Rolando Gallego
20/08/2019 11:25

La nueva película de la realizadora Natalia Smirnoff (El cerrajero, Rompecabezas) La afinadora de árboles (2019), propone un viaje de descubrimiento hacia el universo de Clara (Paola Barrientos), una artista especializada en literatura infantil que decide instalarse en las afueras de la ciudad con su familia para terminar un libro en el que viene trabajando hace tiempo. En ese volver se ponen en juego sus deseos, recuerdos y, principalmente, su matrimonio, al reencontrarse con su pasado, sus ganas de ayudar al prójimo y su transformación, marcada por la recuperación de espacios perdidos en su vida y exigiendo a su entorno la posibilidad de comprenderla en su nuevo estado. "Amo el proceso vital del cine, yo no soy la misma luego de filmar”, dice en una charla con EscribiendoCine.

La afinadora de árboles

(2019)

¿Cómo surge la historia de La afinadora de árboles?
Fue un proceso muy distinto a las otras producciones e incluso a la que estoy escribiendo ahora, pensamos con Erica Rivas algo para improvisar y filmar en 20 días, pensamos en Valeria Bertuccelli, después todo fue mutando, un poco tiene que ver con mi edad y con la reflexión de que un poco nos preparan en la vida para cumplir sueños, pero no para ver qué pasa después. La protagonista es una ilustradora de libros álbumes, que gana un premio importante y decide, para tener más tiempo, mudarse a Maschwitz, donde vivió de chica. Se encuentra con un ex novio carnicero, su hermano que es cura ahora, y tiene algo la historia que la hace empezar a entrar en crisis con el libro que está escribiendo, la van a editar afuera, en Bolonia, y cada vez empieza a estar más en crisis para escribir, entra en una Iglesia a enseñar a dibujar a los chicos, hace lío ahí.

Es un viaje y una experiencia…
Es como un poco taoista la historia, hay que perderse para encontrarse, entender cuándo tenemos sentido creativo real más allá de lo que esperan los demás de nosotros.

Hubo cambios en la historia y los protagonistas…
Siempre cuando suceden los cambios se reformulan cosas, del personaje por ejemplo, iba a estar [Érica y finalmente lo hace Paola Barrientos. Hace tiempo vengo trabajando en castings, y el mundo de la improvisación es una de las cosas que más me enriquece, algo del presenta para hacer algo vivo de eso. Las incorporaciones de los personajes tienen que ver con cómo hacer para que un personaje interpretado por un actor se vuelva más real y que aporte más él que yo.

La casa es un personaje más de La afinadora de árboles, ¿cómo la encontraste?
Para mí cuando uno vive fuera de la ciudad las casas son lugares donde uno pasa muchas horas y siente mucho allí, me mudé a Maschwitz hace ocho años, fue muy fuerte el proceso de descubrir las diferencias, siempre viví en Capital. Fue una parte muy importante del proceso, otro material, muy distinto a lo que se imagina, y era necesario que tenga esa unión de capas, de presente, pasado y futuro, vidrios, dibujos.

¿Cómo surgió la idea de incorporar animación en la película?
La película, para mí, y ya desde el guion, siempre fue una gran pregunta sobre la creación, lo concreto, lo que viene de afuera, lo que viene de adentro, y siempre me interesan algo como de los oficios en general, es algo que me persigue, o de los hábitos, como pasó en El cerrajero y Rompecabezas, me preguntaba mucho cómo reflejar la mente de esta persona creando, imaginando un libro, que es mezcla de imagen y texto, entonces la animación me pareció como un buen recurso para mostrar, y elegimos la técnica de stop motion, digital, pero a fotos varias, es como un recorrido que se fija. Investigué mucho con varios amigos que conocen de animación para ver qué técnica reflejaría mejor este proceso mental.

