Rolando Gallego
03/11/2019 12:28

Paula de Luque (El vestido, Juan y Eva) retorna al cine con La forma de las horas (2019) una película sobre el amor y el desamor, protagonizada por Julieta Dìaz y Jean Pierre Noher. Filmada de manera independiente, y con la convicción de saber que el proyecto sería una apuesta al trabajo colectivo, EscribiendoCine dialogó con la realizadora para conocer detalles del film que se filmó de manera independiente y autogestiva. “Aprendí después de varias películas que haces un camino”, dice.

La forma de las horas

(2019)

¿Cómo fue el encuentro con los pares para producir la película?
Son dos temas, por un lado hacer una película y por el otro cómo uno hace una película, y acá se unieron los dos, tal vez por estos días que estamos por estrenar la noticia es que la hicimos por fuera del INCAA, pero no es que no se pidió, como directora tengo otros dos proyectos parados en el INCAA, qué quiere decir, que son o inviables o sólo dice gracias o por culpa de, sin eufemismos, de un plan de Fomento que los vuelve inviables. Un día hablando con Rodolfo Pagliere, gran amigo, Director de Arte, me reúno con Julieta Dìaz y le dije si filmábamos una película, y me dijo que sí, sin siquiera ver el guion. Ya hicimos otros dos proyectos juntas y tenemos dos más. Y lo armamos, revisó su agenda, me dijo que tenía nueve días, y lo hicimos. Armamos El Club, donde hacemos cine por amor, yo hace tiempo que no filmaba, ya escupía espuma por la boca.

Pero seguiste asociada al cine desde otros lugares…
Claro, produciendo un Festival de cine, dirigiéndolo, armando la plataforma de cine, lo mío es el arte y la gestión cultural, pero tenía la necesidad de filmar. Hablé con Jean Pierre Noher, también, sumé a Paula Robles, amiga de toda la vida y se armó El Club, no es que la hicimos sin plata, sino que cada uno puso lo que podía. Recuerdo la primera reunión, llovía, llovía, encima filmar gratis, pensé que no iba a ir nadie y estuvieron todos presentes. De acuerdo a las posibilidades cada uno puso lo que pudo, hicimos una vaquita, los que no podían no importó, pusieron trabajo, tres actores, un equipo técnico pequeño, un asistente de dirección, y ya. La gente va a esperar que mi nueva película sea política, y no.

¿Fue difícil guiar a Julieta?
No sé bien qué contestarte, porque es parte de nuestro vínculo artístico, ella cree en mí, es como el amor, se da o no. En el set desde el primer día ella se pone en mis manos, nos entendemos, tiene mucho abrojo, se lanza, conmigo trabaja sin maquillaje, a cara lavada, y brilla. Es una experiencia enriquecedora, como que junté la selección nacional. Dirigirla a ella es contarle lo que contamos y ella después o le pone las palabras que uno escribe en soledad en el guion o con las de ellas, a ella le importa mucho mi palabra, y a mí la de ella. Y con Jean Pierre es la primera vez que me pasa de dirigir a una pareja, con un rol protagónico. Capitalizamos muy bien la experiencia, compartíamos anécdotas y grandes charlas, estuvimos muy conectados todos, aún en momentos duros de rodaje, recuerdo una noche en la que la escena no salía, no había modo, iba a parar y salió.

¿FCómo fue imaginar la película?
Cesar Custodio, es un gran montajista, ya trabajamos antes juntos, y suele decir que el montaje es una reescritura, acá totalmente, y si bien no era la película que rodamos, sí era la que yo me había imaginado. Esta película tuvo nueve meses de postproducción, imagen, sonido, color. Cuando sabía el tiempo que tenía para rodar, yo sabía qué quería rodar, esta pareja, recordando. Porque hay buena prensa del olvido, y para mí duele mucho, la película es una oda al recuerdo, aunque duela, el olvido de alguien que amaste duele, no sé qué es peor, que te olviden u olvidar, y no sabía si iba a poder hacerlo. A mí César me devolvió eso en el montaje, seguramente estaba en el material, pero él lo vio.

Aún en la separación los personajes se quieren…
No quería hacer una película de reproches, hay algo en el olvido, doloroso, pero que aunque duela si lo tenés estás todavía en casa, es algo identitario, como el recuerdo del primer amor, de la primera pareja, uno deposita mucho en eso y en el otro, en la película hay una oda a quien ha sido parte nuestra, yo soy resultado y construcción de los hombres que amé.

¿Cuál fue la escena más difícil de rodar?
La película fue muy divertida de rodar, hubo complicaciones por ejemplo en un plano muy abierto en la playa, que estaban desabrigados, hubo que cortar e ir a abrigarlos rápido, o vaciar la playa, porque aparecía gente y preguntaba qué estábamos filmando y decíamos un corto y no nos creían. O hubo un momento en el que la policía no nos dejó filmar en espacio público, entonces hicimos todo arriba del auto. Hay una escena de duplicación, que fue en un momento complicada porque nos mareábamos. La experiencia total fue hermosa.

Qué querés que pase con la película…
Queremos que se encuentre con el público, en el Malba, yo creo, sin adjetivar, que tiene cierta profundidad emocional, no busca efectos, no orienta al espectador hasta ningún lugar, aprendí después de varias películas que hacés un camino, encontrás tus temas, tengo dos en el INCAA, estoy escribiendo otra, y están ligadas en algún punto con La forma de las horas. Por ahí dicen que contás la misma historia en capítulos, y el amor es interesante, porque es un lugar en donde se juega el poder, te puede construir o deconstruir, hay algo de la intimidad que estuvo y va a estar siempre, sobre todo acá ellos que vuelven a ese amor y por eso ella entra en una dimensión y sensación de qué es el tiempo. Es un juego cinematográfico, porque cuando editás está la línea de tiempo, y la memoria hace eso, de mezclar, una cosa, la otra, y al final el espectador compone, “ármelo usted mismo”.

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