Juan Pablo Russo
08/12/2019 15:00

Hogar (2019), de Maura Delpero (Nadea e Sveta, 2012; Signori professori, 2008), premiada en Locarno y el 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, se ambienta en un refugio para madres adolescentes dirigido por monjas italianas. En este lugar desconectado del del mundo, las problemáticas de tres mujeres se entrelazan: Lu y Fatima, dos madres adolescentes, y la hermana Paola, una joven recién llegada de Italia para tomar los votos. "Todos notan la ausencia de hombres pero no la de mujeres. Creo que eso tiene que hacernos reflexionar porque el cine también sirve para hacernos pensar sobre estas cosas", afirma en diálogo con EscribiendoCine la directora italiana, nacida en Bolzano, pero radicada en la Argentina.

Hogar

(2019)

¿Dónde tiene su origen Hogar?
Surge de mi cuestionamiento, de mi pregunta sobre la maternidad, cuya respuesta siempre era un poco contradictoria, o sea que me generaba sentimientos contradictorios. Por un lado una fuerte atracción y por el otro temores, dudas. Sentí la necesidad de profundizar eso a través de mi arte. Empecé haciendo entrevistas a madres y me di cuento que en realidad lo que yo pensaba, que era muy personal, era algo común. Estos sentimientos contradictorios eran muy comunes entre las mujeres y también otro rasgo en común era un sentimiento de culpabilidad hacia el hecho de tener estos sentimientos contradictorios. Con lo cual en un punto sentí que quería hacer una película sobre la complejidad de la maternidad. Un deseo personal, y artístico en un punto, se convirtió en un deseo político e ideológico de dar vos a la complejidad de este evento humano.

Esta es tu primera ficción, ¿cómo se fue dando ese pasaje?
La verdad es que fue bastante orgánico porque en un punto mis documentales siempre fueron muy narrativos. El último fue un documental con elementos de ficción y esta es una ficción con elementos del documental con lo cual sentí que era un pasaje interno a mi camino como si fueran unas manesillas avanzando sobre un mismo reloj. Obviamente fue un salto grande pero creo que estaba muy preparada dentro de mí y también había algo que yo quería mucho artísticamente que era trabajar con actores, profesionales o no, no tanto eso sino más bien con la dinámica director-actor de la cual tenía muchas ganas y esta película me confirmó que me encanta trabajar con actores. Es una relación en la cual me siento cómoda.

Recién decías que en Hogar también hay elementos del documental, ¿cómo cuáles?
Hay muchos elementos del documental. Antes contaba sobre el origen enfocándome en mi situación personal pero también hubo un segundo pasaje que me llevó a la maternidad adolescente. Yo estaba dando clases y una alumna adolescente se embarazó. Ahí empecé a investigar sobre la maternidad adolescente y descubrí la existencia de esos hogares y mi método siempre es como ponerme muy adentro de las cosas así que me fui a trabajar a hogares. Trabajé en tres hogares en Capital Federal a lo largo de años danto talleres de cine para madres adolescentes y la idea era hacerlo para que esta historia de ficción, que yo quería escribir, absorbiera muchísimo del mundo real para que sea verosímil antes que nada. Hay una enorme cantidad de elementos del cine documental. De hecho estoy contenta porque ya la vieron algunos trabajadores de los hogares y se quedaron muy sorprendidos por cuan fiel es la película a la realidad. Pienso que cuando uno cuenta la realidad una cosa importante es verla simil en la película. Ese ha sido mi objetivo.

¿De qué manera elegiste el castíng y como fue el trabajo con ellas?
Fueron dos castings separados. Por un lado uno para elegir las monjas y por el otro uno para elegir las chicas y sus niños. El de las monjas fue más sencillo en términos numéricos porque había muy pocas actrices que podían hacer ese rol. Es un rol muy difícil y peligroso en un punto. Tenía las ideas bastante claras por lo cual fue un casting muy reducido. El casting que fue muy largo fue el de las chicas y los niños, ahí me ayudó una directora de casting con la que hicimos un trabajo larguísimo. Al principio lo dejamos abierto a actrices, madres, jóvenes que no habían sido madres, por lo que vimos muchas chicas pero a lo largo del tiempo me di cuenta que necesitaba esa verdad que había conocido por lo cual fue una selección que fue yendo cada vez más hacia lo documental. Habían llegado al final del casting unas actrices muy buenas pero no me cerraban, necesitaba una verdad que no tenían. Obviamente el trabajo fue más difícil pero la verdad lo que estas chicas tienen es único, irrepetible, incomparable. Por ejemplo Agustina Malale (Lu) es una madre adolescente que estaba en uno de los hogares en los que había trabajado, Fue un trabajo enorme pero yo quería contar un mundo y ese mundo era coral por eso el casting era uno de los desafíos más importantes al que había que darle más atención.

