Juan Pablo Russo
08/07/2019 19:51

Luego de dirigir varios cortometrajes el salteño Alejandro Gallo Bermúdez (Los Dos Cines de Yody Jarsun) estrena Encandilan luces, Viaje Psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños (2018), un rockumental sobre la mítica banda de chamamé psicodélico de Curuzú Cuatiá que desde la limitación de la periferia logró un sonido de inusual autenticidad, además de ser venerados por fanáticos alrededor del planeta, que los aclaman como "El Pink Floyd de los Pobres". "El documental transmite ese mensaje, al igual que la música de Los Síquicos: hacé con lo que tengas a mano", sostiene el cineasta en diálogo con EscribiendoCine.

Encandilan luces, Viaje Psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños

(2018)

¿Qué te llevó a querer hacer una película sobre Los Síquicos Litoraleños?
La primera vez que Los Síquicos Litoraleños tocaron en Buenos Aires allá por 2005 (y fuera de Curuzú Cuatiá, su pueblo natal), yo estaba ahí. Fue una noche que marcó mi vida. Desde el interior profundo y rural, traían un nuevo sonido, de una autenticidad conmovedora. Creo que ahí me picó algún bicho contagioso del litoral que traían entre su equipaje. Volví a mi casa con la afiebrada certeza de que quería hacer algo con ellos, aunque no sabía muy bien qué. Durante mucho tiempo no supe más nada de ellos, cada tanto los googleaba sin suerte. Hasta que lograron comenzar a subir sus videos desde Curuzú; tomando el espacio público de improviso, tocando chamamé psicodélico disfrazados con túnicas y máscaras hechas con bidones de gasoil ante la mirada atónita de su pueblo. Esa fue la segunda afirmación que tenía que hacer algo con ellos.

El rodaje comenzó en 2009 y la película se estrena 10 años después, ¿cómo se fue dando ese proceso en el tiempo?
Aunque ya venía filmándolos en las pocas ocasiones que tocaban en Buenos Aires, el puntapié del documental fue justamente en 2009 cuando los invitan todo pago a hacer su primera gira, que resultó ser por Holanda y Bélgica. Desde un centro cultural de Rotterdam habían visto esos mismos videos y les habían impactado tanto como a mí. Fue ahí que dije: “Ah, bueno, no sólo me parecen geniales a mí”. Entonces vendí mi Renault 19, me compré una cámara HDV y un pasaje y los acompañé durante toda la gira. Al regresar, me di cuenta que no tenía una película aún. Y, paralelamente, las cosas de la vida, me separé, renuncié a mi trabajo y me volví a vivir a Salta, con lo cual ya no podía costear de forma independiente el documental. Si no buscaba financiación, los minidvs iban a morir en un viejo baúl. Me inscribí en el Concurso Federal de Proyectos de Largometrajes Raymundo Gleyzer, organizado por el INCAA, y lo gané; eso me permitió comenzar a sumar amigos al proyecto, y no hacer todo solo.

Así se sumó Juan Pablo Di Bitonto como productor, Hernán Luna como DF y Santiago Van Dam como co-guionista y eso enriqueció muchísimo el proyecto. Creo que todo este tiempo que pasó fue muy beneficioso para el documental, y también para ayudarme a controlar mi ansiedad. La película ganó en profundidad, en capas, comenzaron a suceder cosas impensadas, como que Los Síquicos inspiraron una escena musical de “psico-folk” en su región natal, de chicos que los veían en vivo en Curuzú o que los veían a través de sus videos y dijeron: “se puede hacer chamamé de otra forma”.

¿Cómo se hace para que un material filmado diez años atrás hoy sea compatible con una imagen tomada nueve años después tanto desde lo visual como desde lo narrativo?
Comencé a filmar con una cámara minidv ntsc, que ni siquiera era la norma correcta, pero era lo que tenía a mano en ese momento. Después fui mejorando un poco el equipo, pero siempre estaba un paso atrás de la tecnología, quizá como los propios Síquicos. Cuando llegué a la isla de edición, con Federico Casoni, el montajista, dijimos: “hagamos de esta variedad de formatos, una particularidad, y no una desventaja”. Entonces nos entregamos a una edición muy lúdica, que nos dimos cuenta que comulgaba perfectamente con el universo de la banda. Teníamos minidvs, cassettes de audio, archivos de teléfono, material HDV, HD, Súper 8 mm, 16 mm. Fede, que es un gran alquimista audiovisual, reguló perfectamente los ingredientes para terminar un peculiar collage, redondeando el viaje psicotrópico. El documental transmite ese mensaje, al igual que la música de Los Síquicos: hacé con lo que tengas a mano.

