Matías E. González
11/09/2019 19:46

EscribiendoCine dialogó con Jorge Piwowarski, director de Todo por el ascenso (2019), su ópera prima. El film, atravesado por la pasión futbolera, cuenta la historia de Néstor, un hincha extremadamente supersticioso, que emprende un viaje a Mendoza con su amigo Rafa para ver el partido en el que su equipo se juega el ascenso. Sin embargo, aparece el tercer integrante del grupo, Fabián, considerado “un mufa”, quien decide incorporarse a la aventura. Para Néstor y Rafa el ascenso está en peligro y deben impedir que Fabián llegue a la cancha. “Hoy en día, si todos no tiran un poquito más de lo que corresponde, es muy difícil. Trabajé con gente a la que le gusta el cine, que ayudaba y proponía”, destacó el cineasta.

Todo por el ascenso

(2019)

Todo por el ascenso (2019), marca tu debut como director en la pantalla grande ¿Cómo nació este proyecto cinematográfico?
Si bien hace 20 años que estoy en la industria, arranqué haciendo producción y seguí con fotografía, sin embargo, siempre hice un poco de todo y aprendí de todas las áreas. Soy de una época donde la división del trabajo estaba muy impuesta, pero yo era uno de los loquitos que quería aprender de todo. A lo largo de los años, se gestó una generación que, a través de las universidades y los cursos, sabe de muchas cosas y abarca varias áreas. Fui uno de los primeros en hacer todo eso y, en un momento, dije '¡Es hora de hacer mi peli, tengo que dirigir!'. Esa decisión la tomé hace cuatro años, más o menos, y escribí un drama sobre la vida de un ex jugador de futbol que se convierte en representante. Me junté con un guionista, Federico Viescas, para darle forma, pero me decía que tenía armado un guion sobre una comedia con futbol, y me propuso terminarla, así que me sumé como coguionista de Todo por el ascenso. Desde la productora hicimos un gran esfuerzo para hacer esta road movie, todo a pulmón. Hicimos parada en Junín, con locaciones cercanas durante una semana, en Luján y, después, fuimos a Mendoza. Fueron cinco semanas de rodaje intensísimas.

Se trata de una película de carretera, en la que los personajes afrontan diferentes vicisitudes, con humor ¿Qué te motivó a hacer un film de este género?
Mi idea era hacer Un crack (2019) como primera película, un drama, con otros tiempos, que se rodó este año en el Conurbano y tiene otra puesta. Pero, al tener la opción de hacer Todo por el ascenso, fuimos por una comedia. Yo antes que director fui productor y creo que la mirada de productor es 'Si vamos a hacer esto, tiene que ser de esta forma'. Quería hacer una comedia para el público, para mis amigos, para mí, una de esas películas que querés ver, en la que te reís y te identificás. Por eso, los personajes tenían que ser verosímiles y orgánicos, para que al verlos uno dijera 'Esos tres son mis amigos'.

El arte y el deporte tienen varios puntos en común ¿cuál es tu opinión al respecto?
Para el trabajo en el cine siempre hago analogías con el futbol. En el grupo siempre digo 'Vos sos mi arquero, fíjate esto; vos sos delantero tenés que correr y meter goles'. También en situaciones, desde el tema de la comunicación, ya que, cada uno tiene que reconocer su puesto, y, también, colaborar con otras áreas sin descuidar lo suyo. Hoy en día, si todos no tiran un poquito más de lo que corresponde, es muy difícil. Trabajé con gente a la que le gusta el cine, que ayudaba y proponía.

Como el director técnico de esta película, ¿Cuál considerás que fue la jugada más complicada de llevar a cabo?
Cada etapa es una película. La jugada más complicada fue la postproducción, que llevó mucho tiempo. Me volqué a hacer un primer armado de la peli y buscaba hacerlo con un montajista, pero nos agarró diciembre y nadie quiso agarrar el filme hasta marzo, pero para ese mes teníamos que tenerlo terminado. Como director técnico me puse la película al hombro y con un asistente hicimos el montaje, que consistió en ver cómo armábamos todas estas jugadas que estaban buenísimas por separado.

Al estar vos mismo en el montaje, habrá sido más complicado distanciarte de la película para acotarla. ¿Cómo hiciste para, en cierto punto, “desenamorarte” de tu film y modificarlo, teniendo en cuenta tu otro rol?
Dicen que los directores no pueden ser los montajistas y tienen que tener a alguien con un hacha que les rompa el sueño (risas). Había muchos momentos interesantes dentro del auto, porque cuando terminábamos una escena, íbamos manejando por rutas con poco tránsito y, hasta llegar al destino, los actores seguían improvisando. Yo como director estaba enamorado de todo y me reía de todo. Pero después pensaba que no podía hacer una película de dos horas y media. Al hacer el montaje, estuve una semana sentado mirando el material con los brazos cruzados, diciendo 'Esto no lo voy a sacar, esto tampoco…'. Un día, me levanté en modo montajista, aparté a mi 'yo director' y empecé a cortar. Ese fue un gran desafío como director técnico. La producción y el rodaje fueron tan fluidos que, ahí, no encuentro grandes desafíos.

Ahora que está por terminar el “torneo” con el estreno de la película en la pantalla grande, ¿De qué jugada realizada te sentís orgulloso?
Cuando terminamos el guion y lo presentamos al Instituto, yo ya había hecho dos películas como director de fotografía y camarógrafo. En Diez menos (2018), dirigida por Roberto Salomone, había trabajado con Ariel Pérez de María, y lo tuve mucho tiempo cerca, hablábamos, lo veía actuar, así como también su predisposición. Entonces, en un corte le dije 'Vos vas a ser el actor principal de mi película', y le llevé el guion. Después, faltaban los otros dos personajes. Tengo varios amigos que iban a interpretar el personaje de Tomás Fonzi, pero por agenda se cayeron. Cuando estaba en Mendoza mirando locaciones, en la productora me propusieron a Fonzi para el papel, que justo estaba en la provincia y me parecía perfecto, quería que viniera a mi equipo. Nos habíamos cruzado en Cómplices del Silencio (2009), un film muy grande, pero no nos habíamos conocido realmente. Nos juntamos, le pase el guion y se dio este tema del equipo.

Respecto a las supersticiones ¿tenés alguna cábala a la hora de encarar un proyecto?
No, yo soy un descreído de esas cosas y, Ariel, también. Con Ariel somos futboleros, pero no fanáticos. Soy de Boca y lo único que me molesta es perder contra River. Todo lo contrario a Fernando Govergun, que es futbolero, fanático, cabulero. Los personajes de ambos eran todo lo contrario a ellos, entonces, le pedimos a Fer que nos enseñara por qué era tan cabulero. El vino a una charla con la camiseta de River puesta porque, al terminar la reunión, se iba al partido. Entonces, a Ariel le dije 'Ese es tu personaje'.

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