Rolando Gallego
06/11/2019 10:49

En Una banda de chicas (2018), la realizadora Marilina A. Giménez desentraña el detrás y la escena de las bandas lideradas e integradas por mujeres. Película que muestra la lucha y la pasión, pero también la rebeldía y la manifestación política, de grupos femeninos que potencian la escena local, la propuesta sorprende por su frescura y rebeldía. La directora, otrora parte de ese universo, nos lleva a la profundidad de la creación artística, con originalidad, en un rockumental clave para entender este fenómeno en donde disidencias y emergentes configuran la cartografía del rock y pop realizado por mujeres. "Todo lo que haga va a estar asociado a la música", dice en diálogo con EscribiendoCine.

Una banda de chicas

(2018)

Siendo parte del fenómeno ¿fue difícil despegarte del objeto de observación, por decirlo de alguna manera, de la película?
Creo que fue sucediendo a medida que iba a haciendo la película. Me llamó la atención que en 2015 hice unas entrevistas, con cada una de ellas, de dos horas, más o menos, las paseaba por muchos lugares, y obtuve respuestas sobre cuestiones que yo viví, o sobre hacer música y ser mujer, muchas cosas me sorprendían en el sentido que a todas nos pasaban cosas similares.

Y no las habían hablado…
No, porque compartís cosas de fechas, pero no sos amiga, se tiran información sobre lugares o fechas, más de colega, no de amistades. Se empezó a generar esto de qué pasa cuando nos agrupamos, sabiendo que era algo complejo, donde surgía la sororidad, sin siquiera llamarlo de esa manera, y todas las que están en el documental se abrieron a participar, algo que no me está pasando con la película que estoy haciendo ahora.

¿Empezaste filmando recitales?
Empecé filmando a Yilet, quería conocer nuestra performance, si nos equivocábamos, cómo sonaba, para conocer qué pasaba con la mirada del otre, después empecé a filmar a las otras. Así empezó todo, le plantee a Marina esto, le dije compremos una cámara, me dijo que sí, la compramos, después era medio conflictivo utilizarla, cómo y cuándo y ver cómo seguíamos adelante con el proyecto. Me dí cuenta ahí que no todo podía pasar por mí y las cosas que tenía que acceder, y entendí que la película tenía que crecer, buscar productores, en el medio pasaron muchas cosas, me fui de Yilet, hice música para algunos audiovisuales, filmé algunos cortos, documentales de productos, quería realizar, no tanto música.

¿Vos estudiaste cine?
Estudié Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, Marina también, y por esa época, cuando terminamos la carrera, veníamos haciendo unas fiestas que se llamaban La Ruda Macho, y esas fiestas eran como el resultado final, yo no me pensaba sólo hacer cine, sino hacer algo más conceptual. Y tengo idea de hacer una película asociada a estas fiestas, pero vinculada a Cromañón, todo lo que haga va a estar asociado a la música. Me gusta hablar de sexualidad, género y música.

Terminás el proyecto y lo presentás ¿imaginaste todo lo que dispararía?
No, se fue todo a la mierda (risas). Siempre fui y soy muy ambiciosa, pero a veces me es difícil mensurar. Primero me tuve que convencer de hacerla, porque siempre hice cosas fluctuantes en relación a la música, terminaba proyectos, me acoplaba a otras cosas, pero siempre sabiendo que quería explorar lo audiovisual, y me tuve que autoconvencer que la iba hacer. Soy consciente que puedo, pero me cuesta concretar, y tal vez después meto quinta y hago todo. En 2011 me hicieron una nota en Pagina/12 y pedía ayuda, me contactaron algunos, pero la idea de ayuda iba hacia cómo encauzar todo. En un taller de cine documental que hice me dí cuenta qué tipo de cine documental podía hacer y ahí me dije que lo iba a hacer. Desde ahí no paré más, y todos los tiempos libres que tenía se los dedicaba a la película. En 2015 conocí a Florencia por un corto, le mostré algo y me dijo que contara con ella y la sumé en producción. La primera idea del documental fue sobre las Kumbia Queers, que eran las primeras que fueron a Europa a tocar, pero me dí cuenta después que era un fenómeno con varias participando, las grabé, quería que se escuchen y vean bien, soy sonidista y cuidé mucho eso. Porque si querés mostrar a las bandas y se escucha horrible no funciona. El proyecto fue creciendo, nunca pensé en todo lo que se iba a armar.

