Victoria Duclós Sibuet
21/08/2019 10:29

La directora Inés de Oliveira Cézar estrena su nueva película Baldío (2019) que cuenta con el último trabajo de Mónica Galán en una historia historia universal, descripta como un juego de mamushkas, sobre el tránsito de una madre junto a su hijo adicto a la drogas y que se construye hacia adentro capa sobre capa. "Nos interesaba desde el comienzo que esta historia sea una ventana hacia otras historias en la que muchas personas podían sentirse convocadas. Es una historia que estalla hacia el universo", sostiene en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Baldío

(2019)
8.0

¿Cómo fue el punto de partida?
Fue un proceso muy fluido, desde la idea al guion y desde el guion a la filmación. Realmente nunca me había pasado escribir un guion y qué tan rápidamente estuviéramos todos coordinados y filmando. La idea surgió a partir de algo que se le había ocurrido a Mónica Galán. (Mónica siempre tenía más de una idea, y siempre estaban muy buenas) en este caso tenía muchas ganas de que esta idea se convirtiera en una película y me la comentó a mí y a Saula Benavente, la productora. A mí me interesó mucho la idea, sentía que tenía muchas cosas en común y a partir de ahí se escribió el guion junto con Saula Benavente. De alguna manera también sabíamos que Mónica tenía un tiempo y no sabíamos cuánto más o cuánto menos iba a estar con nosotros como para hacer la película. Así que pusimos todo a disposición para tratar de que el proceso fuera lo antes posible. Pero eso no implicó que la película se hiciera a las apuradas, el proceso fue muy orgánico, llevó el tiempo necesario para que se pudiera hacer como queríamos y bueno, de repente ya nos encontramos filmando Baldío.

¿Cómo fue tu mirada para hacer la película?, la noción de retrato, la biografía...
Era nuestra mirada, te soy muy franca. Yo era amiga de Mónica y teníamos mucha sincronía en algunas cosas, teníamos la posibilidad de comunicarnos sin demasiadas palabras. Algunas experiencias que habíamos atravesado nos generaban una empatía o conexión que nos permitían una forma de humor que los demás quizás no entendían pero que nosotras nunca dejamos de cultivar. Y entonces, en realidad si vamos a hablar de “retrato” es un retrato de las dos, claro, es mucho más el retrato de Mónica en el sentido de que hace de actriz y es actriz, con lo cual la construcción de personaje tuvo elementos de la realidad, y había algo del retrato de quién cada uno es. Lo mismo con Rafael Spregelburd. Además eso a Mónica y a mí nos divertía mucho, ese juego de mamushkas. Nos interesaba desde el comienzo que esta historia sea una ventana hacia otras historias en la que muchas personas podían sentirse convocadas. Es una historia que estalla hacia el universo.

¿Y la forma en la que se representó?
Además nos interesaba hacer un cambio en el paradigma en el que el cine suele abordar la marginalidad en la ficción. Nos interesaba contar lo que queda en la sombra que es la historia de quienes están cerca: la impotencia, las objeciones del sistema de salud, las objeciones de la sociedad que condena por default a los padres, como si uno fuera el dueño y creador de esa persona que trajo al mundo. La piedad no es algo que sea una moneda corriente, sobre todo en quienes no padecen en forma directa la enfermedad, porque el sufrimiento de ellos no se vuelve tan visible y nunca queda bien contada la pesadilla de la incertidumbre que es tener a un ser querido en una situación fuera de control en la que no sabés lo que puede pasar en cinco minutos o en unos días. El cine (en general) se centra en la primera persona de quien padece y no se focaliza tanto en el periplo de quien acompaña. Por eso nos interesaba, nos parecía bien hacer ese camino de descubrimiento. Cómo generar un relato que es más silencioso, cómo contar la impotencia, la incertidumbre. Para ella era un desafío y yo sentía que con Mónica lo podíamos hacer.

¿Cómo fue la construcción de lo particular y lo universal?
No sé si yo tenía ese grado de discernimiento sobre qué es lo particular y qué es lo universal. Me aparecieron imágenes en blanco y negro y supe que esta película no iba a poder ser en color. El color tenía el riesgo de devorarse el centro de lo que nosotras queríamos contar, el color podía aportar un golpe bajo también. Yo tuve un grado de cierta confianza en ese recurso. Por lo tanto no pensaba tanto en lo universal y lo particular porque era una sensación. Nunca dudé que había algo universal en esta particular historia, entonces casi que no fue un tema de análisis, sino de corazonada.

Se presentaron en el BAFICI.
Sí pero pedimos que se proyectara una sola vez, también pedimos que no fuera a la competencia porque realmente no estábamos listas. Mónica había muerto hacía muy poco y los ánimos no estaban para salir a tener cuatro proyecciones, todavía teníamos que procesar. Necesitábamos un tiempo y decidimos dárnoslo. Nos encantaba estar en el festival, es una alegría, pero en este caso necesitamos ese tiempo de “duelo” entonces la proyectamos una sola vez casi como homenaje y después nos empezamos a preparar más calmamente para el estreno con mucho cuidado la verdad, Mónica era una mujer muy querida, todavía había una sensación de cimbronazo.

¿Cuándo cierra su proceso una película?
Yo creo que las películas se terminan porque en algún momento tienen que terminar. El arte del director, para mí, está en saber en qué momento tiene que terminar la película y cómo tiene que hacerlo. Uno no siempre acierta en eso. Uno termina la película cuando puede, cuando no hay más para atrás ni para adelante. Después tiene vida propia y queda del lado del público, de cómo es recibida en ese momento; por alguna circunstancia la película puede ser vista con más o menos interés. Según lo que la sociedad esté necesitando como espejo también. Y todo eso excede al director porque entra en contacto con la realidad misma. Lo que sí creo es que hay películas que tienen una vida mucho más larga o que son inmortales y otras que aunque sean muy buenas tienen una vida más corta.

Quería preguntarte sobre las definiciones de la palabra “baldío”
Me encanta hacer eso, me divierto mucho y para mí es muy importante siempre ir al diccionario. Me gustan los diccionarios de sinónimos y antónimos, entonces siempre voy a consultarlos. Con esta película me apareció esta imagen de un baldío y fui a consultar qué es además de lo que yo siento.Y aparecía esto de “terreno abandonado” pero también refiere a “esfuerzo vano”, y me resultó interesante que ambas se relacionaban con esa sensación que yo tenía. Ese baldío podría llegar a ser un terreno florido algún día, pero ¿hay garantías? ¿cómo y cuanto es el trabajo?. Y me pareció que esta situación es un poco eso, abrirte y acompañar a tú ser querido pensando que ese jardín quizás alguna vez podrá estar repleto de flores.

Después de lo que sintieron en el BAFICI, hoy cómo se paran frente al estreno
Mónica vio un primer corte de la película en septiembre del 2018 y estaba muy contenta, quería mucho esta película. Logró que todos nos olvidáramos que ella estaba enferma, para ella era muy importante y esta fue la despedida que elegimos y que ella también eligió. Pasado aquel momento triste ahora siento que es un buen momento. Sé que ella estaría y está muy contenta.

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