Rolando Gallego
21/09/2019 12:28

En un año que la ha tenido como protagonista de producciones tan disímiles entre sí como Los Hipócritas (2019), La compañía (2019), y Margen de error (2019), Eva Bianco estrena Magalí (2019) de Juan Pablo Di Bitonto, película por la que ha ganado recientemente el premio a la mejor actuación protagónica femenina en el 5 Festival Internacional de Cine de las Alturas, en Jujuy. La camaleónica intérprete oriunda de Córdoba se afirma como referente del cine regional, proyectando su histrionismo hacia todo el mundo. "Yo filmo las películas, me llaman para presentarlas,  las veo y me devuelven algo de aquello que hicimos juntos al filmarla", afirma en diálogo con EscribiendoCine.

Magalí

(2019)

¿Cómo lograste transformarte en una mujer andina? ¿Qué tomaste de la cultura de la región?
El hecho de trabajar con no actores y con elementos culturales de la región, me obliga a mí como actriz a dejar de actuar y relacionarme con ellos, ese juego es lo que a mí me abrió y me integró a ellos. Yo me sumo, están ahí los paisajes, las casas, ellos, y ellos pertenecen a este lugar, y por eso me integré. Yo ya estuve en películas de este tipo, me siento muy bien y me siento beneficiada en los procesos de actuación, además de darme otro acceso al cine y como persona me da un enorme proceso de integración, no hice nada por la cultura, sí me fijé, pero al final siento que eso no es lo que definió mi trabajo.

¿Sos consciente del gran año que tenés cinematográficamente hablando?
No sé qué decirte, yo filmo las películas, me llaman para presentarlas, las veo y me devuelven algo de aquello que hicimos juntos al filmarla. No siento algo de “la carrera”, me gusta actuar y eso es lo que me atrapa, lo demás no me llama. Sé que está, porque las películas están, las padecí y me encantan, y siento una enorme satisfacción cuando me devuelven algo que yo no sabía.

¿Cómo fue el trabajo con Cristian Nieva, el actor oriundo de Jujuy que interpreta a tu hijo?
Fue un encuentro precioso, delicadísimo, ingresamos de a poquito, nos relacionamos desde un lugar distinto, nos divertimos mucho, y él me ingresó a mí en la situación de los personajes, madre ausente que se vehiculiza con sus orígenes, y eso también pasó en lo real, algo vital y real que estaba sucediendo y yo me dejé llevar por eso.

La película trabaja sobre ideas asociadas a la precariedad económica y crisis, ¿fue difícil pensarla?
Pero ahí está la clave, qué es la precariedad, qué son las personas necesitadas, qué es culturalmente la pobreza, quién hace la asistencia, quién está necesitado, necesitado de qué. La cultura sostiene en un micromundo que lo sostiene hasta la última consecuencia. En Buenos Aires les choca mucho lo del perro, y de eso se habla, del abandono, pero es una reflexión para todos nosotros. Cristian no necesita expresarse tanto, esa terquedad es propia, nosotros necesitamos otras cosas, yo desde el guion vi la estructura, yo tenía que ser devorada por ellos, pero eso estaba en el guion, muy sólido, se sabía de qué hablaba y las imágenes surgieron allí.

¿Cuál fue la escena que más te costó?
Las caminatas, eran muchas, largas, muy largas.

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