Rolando Gallego
13/08/2019 11:20

La nueva película de Sebastián Borensztein (Kóblic, Un cuento chino), La Odisea de los Giles (2019), se inspira en el best seller de Eduardo Sacheri, La noche de la usina, para narrar la historia de un grupo de personas que ven cómo sus sueños son aplastados por la crisis económica. En medio de la desesperanza, la unión, terminará por dar un respiro a días de desesperación e incertidumbre. "Me conmueve y me mueve un contexto del que puedo hablar, y eso me atrapó de esta historia, no sucede en otro lugar, es muy argentina", sostiene en diálogo con EscribiendoCine.

La Odisea de los Giles

(2019)

¿Cómo fue el proceso de llegar a la película desde el libro?
Fue un proceso de desarrollo largo. Ni bien leí la novela ví la película y su tono. Las dos experiencias son distintas, leer es un ejercicio y mirar la película es otra cosa. Quise filmarla después de leerla, porque mientras la veía la leía, y eso fue que no fue todo desde cero. Sabía qué iba a contar, quería narrar estos personajes, pero tenía que encontrar el tono, porque no era fácil, es un heist, pero es un heist con aventura, que se reacomoda todo el tiempo, y cuando terminás de ver la película entendés el título, es una odisea. Nosotros dimos vuelta por completo la novela, porque en ella no sabés qué es lo que hacen los personajes, la literatura con su dulzura, te envuelve, como la serpiente encantadora y te llevás por la narrativa del autor y en un momento te encontrás desembocando en el clímax de la historia y entendés qué es lo que estuvieron haciendo. En la película quisimos mostrar y establecer el suspenso o incógnita de ver si estos tipos podían hacerlo y cómo hacerlo. Lo establecimos desde el heist, con el desarrollo de los personajes y cómo explotas la pretensión de habilidades que cada uno tiene para el plan.

¿Cuánto tiempo te llevó?
Diría que el proceso duró casi un año y medio. Yo leo la novela en abril de 2016 y la empezamos a filmar en octubre de 2018. Nos juntamos, pensamos, hablamos con Sacheri, comenzamos, fuimos y vinimos varias veces.

Uno se olvida del inicio del relato y conectas rápidamente con los “giles” y lo que hacen…
Yo creo que en el comienzo se deja bien claro quiénes son esos tipos que están ahí, y qué representan, hay una explicación clarísima sobre qué es un gil y hasta dónde aguantan. Es una promesa, en esos dos o tres minutos se establece el ADN de la historia, qué va a ser la narración y su promesa. Quisimos generar eso.

¿Cómo configuraron a los “giles”?
De una manera muy orgánica y a partir de novedades y acontecimientos que se fueron dando en el grupo. Leída la novela, Ricardo lee la novela, le digo que hay que hacer la película, se fue a España, me dijo que hablábamos cuando volviera, volvió y me dijo que “éramos padres”, había comprado los derechos, se sumó el Chino con la productora y Federico Posternak.

¿Cómo pensaste el cast?
Leyendo mucho, pensando, ver qué le pasaba a cada uno con la novela. De todas las películas fue en la que menos solo me sentí, porque un director con los guiones trabaja muy solo, pero acá nos reuníamos todas las semanas a trabajar y sumar ideas, después yo catalizaba todo.

¿Qué querías que esté presente de La noche de la usina en la propuesta?
De eso que nos enamoramos de la novela y que queríamos que esté presente en el cine, por eso hablamos de adaptación, porque hay ciertas cosas de la novela que no se pueden sostener cinematográficamente y se eliminan, y hay otras que se sumaron para completar aquello que faltaba. Para poder estar vigentes en la cinematografía es que también tenían que tomar ciertos giros. Muchas veces en la literatura podes contar cosas que en cine no se sostienen y tenés que acomodar para que los personajes se adapten a la narración de la película y muy en género.

En la película los personajes todo el tiempo avanzan y la narración avanza por acciones…
En la novela hay un narrador, que es quien escribe la novela y que se permite el cambio de punto de vista permanentemente. Elegimos un narrador, a Fermín Perlassi (Darín), puesto en primer plano para que el espectador sepa por dónde van, cambios cinematográficos para narrar. Por una cuestión hasta ética, si no es lo mismo y sumás cosas, es porque no se llama La noche de la usina. Y eso hasta te da la libertad de hacer cambios sustanciales. La novela y la historia son tan sólidas, narrada por Sacheri de una manera, que hasta permitiría otras adaptaciones. Hay historias que sólo tienen un camino posible, y otras, como ésta, varios, y nosotros elegimos uno de ellos, nos llevó mucho tiempo y estoy muy contento por el que elegimos.

¿Cómo fue reencontrarse con Darín en su rol de productor?
Ricardo siempre fue bastante productor. Y somos inofendibles. Nos decimos lo que queremos. Compartimos el humor, nos reímos mucho, de lo mismo, somos grandes compañeros de laburo y de llevarnos en general.

¿Qué energía manejabas en el set? Uno imagina que lo deben haber pasado bien…
Nos pasó de todo, imaginá nueve semanas de rodaje en el campo, ya la otra vez pasó también, que tuvimos hasta una inundación. Nosotros salimos a hacer una gira por el interior filmando, hemos llegado a ir con heladera con suero antiofídico, para que veas, pero la pasamos muy bien. En la novela estaba marcado que transcurría en un pequeño paraje, en un pequeño pueblo, nos miramos y dijimos “otra vez vamos al campo”. Esta es una película que tiene muchos personajes protagónicos, de peso, todos tienen rol definido y cumplen dentro de la narrativa diferentes funciones, unos aportan más humor, otros nostalgia, otros cierto pintoresquismo, y cuando vas a montar ahí entendés la complejidad de tener escenas con tantos actores en cámara, nueve actores, sabes que estás cubierto por todos lados, muchos actores, editás y ves mucho color, por eso cuando la volvés a ver ves todas esas otras capas.

¿Cómo seleccionaste la música?
(Risas) Fue una cosa que estuvo en el ADN de gestar la película y sabíamos con Ricardo que iba a tener mucha música más allá del score, fuimos por muchos lugares y terminamos con música Argentina, le probabas cosas de Led Zepellin, por ejemplo, y funcionaban. Igual nos permitimos usar blues, sureño, de Mississippi, cosas que eran sensoriales.

Es una película muy cinéfila, más allá de lo popular y volvés a trabajar con el estereotipo del “perdedor”, que está muy presente en tu vine…
Si te preguntás qué tiene que ver con lo anteriormente hecho conmigo, todas tienen un fuerte componente argentino. No fue consciente en las primeras veces, pero ahora sí, me conmueve y me mueve un contexto del que puedo hablar, y eso me atrapó de esta historia, no sucede en otro lugar, es muy argentina. Están nuestros paisajes.

¿Qué fue lo más difícil de rodar?
Todo el tercer acto, que empieza a llover y no paró.

¿Construir la bóveda fue complicado?
Todo lo que tiene que ver con el campo siempre es muy difícil. Hacer llover, iluminar, en grandes extensiones es complicadísimo. Los mosquitos, venís caminando y te hundís en un pozo.

¿Cómo cambió tu idea sobre los “giles”?
El concepto de gil, giles somos todos, excepto los tipos que manejan los piolines, y que se nutren de los giles.

PH: Rocío Aielo

Comentarios