Emiliano Basile
14/12/2019 16:32

La botera (2019), ópera prima de Sabrina Blanco, describe el contexto marginal de la Isla Maciel desde las dificultades de su protagonista para crecer en ese entorno “convertirse en mujer en un contexto de ausencias y faltas, me parecía que merecía ser abordado pero desde un lugar que genere identificación y que también, de algún modo, dignifique”.

La botera

(2019)

¿Cómo surge la idea de tu ópera prima?
Creo que las ideas no surgen de un solo lugar. Por un lado había algo de mi vivencia personal que tenía que ver con esa edad y el hacerse una un poco sola entre toda la confusión del crecimiento. Este tema siempre me aparecía como inquietud. Por otro lado, venía observando a las chicas de esa edad en los barrios populares y sentía, desde mi ideología política y feminista, que era una etapa invisibilizada para las mujeres pobres. Lo crudo y lo desamparado que se vuelve convertirse en mujer en un contexto de ausencias y faltas, me parecía que merecía ser abordado pero desde un lugar que genere identificación y que también, de algún modo, dignifique. Cuando conocí el barrio Isla Maciel y el trabajo de los boteros tuve una primera imagen: la de una niña intentando, sin saber cómo, manejar un bote reservado para los hombres. Y a partir de esa imagen empecé a desandar la película.

¿Conocías previamente el contexto de la Isla Maciel? ¿Indagaste al respecto?
Sí, conocía el contexto pero conocer un lugar es mucho más que saber de él. Digamos que mi investigación sobre el espacio fue habitarlo lo más que podía. Fueron un par de años en los que fui generando vínculos y yendo, a veces a no ser nada más que estar, o participar de algo que se hiciera ahí. Creo que conocer un lugar no tiene que ver con recaudar datos, sino con observar, escuchar, dialogar con la gente, respirar, sentir el pulso. Así te das cuenta que cada lugar es diferente y creo que hay que meterse en los lugares. Yo no quería ser una turista de mi propia película.

Contame sobre la elección de los actores
Desde el inicio me interesaba trabajar con no actores, encontrar caras nuevas y sobre todo que sean reales al universo que estaba apostando. Con respecto a la protagonista, quería que sea una niña del lugar. Sentía que la experiencia de vida era algo que a esa edad se transmite en la mirada, en los gestos, en la forma de estar y que era algo que no se podía construir. Pensaba que todo lo actoral, si bien podía llevar tiempo, si podía construirse. Pero no lo otro. Quería correrme de esa dinámica del actor porteño “haciendo de” sentía que había hasta una falta de respeto de mi parte en esa elección. También me parecía que era importante buscar actores de otros lugares, o que no sean particularmente conocidos. Creo que está bueno corrernos de esa cosa un poco monopolizada que tiene el cine con respecto a los actores, los técnicos, y demás. Así que los actores fueron encontrándose de a poco a lo largo del proceso de desarrollo y con diferentes sistemas. Cada uno fue un encuentro particular y diferente al del otro, hasta que logramos confirmar el equipo completo que buscábamos para la película.

¿Tuviste dificultades a la hora de filmar?
Sí, siempre hay dificultades a la hora de filmar, ja. En este caso fue una película riesgosa desde muchos puntos de vista. Teníamos muy poco dinero para el rodaje, trabajar con no actores y un esquema de producción ajustado, las dificultades propias de la locación. Yo viví el rodaje día por día sin saber nunca si llegaba hasta el final. Y aunque creo que no es para nada conveniente filmar así, algo de los riesgos propios de la película que elegimos hacer creo que fue también la clave de todo lo genuino que se pueda encontrar en ella.

¿Buscaste destacar la mirada femenina no tan retratada en contextos marginales con la película?
Sí, absolutamente. Como te decía antes mi intención era abordar la intimidad de esa etapa de la vida en los márgenes, que creo que no solo no está explorada, sino que siempre que lo estuvo fue de una forma decorada, o romantizada. Hablar de esto, buscando un punto de vista más cercano fue una decisión muy concreta. Creo que todavía todo lo que respecta a destapar ollas de las cosas que nos pasan, de nuestros deseos, de los derechos que necesitamos es a través de acciones y decisiones concretas como todo lo que guarda resistencia. Todavía poner luz en algunas cuestiones relacionadas a las mujeres y las disidencias trae muchas resistencias en la sociedad.

¿Sentiste la necesidad de dejar un mensaje esperanzador?
No lo sé. Más que un mensaje esperanzador quise dignificar a una clase social, y a los barrios que pertenecen a esas clases sociales. Corrernos de la idea de que en esos lugares solo hay violencia y que los problemas de los pibes y las pibas solo tienen que ver con la droga y con delinquir. Me parecía muy importante contar otra cosa de la que se conoce de un lugar como Isla Maciel, pero sin dejar de contar las faltas estructurales, las ausencias y los problemas que hay en un lugar donde básicamente no hay presencia del estado. En esos puntos en común que tiene la película con el espectador en donde lo que le pasa a Tati supone una identificación muy fácil de algo que nos ha sucedido a todas, y en las diferencias que existen a la vez, creo que aparece el mensaje. A los pibes y las pibas les suceden las mismas cosas, lo que no les sucede igual son las oportunidades, y en esas oportunidades se debate la vida de cada uno. Lo que queda, es fuerza, resistencia y autodeterminación para enfrentarlo.

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