Rolando Gallego
03/09/2019 11:01

El realizador paraguayo Hugo Giménez se pone al frente de Matar a un muerto (2019) coproducción con argentina protagonizada por Jorge Román, Ever Enciso y Aníbal Ortíz enmarcada en la dictadura de Alfredo Stroessner con un grupo de enterradores de desaparecidos. Giménez se sumerge en el universo de dos personas y cómo, a partir del ingreso de un tercero, la moral y lealtad al régimen se ponen en duda. "Es una historia mínima pero intensa", sostiene en una charla con EscribiendoCine.

Matar a un muerto

(2019)

¿Cómo imaginaste esta historia para repensar el pasado de la región y de una manera tan íntima?
La semilla y el proyecto se fue dando por capas, una cosa sumó a otra, algunas traslúcidas, otras homogéneas, y siempre, por el tipo de cine y hacia dónde me lleva el cine tiene que ver con el relato, originalmente eran desenterradores y luego lo corrí hacia la dictadura, para explorar lo cotidiano del horror, la banalidad del mal, ver cómo aflora el horror en lo cotidiano, para ellos la aparición es la anomalía en ese contexto y eso estuvo siempre desde el primero momento. Estuvo en los primeros bocetos del guion eso de salir a la periferia, ver cómo la historia de los desaparecidos se integraba.

¿Fuiste contemporáneo a la época?
No, soy del ’76, pero reconstruí a partir de una búsqueda y resabios. Todo se fue dando para que hablara de la dictadura, fue orgánico, ayudó la solidez del proyecto, y siendo algo tan mínimo, que exigía mucho. Me gustaba explorar en lo cotidiano, en el fútbol, el ’78, el operativo Cóndor, todo se fue dando. Quería ver cómo se abordó la dictadura en nuestro cine, que siempre exige mucha producción, pero acá la fuerza estaba en dosificar, y achicar el universo, en un sentido material, porque achicábamos y crecía todo, el bosque, ellos, el drama.

¿Cuál fue la escena más difícil de rodar?
El camino de la película en Paraguay, en un país donde no hay tradición, recién el año pasado surgió una Ley, pero aún no hay fondos, eso fue complicado, nuestra región está signada por hacer o no. En el rodaje la pasamos muy bien, todo el equipo técnico y artístico quería hace la película, y eso es algo invalorable, le aportaban un plus, la pasamos muy bien, aún a pesar de tener una locación, exteriores, todo en contra, Mayo, se venía el frío iba a llover, vivíamos lo que vivían los personajes.

¿Ese desafío te gustaba?
Sí, yo vengo del documental, y hay algo del no controlar, que está bueno, no fue un rodaje angustioso desde ese lugar, siempre hay dificultades, pero creo que tenían que ver más con qué uno tiene en su cabeza sobre la película. Como director estoy muy contento del producto y siempre uno tiene escenas preferidas, como la del cuento.

¿Te quedó mucho material afuera?
No, se filmó el guion y narrativamente no quedó nada afuera. Las dificultades tenían que ver más con cuestiones de intensidad, o de clima justo, son ellos tres nada más, o cuatro, y había que ver cómo construir esa opresión, esa angustia, era una de las cosas más difíciles, los actores estaban muy metidos, se repitieron pocas escenas, eso ayudó mucho, estaban metidos en el personaje, todo se dio de manera muy orgánica. La escena de la tormenta a nivel técnico era complicada, porque queríamos hacer un travelling circular, pero no pudimos, los técnicos paraguayos congeniaron con todos muy bien. Hugo Colace hizo un gran trabajo, vino antes a ver cómo fotografiaba a los actores. El equipo fue increíble, los actores también, los fui despojando, y eso fue el fuerte de la película. Ellos encarnan la película, pero el equipo técnico hizo fluir todo el proyecto, de manera orgánica, nos tomamos nuestro tiempo para el guion, para que sea el que quisiéramos filmar, pasó por muchas versiones.

¿Por qué la gente tiene que verla?
Como creador, director, guionista, es una experiencia para mí, en relación al cine mismo, sumergirse en ese limbo donde están metidos, y el cine refuerza mucho eso, desde el sonido, la imagen, las actuaciones, es un llamado para que se puedan acercar, también del tema, que es universal, con el dilema moral de los personajes, es una historia mínima pero intensa, esa es la invitación a la película, de entrar al horror de nuestros pueblos, la dictadura, y su dimensión más frágil, acercándose desde otros personajes, huyendo desde el centro a la periferia, y eso ayuda para que conecten.

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