Rolando Gallego
23/11/2019 19:55

Luego de pasar por los Festivales de Karlovy Vary y Mar Del Plata, Felipe Ríos estrena en la Sala Leopoldo Lugones y otros cines su ópera prima El hombre del futuro (2019), protagonizada por José Soza y Antonia Giesen. El film, que narra la distancia entre un padre y su hija, fue coproducido con Argentina. “Es una suerte, para ser una primera película, aprender de la formación de audiencias, que me di cuenta en el 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, ver salas llenas, con gente mayor, de eso Chile tiene mucho que aprender”, dice en diálogo con EscribiendoCine.

El hombre del futuro

(2019)

¿Cómo fueron estos últimos días tras tu participación en el 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y ahora presentando la película en la Sala Leopoldo Lugones?
Para mí es espectacular, principalmente por coproducir con Argentina, en muchos sentidos. Fue un proceso muy largo, con La Unión de los Ríos, que comenzó con la escritura con Alejandro Fadel, luego conocer a los productores, los técnicos, María Alché, fue una etapa de aprendizaje, que me hizo ver, que a pesar de estar cerca, uno se da cuenta que cada país tiene una forma de hacer muy distinta.

Te rodeaste de los mejores…
Es una suerte, para ser una primera película, aprender de la formación de audiencias, que me di cuenta en el 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, ver salas llenas, con gente mayor, de eso Chile tiene mucho que aprender. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, la película de José Luis Torres Leiva, por ejemplo, a sala llena. Eso me hizo ver la importancia de la unión entre los países latinoamericanos, principalmente con los tiempos complicados que se viven, eliminando rivalidades, conflictos, muchas veces idiotas, deconstruyendo narrativas. Estrenar en el Festival y ahora en la Lugones, mítico espacio, es muy bueno. Creo que he tenido mucha suerte, por la disposición para compartir conocimientos, desde La Unión de los Ríos y en general.

¿Cómo surgió la idea de la película y cómo fue el estreno en Chile?
Está muy candente todo en Chile, estamos pensando la idea de refundarnos, que se piense reformular la Constitución, da cuenta de eso también. Hablamos de una falta de empatía que tenemos como pueblo y me parece que el modelo de producción cinematográfico y de arte en general responde a ese modelo, si bien hay medios para desarrollar, producir y postproducir, un cine muy diverso, con una imagen de país for export, donde importa más lo que pasa afuera que lo que pasa adentro, y con este aprendizaje me gustaría aportar para que eso cambie, está bien que los realizadores puedan hacer networking, filmar afuera, pero hay desinterés por mostrar las películas a nuestra población, donde hay un acceso complicado a la cultura, porque no hay voluntad que el pueblo se eduque y pueda desarrollar, me sorprende el desinterés estatal por mostrar la película a sus propios habitantes. El estreno fue antes del estallido, y me cuestiono siempre mucho cuál es la función del arte o del cine, porque creía que no debía tener un “deber”, para mí el arte no tenía que hacer nada, en contraposición a los años ochenta donde el arte contaba al mundo qué pasaba en el país, un deber político, que generó en las artes audiovisuales, con Ignacio Agüero, Patricio Guzmán, Carlos Flores, un sistema de producción muy útil, y por eso me estoy preocupando por ese deber social de mostrarle las películas a la gente y ver si las entienden o no.

Muchas veces se subestima al espectador, pero pensando esto ¿no te suma una presión más?
Estamos en tiempos, no sólo en Chile y Latinoamerica, de urgencia máxima, y creo que el cine, o el arte, como herramienta social, educativa, toma mucho más peso. Estamos en tiempo que la sobrepoblación de contenidos, discursos y libertades, genera eso, y hay que organizar, cuestionar, lo más urgente, hay gente muriéndose, políticos corruptos, y los medios son afín a esto. Me llamó mucho la atención la manipulación de los medios de comunicación, de los dueños del poder, como se instalan narrativamente, es terrible. Los americanos han manipulado nuestra historia para sus objetivos, y poner a prueba, como pasó en Chile, un modelo económico. Por eso pienso en el deber social y educativo.

¿Tu próximo proyecto irá por ahí?
Yo estoy vinculado a lo audiovisual, el año pasado presenté la serie Gabinete, un viaje por los últimos 40 años del arte contemporáneo chileno, sobre artistas, premios nacionales, puros cracks, sacaron el arte de las galerías a la calle, en su momento, que ahora es como común, pero en ese momento no. Mi aproximación a la ficción viene por ahí, la película fue una especie de casualidad, empecé escribiendo fascinado por la Patagonia, los viajes en camión, con una historia tan poco escrita y que todos desconocemos. La dificultad de expresar las emociones que tiene la gente de ese lugar me interesaba, y luego de un tiempo entendí que se conectaba con mi historia, que hago una especie de exorcismo o terapia de mi rollo con mi papá, me demoré mucho, pero fue muy lindo porque cuando se estrenó pude verla con él, y nos dimos un abrazo, frío como el de la película pero cerró algo, y sin quererlo se hizo cargo de rollos que traía desde la infancia. Me sorprende la capacidad del arte para sanar. Me ahorré mucho dinero en terapia.

¿Cómo sigue el año y el intercambio con Argentina?
Después de esta experiencia, de estar con la gente de La Unión de los Ríos, me dio ganas de hacer una nueva ficción, tengo ganas de hacer algo con la violencia y la guerra y curiosamente en mi país estalló algo.

¿Qué imaginás que encontrarás en Chile a tu regreso?
No sé, pero creo que la cultura responde a cierta elite, un círculo muy cerrado y endogámico, una tradición del arte, que no debe hacer nada, porque es el último espacio de libertad real, con un verosímil sin reglas, y a la vez tenemos una herramienta tan masiva y potente, que la gente puede utilizarla como eso.

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