¿Cómo fue el trabajo con Barrientos a partir de las transformaciones que en su llegada al pueblo comienzan a atravesarla?
Había visto a Paola en un ejercicio cuando estudiaba puesta en escena con Augusto Fernándes y ella no era aún conocida. Era un ejercicio sobre una mancha en un vestido de novia y quedé fascinada. Después con el tiempo la vi en Estado de ira y de ahí la imaginé para el personaje, muchas veces la ví partiendo desde el enojo su evolución, y por eso acá no quise que fuera así, sino desde otro lugar de reencuentro del no saber, como desde la sorpresa, esa sensación de vacío que da el no reconocerte a vos mismo, como que estás en un huracán y no lo podés frenar, simplemente te dejás llevar, sin reconocerte como estabas cada día y encontras una parte nueva tuya, que se une en algún punto con algo que tuviste y no tenés más, era todo el tiempo trabajar con el recuerdo, y no reconocerse en el cotidiano y entrar en esa nueva dimensión, como algo infantil, de algo muy conocido, muy intenso, muy poco racional y más unido a una situación constante de presente. Clara no se está relacionando comúnmente con los personajes con los que se reencuentra, y justamente eso, y sentirse más cómoda que nunca es lo que hace el shock. Paola por suerte se crió en San Fernando, vivió en Capital, y volvió ahora por ahí, pero conoce la idea del suburbio y el agua, de hecho rema super bien, fue un milagro lo que hizo en el río, llevando la cámara y mucho más. En ese volver entendió cómo se ve, qué ve el otro y el cuestionamiento. Es volver a lo que eras vos mismo. Trabajamos mucho a partir de algo muy cuidado, una mujer cuidada estéticamente en su modo actual en el comienzo y que se le vayan perdiendo cosas, eso me pareció super interesante.

¿Qué tipo de trabajo realizaste con los chicos del merendero al que acude Clara, para reencontrarse, y cómo incorporaste su actuación al relato?
Fue muy importante, porque quería trabajar con los chicos de Dique Luján, que en realidad van a ese comedor, es una Iglesia que hace muchas cosas asociadas a la cultura, la descubrí seis meses antes de filmar, y empecé a ir porque quería hacerlo de verdad, bastante seguido, durante seis meses, es gente que no tiene una aproximación a la actuación, les produce mucha vergüenza y fue super rico lo que pasó, seguí yendo después de filmar, para seguir, pero en medio de la crisis se complica, porque es gente muy golpeada por la situación económica, fuimos después con Paola, muchas, muchas veces. En el proceso seleccioné a los tres que quedaron, fue un proceso de entrega mutua, fue una experiencia filmar allí, real, transformadora de verdad, de intercambio, de entrega, eso hermoso que tiene el cine que sucede algo y que transforma en sí conociendo algo más de la dimensión humana. Para mí fue muy rico.

¿Cómo se suelta un proyecto de largo aliento?
Hay ganas de mostrarlo, a diferencia de otras películas, yo ya tengo una segunda versión de otra película que se llama Roger Suelto que estoy trabajando con Pablo Solarz, y estoy muy metida ahí, entonces tengo ganas de estrenar esta, la película empieza a vivir cuando se estrena, el cine es para los espectadores, para contarle a otro. Estoy ansiosa y contenta.

¿El nuevo guion lo tenés pensado rodar en breve?
No, estoy con una versión y espero llegar a otras para filmar, no creo que sea el año que viene, sino el otro, es un momento complicado del cine, y hay que parar y pensar cómo hacer una película de acá en más, desde Rompecabezas las cosas han cambiado, desde que empecé a dirigir todo ha cambiado, podías estrenar una película en el mundo de una manera no tan compleja, hoy sería imposible.

¿Qué relación tenés con el streaming? ¿Avalas la división que existe entre cine y cine hecho para verse sólo online?
Para mí es cine. En mi vida diaria se me complica ir al cine y ver Happy as Lazzaro en Netflix me encanta. Si hubiera plataformas que yo podría pagar y ver Todas las películas seria hermoso. Hace poco descubrí El cerrajero en Youtube y leí que tiene 800 mil vistas. Hay algo de la masividad que con el cine no va a suceder y si me preguntas qué prefiero, que solo siga en cine y haya 10 personas o que sea masivo, prefiero lo más masivo. Yo no hago películas para muchísima gente, pero eso me interesa. Me pasó con El cerrajero que en el Gaumont a las 14 iban 400 personas y la bajaron, porque tenían que sumar otras películas. Es grave también la cantidad de películas que se producen por año. Me contaban que en Sundance recibieron 4500 películas, es inviable. No quiero saber lo que recibió Cannes.

No hay capacidad de recepción y visionado…
De ver, pienso, por ejemplo, soy de la Academia, quiero votar, pero no llegás a ver todo. Por eso quiero pensar bien cómo uno va a hacer, porque no se puede seguir haciendo sin un norte, de entender hacia dónde, cómo se va a hacer. No sé cuánto vamos a lograr con La afinadora de árboles con las cifras que veo que se están haciendo, están bravos. Y más desde la idea de la película hasta que la estrenás. Yo amo el proceso vital del cine, yo no soy la misma luego de filmarla, pude además hacer cosas en México, porque es coproducción, uno se transforma vitalmente. Al estrenarla hay algo que uno no puede hacer, y hay que empezar a reflexionar sobre esto del cine y plataformas, si en Youtube la ven 800 mil personas está bueno, hay que parar, ver, que decante.

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