personaje, Vitette?
El robo del siglo, con empatía, ha trascendido, por su buen trato, veníamos de la psicosis del 2001 con la plata que los bancos robaron, fueron muchas cosas. Una vez realizado y hecho el viaje junto a Ariel me sentí muy feliz, porque además se hizo todo de manera profesional, con un compañero de ruta increíble como Diego Peretti. Yo me basé en reportajes, al estar extraditado hablé por teléfono y no personalmente. En esos reportajes pude ver cómo era, lo carismático, sus respuestas, fue un proceso muy largo. Cada uno tenía que trabajar estos tipos, un hijo y una hija puede ser la hija de un papá, pero cómo es la hija de un ladrón, que sabe que toda la vida le mintieron, ese vínculo, hubo que hacerlo, hablamos mucho con él, qué pasa ahí, esa primera escena en la peluquería, donde ella me saca información. Ella pide que no se meta más en líos. Llega tarde a la comida con pantalones mojados, y le dice basta, está harta, y cuando parece que cambió, con la plata ya, que parece que no va a reincidir, lo agarran.

¿Cómo fue la primera vez de interpretar a alguien contemporáneo?
En El Clan, Puccio ya estaba fallecido, pero tuvimos mucha información por parte de Pablo Trapero, y cuando comenzamos los ensayos, leí entrevistas que Puccio dio, me basé en algunos de ellos, pero fue otra cosa, más incómoda, más rara, no comulgando, acá tampoco comulgo. El proceso del makeup y vestuario, lookearme para el robo, colocandome los bigotes postizos, el pelo para atrás, el traje gris, la kipa para cuando entraba al banco, comencé a sentirlo en mi cuerpo. Una vez en un ArteBa, se acerca una chica y me pregunta si iba a hacer de Vitette, le dije que sí, y me dijo yo fui rehén, y le pedí que me contara alguna anécdota, y me dijo que fue muy bueno, que le dio mucha tranquilidad, y cuando hablé con él, él no podía creer que ella recordaba el hecho delictivo con bondad. De a poco fui construyéndolo, de detalles, como cuando habla con la escribana, tranquilo, después pícaro, sale, se encuentra con la mucama, resuelve todo desde la inteligencia y picardía. Lo estético, los lentes, eran pruebas claves, me fue muy útil, algo en la mirada, en la postura, en la tranquilidad que todo eso me ayudó mucho.

¿Es tu primera producción con tanto despliegue?
Un gran despliegue de producción, se filmó en el desagüe real, Perú y la costa, Perú y el río, donde Fernando Araujo fue por primera vez a visualizar que estaba a casi un kilómetro y medio del Banco Río, fue caminando por Perú, bajó al desagüe, camino, caminó, tiro la cinta, se filmó en el túnel, en el desagüe, pero luego se construyeron decorados.

¿Cómo fue trabajar con tu hija? Ya te había tocado hacerlo con Nicolás
Es emocionante que ambos hayan filmado sus primeras películas conmigo. Con Nicolás, Marcos Carnevale en Corazón de León lo contactó, hizo el casting, estaba estudiando teatro, no quería yo involucrame y con Johanna lo mismo, Juampi García la convocó, tuvo una charla con ella, Ariel me hizo una devolución hermosa. Acá ella hace un trabajo encomiable, con una tristeza, increíble, esa escena final. La escena de la cárcel creo que fue una de las primeras, de hecho ni quería hablar conmigo. Porque por ejemplo en Corazón de León, Carnevale me dijo, "ojo con ensayar en casa", le decía que no, y en casa repasábamos la letra, y le decía después a Marcos, ensayé. Con Johanna no, ella vive sola, Nico en ese momento vivía en casa.

¿Es difícil hacer éxitos?
Yo hago películas que sé que tal vez no se van a volver un evento, pero como con El robo del siglo, a veces puedo intuir, cierto tufillo, no de cuántos espectadores, pero sí que algo iba a pasar, como con El Clan, Corazón de León, las primeras de Un argentino en New York, Papá es un ídolo, que trascendían, después hice otras porque me gustaban, las épocas cambian. Con El robo del siglo tengo una fe ciega, como en teatro con Perfectos Desconocidos, o cuando me junté con Adrián Suar, o con Alfredo Alcón para hacer Los reyes de la risa, o con Enrique Pinti Los productores. También pasa que después no sucede todo, pero que uno las hace porque les gusta, como ¡Atraco!, en España, El misterio de la felicidad, con Daniel Burman, Los Marziano, Los que aman odian, Mi obra maestra, contenidos diferentes, heterogéneos, alguna más incómoda, otras más amables.

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