Juan Pablo Pugliese
06/11/2019 01:03

Desde el título, la ópera prima de Joaquín Pedretti revela que el acercamiento a la figura del Gauchito Gil va más allá de lo biográfico. La película del director correntino contó con Jorge Román y Celso Franco en los roles protagónicos y la colaboración de los habitantes del nordeste, de donde es oriundo. En una charla con EscribiendoCine cuenta cómo fue el arduo proceso desde que comenzó a investigar sobre el mito popular hasta la llegada a las salas.

Un Gauchito Gil

(2019)

Antes de rodar te embarcaste en una investigación que duró cuatro años. ¿Cómo fue ese proceso?
Fue muy transformador. Yo venía de vivir diez años fuera de Corrientes y me metí al interior del interior. Ahí descubrí muchísimas cosas, pero sobre todo el Yverá; ese lugar y su gente me transformaron, o bien yo me fui transformando a medida que iba conociéndoles mejor. Hay una forma de ver la vida, de vivir muy diferente. Otros valores, otros tiempos. Eso obviamente afectó a la película y a mi vida, porque ahora con mi pareja estamos armando nuestro hogar ahí.

La película llega a las salas dos años después de que finalizara el rodaje. ¿Qué dificultades encontraste?
Muchísimas. En el NEA se habían hecho pocas películas con el INCAA, desde el NEA y con gente del NEA. Fue todo un desafío hacerla, en gran parte porque no conocíamos los tiempos del Instituto ni mucho menos los de la industria. Fue un proceso arduo de muchos años que nos costó muchísimas cosas en lo económico, lo emocional, lo grupal y lo personal y que no hubiese sido posible sin el apoyo del equipo que se puso la peli al hombro y de nuestras familias y parejas, que tanto nos bancaron.

Lejos de reducirnos, estas cosas no hacen más que fortalecernos. Son muchas las obras que se vienen gracias a estas contrariedades, y por suerte las hacemos cada vez con más consciencia de que no somos parte del programa centralista vertical que hoy día maneja el cine. Por más trabas que le pongan, el cine del NEA va a seguir creciendo, porque se hace con amor y con empuje colectivo.

En los roles protagónicos se lucen Jorge Román y Celso Franco. ¿Cómo llegaste a ellos?
Jorge fue el primer actor en el que pensamos con Milton Roses y Pablo Dadone cuando la peli tenía otro presupuesto y era de otra forma. Sucedió que era amigo de Axel Monsú y Guillermo Rovira, que ya eran parte del equipo, y se sumó de primeras, aunque nunca le convenció el papel de “Gauchito”. Luego, por esas y otras razones, la historia se transformó. Jorge tuvo la generosidad de adaptarse a un nuevo personaje, lo cual habla muy bien de él, porque es un actor completamente entregado a su oficio, al margen del dinero y del éxito, una entrega admirable. Y así entre reescritura y reescritura apareció ese “Héctor paraguayo”. Para nosotros era importante que lo interprete un actor que hable guaraní y que sea del campo. Celso Franco cumplía con todas esas necesidades, fue un chico que creció en el campo y descubrió el cine de adolescente con 7 cajas. Nosotros le pedíamos algo completamente diferente, y supo responder con pura intuición.

Chirola Fernández y Cristian Salguero se sumaron al final, y fue mágico. No tuvimos mucho tiempo para ensayar por varias razones, pero por suerte ellos son muy buenos actores y supieron resolver miles de cosas con su talento y su buena voluntad.

¿La gente del lugar vio la película? ¿Cuáles fueron sus impresiones?
Sí, algunas la vieron en el Festival de Cine Rural que se hace en Corrientes, y fue además la primera vez que se proyectó en Argentina. Ese es un festival muy hermoso donde el público es verdaderamente del campo, y la mayoría son estudiantes de las escuelas rurales, que quizá nunca vieron una película en pantalla grande. Nosotros esperábamos que se estrene en alguno de los festivales más grandes de acá, pero sin embargo tuvo que ser ahí, y fue genial porque pudo ir toda la gente de Caa Catí y de San Miguel que había participado en la peli. Yo estaba muy nervioso porque no sabía cómo se la iban a tomar, pero cuando terminó hubo aplausos y hasta sapucays. Pachón Arriola, que es uno de los personajes del estero que aparece bailando al final, me dio un abrazo medio lagrimeando y me dijo: "qué lindo, chamigo…parecía todo un sueño".

Fue lo mejor que me pudo decir. Pachón murió bailando en una fiesta poco tiempo después. Para mí fue un privilegio contar con la presencia de él, y de gente del estero de verdad que quedó inmortalizada en esa pantalla grande; es uno de los mejores recuerdos que tengo de una proyección.

¿Cuáles son tus expectativas de cara al estreno?
Trato de no tener muchas porque conozco un poco la situación de la distribución en las salas de Argentina. Lo que sí tenemos previsto es llevarla luego por los pueblos de Corrientes, Misiones y Paraguay. En cada proyección armamos un santuario del Gauchito donde le damos la posibilidad a la gente de que le escriba cosas y vamos a terminar esa “puebleada” en el santuario de Caa Catí donde filmamos. Ahí le voy a dejar los pedidos de la gente en su aniversario del año que viene. Con eso cumplo mi promesa. El año pasado les llevé una instalación en VHS y fue muy interesante la respuesta. A ver qué dicen de la peli.

¿Estás trabajando en otro proyecto?
Sí, ahora estoy desarrollando Una Sola Primavera, un nuevo largo que se inspira en la historia de mi abuela, y cuenta la huida de unas mujeres disidentes en plena Guerra Civil Paraguaya de 1947. También estoy editando un documental sobre las aguas del Yverá y desarrollando otros proyectos para y con estudiantes de las facus y talleres que doy en el NEA.

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