¿Por qué elegiste no incluir hombres, excepto los niños, en la historia?
Los hombres no están en la película porque no están en la realidad que se cuenta. No hay hombres en ese universo. Es muy difícil que un adolescente se haga cargo de la paternidad, en la mayoría de los casos se van, por lo cual hubiera sido muy forzado incluir a hombres. Están los niño como el hijo de Fátima, Michael, un personaje que tiene un papel importante para tranquilizar a la madre preocupada de que no puede garantizarle una "familia modelo". A su pequeña manera, es capaz de tener una nueva apariencia y sin prejuicio. Pero por otro lado los hombres están en el off, en el afuera, y en Cristo, que está en todo el hogar. Esta pregunta, que me vienen haciendo muy seguido, me parece que nos tiene que hacer reflexionar sobre nuestra sociedad, sobre el cine que tuvimos hasta ahora. El cine es un arte joven pero tiene sus años y empezó en una sociedad muy masculina donde por muchos años solo hubo directores hombres, y yo no nunca, pero nunca, escuché o leí esta pregunta al revés, y la verdad es que vimos una cantidad enorme de películas sin mujeres, donde evidenemente no entraban las mujeres, pero nadie lo notaba, todos notan la ausencia de hombres pero no la de mujeres. Creo que eso tiene que hacernos reflexionar porque el cine también sirve para hacernos pensar sobre estas cosas.

El hogar como espacio tiene un rol preponderante dentro de la película, ¿cómo lo eligieron y que sentías que tenía que tener para ser convincente dentro de la historia?
El hogar era muy importante y es un personaje de por si porque el hogar es el que contiene a las protagonistas y genera dinámicas entre ellas. Fue un trabajo muy largo y difícil de encontrar porque había muchos lugares hermosos que veíamos pero estaban llenos. Este tenía una parte en desuso por lo cual pudimos filmar. Me gustaba mucho este porque con las geometrías que tiene, que subrayé con la fotografía, me permitía contar el encierro también, es un lugar de protección pero también de encierro. Me gustaba su austeridad y su elegancia también. La dignidad que tiene y que fuera un lugar como un paréntesis, un aquí y ahora, cuyas puertas están un poco cerradas al mundo.

La película pone en crisis el núcleo familiar dentro de un ámbito religioso, ¿cómo trabajaste esa dicotomía?
Estamos hablando de un mundo que tiene una paradoja gigante en su interior, esta convivencia entre estas madres precoces y mujeres que no pueden ser madres por las reglas de su institución. Esto obviamente crea unos quiebres, unos momentos difíciles, una falta de comunicación, a veces de entenderse recíprocamente. Noto que hay una tensión pero también un esfuerzo entre estos dos mundos para entenderse, para achicar un poquito las distancias. A veces eso sale, a veces no sale, a veces gana una humanidad, a veces las diferencias son demasiado grandes pero está la tensión, el intento por lo menos, y eso a mí me conmueve. A veces para las monjas es muy difícil entender a estas chicas y lo mismo para estas chicas es difícil aceptar las reglas de estas monjas. Son dos mundos que intentan comunicarse y se convierte en un desafío muy grande. Está el personaje de la monja anciana que está muy alejada de la realidad de las chicas y que en la clase de catequesis le habla a un grupo de niños sin padres de la familia modelo, algo que pedagógica y psicológicamente es nefasto, pero a la vez ella lo hace desde su ingenuidad, es lo único que ella conoce, es su fe, y ella lo hace con buenas intenciones, como si fuera la abuela de estos niños. Y a la vez a mí me conmueve como los niños a las situaciones difíciles intentan como de buscarle la vuelta, donde quizá no sean la familia modelo pero hay amor y cuidado, y para ellos eso es lo importante.

Comentarios