Juan Pablo Pugliese
24/09/2019 14:18

Luis Machín en ningún momento oculta que está en las antípodas del Sr. Schweinsteiger, el mentor del personaje encarnado por Daniel Hendler en Así habló el cambista (2019) que llega a las salas de nuestro país el próximo jueves. El actor reconoce que en la película de Federico Veiroj tuvo la oportunidad de meterse en la piel de un ser  detestable pero que construye una especie de código ético y moral propio para justificar su accionar. “Son personajes a los que no les escapo y, además, me gusta contarlo y darle carácter a ese tipo de comportamientos. No con el afán de comprenderlos, sino con el afán de mostrar la humanización del daño”, contó en una charla a EscribiendoCine.

Así habló el cambista

(2019)

¿Qué característica te atrajo de tu personaje?
La posibilidad de contar en principio una historia que me resultaba enormemente atractiva y que además ingresaba en un momento que es muy pertinente para reflexionar sobre algunos temas. Además poder contar la vida de estos seres que uno detesta ideológicamente y resultan tan lejanos pero encontrarles un costado humano con el que intentan justificar su daño. Son personas que como cualquiera aman, odian, tienen principios y reglas y hasta códigos. Se podría decir que Schweinsteiger tiene códigos que su yerno los rompe y se siente traicionado. Lo que el elije hacer nos genera enorme distancia pero son personajes a los que no les escapo y, además, me gusta contarlo y darle carácter a ese tipo de comportamientos. No con el afán de comprenderlos, sino con el afán de mostrar la humanización del daño. Lo importante es que se cuente esa historia donde este hombre y, sobre todo el personaje de Daniel, son sensibles y humanos.

Y mostrar que no todo es tan simple
Escaparse de la maqueta. El bueno con sentimientos puros y por otro lado, el malo. Nos vamos alejando para bien de narrar solamente en esas direcciones donde esa idea del bueno y el malo no siempre funciona.

Pero tu personaje puede llegar a generar una empatía que con el Daniel Hendler no sucede
Porque no vemos como llegó adonde esta. Lo vemos echando a un político de su oficina, porque el considera que la política no puede mezclarse en esto. El tipo mantiene su principios pero igualmente es detestable. Uno ve morir a Marlon Brando en El Padrino y te apenás. Por momentos uno se pone del lado del mal porque es inherente a nosotros. Hay que saber convivir.

¿Cuando te metes en la piel de este tipo de personajes te inspirás en alguien?
No. Federico fue muy claro en sus pedidos, en su forma de construcción. Además, se fue dando en los encuentros que tuvimos con Daniel para hablar sobre la escena de la cárcel donde el suegro lo va a visitar, una escena importante. Le lleva una partitura, un chocolate, hay algo de paternal en eso. El ha depositado mucha confianza en él. Hay algo que la película tiene y viene muy bien en este momento. Muestra lo que sucede cuando la desesperación te lleva a situaciones donde tenés que echar mano a estos usureros que la mayoría de las veces terminan siendo los bancos de renombre.

¿Qué diferencias encontrás a la hora de componer un personaje para la televisión, el teatro o el cine? ¿Preferís alguno sobre otro?
Cada lenguaje te impone una manera distinta de abordar al personaje. Me resulta atractivo conocer profundamente los distintos lenguajes. Hago teatro sobre todo porque es lo que más hice desde que empecé. No hay año que no haya repetido alguna obra o hecho alguna nueva. Hice mucho cine y televisión porque me resulta enormemente convocante la actuación en sus distintas manifestaciones y lenguajes. Hay momentos donde necesito una fuerte dosis de televisión y hago una tira diaria. Me gusta esa especie de vértigo, de cosa repentina e inmediatez. Hay algo de esa demanda que es como un shot de cocaína.

¿Ves las tiras o las películas en las que actuaste?
Vi todas las películas y de televisión algunas cosas que quiero corregir. La televisión da esa posibilidad de corregir el personaje en el medio de la tira. Tenés revancha, en el cine no. La única revancha posible en el cine es en la edición y las veces que he ido a las mesas de edición me pongo muy nervioso. Lo hice en tres oportunidades: en Felicidades, Un oso rojo y Dormir al sol, de Alejandro Chomski. En las dos primeras me puse muy nervioso y me fui pero en la última tuve mucha participación porque el director me hizo partícipe de la toma de decisiones. Me resultó grato pero a la vez inquietante así que no se sí lo volvería a hacer.

Teniendo en cuenta la irrupción de las plataformas de video on line, ¿creés que todavía hay un público fiel de televisión?
Creo que sí pero se va terminando. Mi madre era una telespectadora única, consumía mucha televisión. Esa forma de ver televisión se va terminando pero me gusta pensar que hay gente que todavía espera el horario para mirar la tira diaria.

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