¿Cuándo aparecen la idea de los títulos por cada banda, algo tan simple que es más efectivo aún?
Me gusta mucho Gaspar Noé y el efecto que logra con la cosa gráfica, muy potente, quería tener cosas estilísticas sencillas pero efectivas y logradas. Me encantaba todo lo que decían en las entrevistas, y también los shows, que quería que que estén hasta temas enteros, entonces fue complejo manejar el ritmo, y la entrevista ya nos quedaba medio vieja, tenía cosas fuertes que decían y además las conocías, aspectos que no conoces del show, en donde además podes manipular. Luego resolvimos que quedaran poquitas cosas, el zócalo ya era lo de menos, y por más que te perdieras en algunos, te quedaban ideas.

No hay subrayados en el film, pero así y todo tiene todo lo que tiene que tener un film que muestra el universo de bandas de mujeres, ¿cómo llegaste a ese punto? Hablar y no hablar…
Yo no quería una película panfletaria, no quería Fernando "Pino" Solanas y La hora de los hornos, porque además para hacer eso tendrías que estar representando a un colectivo. Yo acá quería algunas cosas, tenía aspiraciones con la película, y de hecho, por ejemplo hay cosas que no cuento, y me preguntan por qué nos separamos en la banda, para mí está explicado en la película, porque las cosas que pasan, nos pasan a todas, a todas las bandas. Y en particular, a mí, el deseo se fue a otro lugar.

¿Hubo alguna situación complicada o difícil de rodar?
Ahora no me acuerdo, fueron muchos años, pero el cabezazo de Sasha fue algo inesperado. Yo hice mucho reality show, para Nat Geo, Expedición Robinson en República Dominicana, el cámara Pablo, también, y acá, aún teniendo mis equipos, no frené nada, fue algo inconsciente, y eso me sorprendió que sucediera. Después fue difícil pensar si lo ponía o no, rehicimos la escena, pero la dejé así. En Mar Del Plata y Rotterdam me preguntaron por eso, por si no contradecía todo eso, desatendiendo a la violencia sobre los cuerpos que se generan. Habíamos rodado una escena anterior, estaba mal filmada, y no quedó.

Momento de mostrarle al público, ¿te van a acompañar las bandas? ¿Sensaciones?
Está la idea, pero es complicado producirlo. Con respecto al estreno, ojalá nos acompañen, me gustaría que encuentre su público, sé que además va a circular por otros lados. Nunca imaginé que después de estrenarla en Mar Del Plata iba a seguir un año después promocionando. Quiero que encuentre su público, conectar con feministas de diversos lugares y generar promoción, porque también hay veces que hay películas a las que se les da más importancia más allá del tema.

¿Vas a seguir filmando?
Sí, en Mar Del Plata me preguntaban si iba a hacer Una Banda de Chicas 2, "no, quiero hacer otra cosa", porque por un tiempo no quiero seguir filmando chicas tocando, aunque lo hago, como cuando presenté la película y conocí a Ningunas, que además hicieron la dirección de arte de La cama, de Mónica Lairana, tocaban y las registré. También filmé las presentaciones en paralelo a Una banda de chicas, pero sin presión de nada. Sigo con mi trabajo de sonido y a además fui correalizadora de Pioneras, para Encuentro, con Muriel Santa Ana, y en la que compartimos la realización con Federico Randazzo y Rubén Szuchmacher. Con Federico había trabajado en la productora para Sufragistas.

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