Rolando Gallego
05/11/2019 13:56

Cuando nos preguntamos cómo el cine argentino ha reflejado el neoliberalismo, en Cartero (2019), ópera prima de Emiliano Serra, tenemos una respuesta concreta a partir del relato de la vida de un joven (Tomás Raimondi) que comienza a trabajar en el Correo Argentino, en medio de la crisis que desembocó en exceso de privatizaciones y aumento del sector privado, como así también en la mecanización de procesos y el estallido de 2001. “Cuando nos preguntábamos con el guionista acerca de qué género abordábamos, decíamos que hacíamos un cine de crisis o drama social porque la coyuntura política marcaba las condiciones del conflicto”, indica el cineasta en diálogo con EscribiendoCine.

Cartero

(2019)

¿Cómo surge la idea de Cartero?
De joven trabajé como cartero en el Correo Central, mientras cursaba el CBC de Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires. Repartía en calle Viamonte y Tucumán del 0 al 1000, por eso la película tiene pinceladas autobiográficas, pero la idea de hacer algo con esa experiencia me llegó luego, cuando se me ocurrió contar una historia de los años noventa, atravesada por un cartero del microcentro porteño.

¿Qué relación tenías con ese mundo?
Tenía una relación similar a la de Hernán Sosa (Tomás Raimondi). Gracias a ese primer trabajo me acerqué mucho a la gente, me hice amigos y empecé a ver de cerca cómo se desarmaba el correo para convertirse en otra cosa, que no tenía mucho espacio para los viejos carteros y que los reemplazaba por trabajadores mucho más precarizados.

¿Cómo fue reconstruir la época y contarla sin que sea "el motivo" del relato?
Cuando, luego de trabajar versiones del guion, nos preguntábamos con el guionista acerca de qué género abordábamos, decíamos que hacíamos un cine de crisis o drama social porque la coyuntura política marcaba las condiciones del conflicto. Fue cuestión de prestarle atención a la construcción del contexto, desde la propuesta estética, narrativa y en su realización. El contexto es siempre un texto, entonces no depende apenas de una reconstrucción por medio de la ambientación, sino que constituye la dramaturgia del relato.

¿Cómo encontraste al protagonista?
Con Gabriel Rosas, director de actores, y el soldado en la película, hicimos un casting de seis actores que ya habíamos marcado. Así llegamos a Tomás, y de ese mismo casting salieron Ochoa que es Diego Vegezzi, el yuppie que es Alan Daicz, y Naranjo que es Iván Masliah. Para la composición del personaje de Tomás, trabajamos bastante antes del rodaje, con el guionista y el director de actores tuvimos muchas charlas para que tuviera la transformación que buscamos, personal como política en la película.

¿Cómo fue desarrollar el guion desentrañando la burocracia de los lugares de trabajo y sus arreglos?
Yo le contaba algunos recuerdos y todo el resto lo inventábamos con el guionista Santiago Hadida en función del desarrollo dramático que le queríamos dar al relato. Algunos personajes son en parte reales, otros puramente inventados.

¿Qué era para vos lo más importante para transmitir de la historia?
El paralelismo reinante entre los noventa y el presente, Las privatizaciones, el desarme social, la ciudad y como dentro de todo esto Hernán se hace su camino, entre varias cosas gracias al estudio.

¿En tiempos en donde la carta casi ni se usa, sentís que la película reivindica en un punto otro tipo de comunicación?
Es inevitable que la tecnología reemplace las formas en que nos vinculamos y en que circula la información. En el caso del servicio postal esto es evidente. Como dice Sánchez en la película, el correo transporta "desde la cosa más insignificante hasta documentos de interés nacional”. Eso significa que el cartero era un personaje habitual del paisaje urbano. Los vínculos de confianza y cotidianeidad que se establecían con él, hoy mutaron. Hay una pérdida de familiaridad y la casi desaparición de un oficio. Creo que el neoliberalismo nos conduce en muchos casos a estas condiciones de existencia a las que con esta película quiero criticar.

¿Cómo tomaste la decisión de sumar a Edda Bustamante?
Yo había trabajado de asistente de sonido en una película (Tesoro mío) hace mucho tiempo con ella, y al crear el personaje no dudamos con Gabriel Rosas en que ella sería la indicada.

¿Qué fue lo más difícil de rodar?
Puede ser los exteriores en el centro, ya que era necesario esquivar patentes, celulares, vidrieras, gente, cruzar calles, pero gracias a Manuel Rebella, camarógrafo y Director de Fotografía, pudimos retratar en las fachadas y galerías del presente el mismo microcentro gris que vemos hoy.

La película pasó por varios festivales, ¿cómo llegás al estreno?
Llegamos al estreno muy contentos por la resonancia que tiene el film por donde pasa. Pero además, sentimos que la película se estrena en un momento político que la revaloriza y resignifica la mirada de la experiencia política actual. Ahí siento que se mezcla algo documental con la ficción.

¿Estás con algún nuevo proyecto?
Sí, con Hadida tenemos un nuevo guion. Como Cartero, nos parece que se trata de una película urgente, que interpela al espectador frente al sistema.

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