Encandilan luces, Viaje Psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños se corre de ciertos tópicos que rigen las biografías para trabajar la historia desde un costado humorístico ¿Desde un comienzo estaba esa idea o fue adquiriendo forma a medida que registraban situaciones un tanto bizarras?
A cualquiera que le comentaba que estaba haciendo un documental sobre una banda de chamamé psicodélico de Curuzú Cuatiá, ya le provocaba una sonrisa, con lo cual no había dudas desde un comienzo que esto era una comedia, mi género favorito.

Este es mi primer largometraje, pero vengo del cortometraje y casi todos mis cortos son comedias. Además, todo el universo detrás de Los Síquicos es bastante cómico, sus videos son un delirio, hacen disparatados programas de radio donde hablan de teorías conspirativas y avistajes ovnis. Su primer disco en vinilo es una coproducción entre el Líbano y Estados Unidos (algo que ni la ONU logró hacer). Curuzú Cuatiá también es muy particular, y cuando les comentaba a los vecinos que estaba haciendo un documental sobre la banda, a la mitad le parecía genial, la otra mitad no lo comprendía, con lo cual ya se generaba algo chistoso. El chamamé también tiene algo muy rico, creo yo, que no sé si lo tiene otro género de música popular: la desfachatez.

Podés tener a alguien bailando vestido de gaucho con botas y boina, y al lado tener a otra persona bailando con ojotas y traje de baño, y nadie te va a decir nada. La solemnidad es mi enemiga acérrima, esa contemplación por la contemplación misma que para mi no construye nada, sólo aburre.

Ellos son un poco misteriosos por ende, ¿cómo hiciste para contar un misterio sin revelarlo?
Es algo que comprendí en el camino, en el proceso, no era algo que tenía en claro desde un comienzo. Durante la primera gira por Europa, los filmé mucho, demasiado, pero algo no estaba bien con ese material: ellos no estaban cómodos al ser retratados en situaciones más cotidianas. Ellos son un enigma y bajarlos al plano terrenal hubiera sido un gran error, que afortunadamente descubrí a tiempo.

También, el género rockumental tiene un vicio que es el de intentar explicar demasiado las cosas; hacer biografías con miles de datos, poner muchísima música.

Por el contrario, quería que el espectador siguiera su viaje una vez terminada la película, que se cuestionara si lo que vio fue real o no, que los buscara en internet, que escuchara sus discos, sus programas de radio. Y si el Gauchito Gil quiere, que también los viera en vivo cuando toquen. Por eso es que revalorizo el proceso creativo, desconfío de aquellas personas que dicen tener todo claro. Porque, sin proceso, no hay aprendizaje, que más allá de una película, es lo importante.

¿Cómo se dio para que ellos accedieran a que su historia sea convertida en un documental?
Al comienzo, sólo filmaba sus presentaciones en vivo, y eso les gustaba ya que quedaban los registros para después compartir en Youtube. Cuando les planteé seriamente la posibilidad de hacer un documental, se mostraron muy receptivos, me abrieron su archivo audiovisual y sonoro para que cuente con él, proponían ideas.

Aún no tenía muy en claro qué quería hacer, ni cómo, con lo cual seguramente eso generó cierta incertidumbre entre nosotros, pero, al ponernos de acuerdo con algunas premisas básicas (no explicar demasiado, no hacer una película larga, no hacer nada solemne), las cosas fluyeron de una forma muy orgánica.

También respetaron mucho mi perseverancia, algo que valoro. En todos estos años, ellos se convirtieron en mis amigos, vivieron en mi casa, tanto en Buenos Aires, como en Salta, así como yo también viví en las suyas en Curuzú. Y compartí con ellos momentos de vida que nada tienen que ver con una película. Después del estreno de la película en competencia en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, les llegaron muchos mensajes de gente que los descubría, con lo cual eso fue muy gratificante. Confío en que la película les haga bien, que puedan vivir de su música y no tener que estar alambrando por monedas en el medio de Corrientes.

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