Juan Pablo Russo
06/01/2020 12:43

En El navegante solitario (2019), Rodolfo Petriz propone un acercamiento a la figura de Vito Dumas, el navegante solitario más grande de la historia con cuatro travesías épicas realizadas entre 1931 y 1955, entre ellas la primera vuelta al mundo doblando el temible Cabo de Hornos, pero que por su acercamiento al peronismo su nombre fue ninguneado convirtiéndolo en el “innombrable” de la náutica argentina. "Dumas queda inmerso en lo que hoy se define como “la grieta”, en dónde su vinculación con el primer peronismo le granjea el rechazo de buena parte del mundo náutico", asegura el cineasta en diálogo con EscribiendoCine.

El navegante solitario

(2019)

¿Dónde nace tu fascinación por Vito Dumas?
Comienza hace unos 20 años con la lectura de su libro, “Los cuarenta Bramadores-La Vuelta al mundo por la ruta Imposible”, donde narra las alternativas de su viaje de circunnavegación doblando los cabos más temidos por los navegantes, entre ellos el Cabo de Hornos, en el sur de nuestro país. Dumas fue el primer navegante solitario del mundo en lograr esa hazaña entre los años 1942-43, en plena segunda guerra mundial. Esa gesta lo posicionó como uno de los navegantes solitarios más grandes de la historia, y para muchos como el más grande a secas. En ese sentido, creo que Dumas está a la altura de los grandes deportistas-aventureros que conoció el siglo XX. Y en un segundo momento me apasionaron las circunstancias extradeportivas que rodearon su figura, la marginación y el menosprecio que por causas sociopolíticas sufrió de un sector importante del mundo náutico argentino.

¿Cómo fue el proceso de investigación?
En primer lugar arranca con la lectura detallada de los cuatro libros que escribió, uno por cada uno de sus grandes travesías y de “Vito Dumas-Testimonios de la leyenda” la biografía que publicaron Ricardo Cufré y Roberto Alonso. A ellos se sumó el acceso que me brindaron los nietos de Dumas a todos los documentos, fotos, diarios y objetos personales que conservan de su abuelo. Y por supuesto, la investigación se enriqueció con entrevistas a gente que lo conoció personalmente. Fue un proceso que comenzó formalmente un año y medio antes del rodaje y que continúo durante el mismo en virtud de datos desconocidos que fueron surgiendo del propio rodaje y que enriquecieron el guion.

El documental se corre de los lugares comunes a los que muchas veces recurre el género y recurre a varios elementos ajenos al documental ¿De qué manera fuiste trabajando la historia tanto narrativa como visualmente?
Me propuse hacer un documental que refleje tanto las aventuras que vivió Dumas como el contexto socio-histórico en el que las hizo. Y junto con ello, quería incluir a Dumas como personaje. Eso me llevó a pensar una estructura en donde todo el relato estuviera estructurado en función de los cuatro grandes viajes que realizó, con escenas ficcionalizadas y animadas en las cuales el propio Dumas llevara adelante el relato. Por otra parte, como algunos de los momentos más dramáticos de esos viajes coincidieron con hechos políticos muy relevantes para nuestro país, como la emergencia del peronismo, me pareció importante proponer un montaje paralelo, usando material de archivo, entre lo que le pasaba a Dumas y lo que pasaba en Argentina. Y también me propuse aprovechar situaciones misteriosas en la vida de Dumas dosificando la información para mantener la atención del espectador

Visualmente nos propusimos junto con Rodrigo Sánchez Mariño, que fue el director de fotografía, co-montajista y autor de la música, lograr una estética precisa para cada momento de ficción y aprovechar al máximo la belleza de las cartas náuticas, las cuales ocupan un lugar importante en el relato.

¿La ficcionalización y animación de algunas escenas te ayudó a tapar la ausencia de material de archivo o fue una elección estética?
Fue una elección estética y narrativa. Y en el caso puntual de las animaciones también fueron motivadas por la imposibilidad de filmar escenas ficcionalizadas de situaciones riesgosas en el mar. En ese sentido, la música original que compuso Sánchez Mariño para esos momentos trasmite a la perfección, desde mi punto de vista, el riesgo y los estados de ánimo del personaje. Además, creo que estos dos recursos le añaden a la película una dinámica que la hace más entretenida.

¿Por qué Vito Dumas es un personaje tan amado como odiado en la historia argentina?
En gran medida la película se rodó para responder a esa pregunta. En los orígenes hay un conflicto de clase; a principios de los años 30, cuando la náutica deportiva era una actividad de elite, Dumas, que era un advenedizo en ese mundo, logra hazañas que generaron envidia en algunos de los miembros de esa elite. Luego, con la emergencia del peronismo, Dumas queda inmerso en lo que hoy se define como “la grieta”, en dónde su vinculación con el primer peronismo le granjea el rechazo de buena parte del mundo náutico.

¿Te encontraste con otro personaje cuando empezaste a indagar más fuertemente sobre su figura?
Con otro personaje no. Sí encontré facetas desconocidas que lo hacían más rico, como su profundo espiritualismo, un gran amor a su patria y un profundo humanismo.

¿El navegante solitario busca reivindicar su figura dentro de la historia argentina y darle la importancia que se merece?
En cierto sentido sí, aunque la idea de “reivindicación” es muy fuerte, porque supone que la sociedad argentina en su conjunto lo haga. Lo que sí me propuse desde un principio es lograr que la figura de Dumas sea conocida y valorada por las nuevas generaciones.

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