Rolando Gallego
08/09/2019 12:13

Tras Las hijas del fuego (2018) de Albertina Carri, y con varios proyectos por estrenar, Erica Rivas regresa a la pantalla grande con Bruja (2019), de Marcelo Paez Cubells, un proyecto que mezcla cine de género con problemáticas sociales como el tráfico de mujeres. “Si pensamos que el Estado va a avalar una mirada tan disruptiva como artista, estamos fritos, para mí ser disruptivos es lo que sirve”, dice en una charla con EscribiendoCine una de las actrices que en los últimos tiempos se ha convertido en referente del feminismo y la búsqueda de igualdad en la industria.

Bruja

(2019)

Te llega la propuesta de la película ¿cómo lo recibiste, qué sentías que ibas a aportar al proyecto?
Ya que primero y principal sea una mujer la protagonista, después que sea una bruja, ya me convoca, por lo menos me moviliza y querer leer de qué se trata. También el tono de actuación, porque no tengo ni idea del género, eso me atrajo muchísimo. Después leí el guion, con una estructura de película de héroes, muy del cine popular, y más allá de eso me convocó, que sea mujer, bruja y que la relación con el tema de la trata existe desde que tenemos consciencia de esto que nos está pasando como mujeres, la desaparición de mujeres, el meterlo en cuestiones mágicas, el pombero, eso está ligado, me parecía interesante, leí cosas, me reuní con una historiadora, que es investigadora de genealogía de brujas,  feminista,  que tiene una lectura muy interesante, más rica en vocabulario. Todo el combo me atrajo, además de vivir físicamente lo que tiene ese tono o género.

La intensidad de las escenas es enorme, la conexión entre madre e hija, más allá que se da la casualidad que tu hija (Miranda de la Serna) hace de tu hija, uno no ve siempre eso, Bruja es universo cerrado y particular, hay que entrar…
Es una fábula, en un no lugar, es así.

Además no es la clásica bruja, nórdica, o maléfica… ¿fue difícil preparar las escenas de trance?
Trabajé con Diana Szeinblum, trabajé también con ella en Matate Amor, pensando el cuerpo de una manera expresivo. Cuando llegó Bruja a mis manos fue lo primero que pensé, ver cómo rebota en el cuerpo, como se corporiza, como rebota en el mundo, y qué necesita Bruja y el personaje de mí, ver cómo meterme en ese mundo, no me interesaba que sea una bruja de las nórdicas, porque acá las hubo, Salomé, la historiadora, me habló de eso, y ella es una bomba, con un cuerpazo, historiadora, super intelectual y no la podés creer, brujas de este mundo que no tenemos idea porque fuimos colonizados, no hay material, me dijo algo de Tucumán con una quema, las machi, no hay bibliografías de estas médicas, parteras, aborteras, compañeras de ruta de un montón de comunidades.

Y que además se censuran esos “sextos sentidos”…
Claro, para mí tiene que ver con la empatía, que no se te haga cayo el dolor del otro, que empatices y puedas hacer algo con el dolor del otro, qué, es otra parte, pero en un momento en donde ves tantas cosas en los medios, terminás insensibilizando, es terrible. Además de esa insensibilidad, hay que recuperar ese “sexto sentido”, y hay algo de la genealogía, de una herencia que responde a lo que el mundo heterosexual blanco ha dicho que tiene que ser, lo demás es lo oscuro.

Selena hace cosas respondiendo a las agresiones del exterior…
Pero además pienso que brujas podemos ser todas, que no te alcanza la plata, querés lo mejor para tus hijos, quiere lo mejor.

Ella es honesta además…
Sí, está bueno eso, hemos peleado mucho con Marcelo para ver cómo era esta sensibilidad de ella.

Me llama la atención que él es super creyente y haya creado este universo…
Sí, en ese sentido es un hombre que está viendo la historia de una bruja, con esta forma de contar, narrar, encuadrar, con un binarismo, hombre heterosexual blanco católico que mira con su forma a esta mujer. No sabemos si la retrata de manera entera, es un recorte, y en ese recorte decide contar esta historia. Él me decía la vemos a través de los ojos de Selena, y yo le decía que no, que era a través de sus ojos, porque lo que vería una bruja sería impensado. Yo traté de sostener la honestidad y una generación, porque hay una lectura que hicimos, a ella la cría la abuela, la madre no está, yo soy de la generación de padres desaparecidos, y hay algo que conecta con eso, por cómo es la lucha de Selena, que es distinta a la de la abuela, que cree que hay que castigar al que hace daño. Incluso ella no castiga, no lo hace.

Recupera con angustia…
Es una mujer que avanza y al final no sé si está feliz de ser bruja, no es que se empodera y se lleva los oros y aplausos, hasta pierde un ojo, me gustaba hasta esa metáfora de “querés ser madre hasta tenes que perder un ojo”.

Año complicado de la industria, pero por suerte a vos te toca estrenar películas, e ir a festivales y filmaste recientemente una película…
Yo creo que lo que es interesante es que haya un ente que pueda apoyar económicamente todos los cines posibles, esa es mi creencia, pero también creo que hacer cine no es sólo un deseo estético, a veces es una necesidad y creo que eso hay que reforzarlo. Soy amiga de César González, que sólo tiene una película por INCAA, lo llamaron del Festival de Nueva York para que lleve su película y no tiene las posibilidades ni siquiera los subtítulos hechos. Me dí cuenta de una cuestión de deseo estético de la clase alta o media, quiero que el Estado apoye, porque hay una necesidad, pero cómo es que un artista se para, qué mirada aporta, desde dónde.

Algo similar ocurrió con Las hijas del fuego en donde Albertina Carri tuvo que aunar esfuerzos…
Como pensar el cine de otra manera, porque si pensamos que el Estado va a avalar una mirada tan disruptiva como artista, estamos fritos, para mí ser disruptivos es lo que sirve, sino habrá que armar grupos, como cuando fue lo de Las hijas del fuego, o viendo cómo ayudar a César González, que está editando, por ejemplo ahora, una película que ya editó, por su necesidad de hacer cine.

¿Qué reflexión hacés sobre el momento del cine en el país y la cultura?
Es un momento complicado, no sólo acá, si vamos a esperar que decidan es complicado, a menos que le metamos un caballo de troya, pero hay que meterse, te tenés que unir, para mí es raro, porque no tenemos apoyo de ningún lado, pero todo el mundo está mirando hacia el cine argentino.

¿Con qué te gustaría que la gente se conecte?
Con ese poder de la intuición, de la empatía, más empatía, con las mujeres que están sufriendo, con esto que nos está pasando que nos están matando, nos están asesinando. Eso es para mí lo mejor, conectarse con el “sexto sentido”, que a veces son muchas cosas, Bruja se conecta con algo negado, una sensibilidad especial que surge a partir del dolor, mujeres que han sufrido hace millones de años, y que tenemos que recuperarlas. El otro día hablaba con una madre que tenía que operar a su hijo y le iban a dar anestesia total, firmar papeles, hay que recuperar la intuición, la sensibilidad, hacer valer eso, preguntar, no legar todo el poder, eso.

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