Carolina G. Guerrero
10/07/2019 11:09

Viaje al cuarto de una madre (2018), de Celia Rico Clavellino, ganadora del Premio de la Juventud y de una mención del jurado de Nuevos Realizadores en el último Festival de San Sebastián, llega a los cines argentinos este jueves. "Pretendía que se planteara cuál es el verdadero acto de amor en las relaciones familiares y que de alguna manera sintiera que querer bien es muy difícil, el amor es complejo y querer libremente es difícil", afirma la directora y guionista en diálogo con Noticine.com.

Viaje al cuarto de una madre

(2018)
8.0

¿Cómo definirías Viaje al cuarto de una madre en pocas palabras...
Es una historia íntima y familiar sobre la relación de una madre y una hija que viven ese momento por el que todos pasamos que es cuando nos marchamos de casa, cuando volamos del nido. La película plantea cómo el vínculo de una madre y una hija cambia cuando se separan, cómo ambas tienen que rehacer la relación que tienen y cómo la madre tiene que aceptar que el nido queda vacío.

¿Tenías fe en recibir algún reconocimiento o fue una sorpresa?
Fue maravilloso. La verdad es que no pensaba en eso, sino en que el premio era estar en el festival, y con eso me daba por satisfecha. Las expectativas no estaban puestas ahí sino en ver como reaccionaba el publico y ese aplauso al final de la proyección fue el primer premio.

¿Qué te inspiró? ¿Tiene algo de autobiográfico la película?
La película no es autobiográfica. Los acontecimientos no tienen que ver con mi vida, pero sí el tema. La he escrito a partir de mis vivencias, sentimientos, dudas y miedos. En ese sentido sí me he abierto en canal y he puesto todo lo mío, pero no narra mi vida.

¿Que querías transmitirle al espectador?
Pretendía que se planteara cuál es el verdadero acto de amor en las relaciones familiares y que de alguna manera sintiera que querer bien es muy difícil, el amor es complejo y querer libremente es difícil. La película lanza una pregunta sobre cómo podemos querer al otro sin atarlo a nosotros. La manera en la que los hijos pueden desarrollarse como personas más allá del rol de hijo, la pregunta iba por ahí. Creo que devolver a los padres lo que nos han dado es difícil de conseguir.

¿Qué tiene de especial esa relación materno filial entre los personajes que interpretan Anna Castillo y Lola Dueñas?
Es una relación muy dependiente, están muy unidas. El lazo que las une es tan estrecho que las enmaraña. La ausencia del padre hace que las dos tengan miedo de dejar a la otra sola y a la vez tienen miedo de estar solas. Es una relación tan estrecha que la frontera entre querer y coartar se vuelve frágil. Sin embargo, esa relación a lo largo de la película se convierte en algo más sano y lo que en principio era dependencia luego se convierte en confianza.

Es una película muy intimista, casi claustrofóbica...
La película desde el guion estaba pensada para ser rodada solo en interiores, porque trata sobre la dificultad de una hija de salir de casa, para que eso se trasladara a la pantalla era necesario hacer un ejercicio de confinamiento. Es decir, que las dos estuvieran dentro de una casa que las protege donde están cómodas y hay calidez, pero también era necesario mostrar que esa protección si se convierte en sobreprotección las enjaularía. Había que trabajar la casa como un lugar de confort, pero también como una cárcel, por eso era importante acotar la historia a un interior.

¿Cómo fue la experiencia con ambas actrices?
Yo no he dejado de aprender con ellas. A veces me pregunto cuál ha sido mi papel en el rodaje teniendo a dos actrices como ellas las cuales van solas. Al principio tenía miedo y respeto de trabajar con ellas, pero me he dado cuenta de que me necesitaban, porque era el diapasón que marcaba el tono de la película. Ellas hicieron un ejercicio de confianza absoluta, eso hizo que la relación fuera cercana, nos cuidamos mucho. Conectamos de una forma tan profunda que trabajábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Ellas me hicieron sentir que estaban haciendo su primera película al igual que yo, es decir, que estábamos juntas en una primera aventura común.

¿Ambas fueron la primera elección?
Elegirlas fue muy fácil porque las adoro, me encantan y fue tan fácil como desear trabajar con ellas. Las envié el guion por separado, y más tarde me encontré con ellas individualmente. Fue más fácil de los que pensaba porque les gustó, conectaron con los personajes y tenían ganas, apostaban por trabajar con una directora novel. Luego se conocieron y tuvimos un encuentro las tres, hubo química y lo tuvimos claro. Sin ellas no era posible.

Tengo entendido que Lola Dueñas se fue un tiempo a vivir a su pueblo para familiarizarse con el personaje...
Sí, se instaló dos meses en mi pueblo, en una casa al lado de la mía. Cada mañana venía y pasaba tiempo con mi madre que es costurera, como el personaje de la película. Lola aprendió a coser con mi madre. Yo me asomaba para seguir la creación del personaje, eso me ayudó mucho a pensar la historia y a construirla. Fue un proceso familiar.

¿Trabajás en algún nuevo proyecto?
Estoy escribiendo, pero aún es muy pronto. Tengo ideas y anotaciones, pero, aunque tengo muchas ganas de seguir escribiendo, hasta que no termine la promoción de la película no me pondré en serio.

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