Juan Pablo Russo
23/06/2019 12:50

La joven directora portuguesa Cláudia Varejão estrena en exclusiva en la Sala Lugones (Corrientes 1530 - CABA) Ama-San (2016), documental que presenta el mundo de las misteriosas Amas de Japón, un mundo que parece suspendido entre el pasado y el futuro. "Durante décadas crecimos, todos, viendo películas donde las mujeres estaban ausentes y los hombres ocupaban los lugares centrales y de héroes, ¿verdad? Durante este período pocos fuimos los que nos preguntamos: ¿dónde están las mujeres? Sin embargo, cuando estamos, hoy en día, ante una película en la que los hombres ocupan papeles secundarios pensamos: ¿dónde están ellos? Ama-San es una película para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro", comenta en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Ama-San

(2016)

¿Qué te motivó a llevar al cine la historia de estas tres mujeres?
Yo estaba terminando un corto, Luz de la mañana (Luz da Manhã, 2011), cuando leo un libro de poemas de una artista portuguesa, Sonia Baptista. En uno de los poemas, Sonia hace referencia a las Amas y al final del libro encontré una pequeña nota explicativa sobre esas mujeres. En ese momento sentí mucha curiosidad porque no entendía bien si era una creación de la autora o personajes reales. Pasé la noche buscando. Me acuerdo de encantarme con las fotografías de los años 50 del etnólogo italiano Fosco Maraini, con las Amas muy jóvenes, desnudadas alrededor de "foguerias" o con cuchillos en el fondo del mar. Mis ojos nunca habían visto nada semejante. Decidí esa misma noche que iba a hacer una película sobre las Amas.

El buceo fue lo que captó de inicio mi atención. El coraje de enfrentar la profundidad y lo desconocido del mar. Como una metáfora para nuestras vidas. Las Amas tienen como herramienta el cuerpo, el aire que traen en los pulmones, la sabiduría y la intuición. Y lo más fuerte es que el cuerpo femenino es tendencialmente asociado a la fragilidad y incapacidad de cumplir trabajos físicas. Cuando yo fui por la primera vez al mar con las Amas me quedé aún más impresionada por el peligro de la profesión. Cada año mueren mujeres buceadoras en el fondo del mar porque quedan atrapadas en rocas o algas o porque el cuerpo no resiste. En la película no se siente ese límite. O tal vez lo sienta quién conoce el mar más de cerca. Pero Ama-San no se centra en el arte del buceo. No es un trabajo etnográfico. Es el retrato de mi encuentro con estas mujeres.

¿Cómo fue el proceso de rodaje para un documental de estas características?
Las Amas fueron muy maternales conmigo. Me recibieron con cariño y mucha curiosidad. La curiosidad, por cierto, funcionó mucho a favor de la película. Tanto ellas como yo éramos movidas por curiosidad unas sobre las otras. Ellas se preguntaban por qué habría yo atravesado el mundo para conocerlas ¿Por qué era tan alta? ¿Qué lengua era la mía? Y yo me preguntaba por todo lo que hacían, tan culturalmente distinto del lugar donde crecí y vivo. Fue como una pasión correspondida. El cine es como el amor, cuando ambas partes están disponibles para el encuentro, se da el viaje.

¿Qué tenías en claro que no querías mostrar de esta historia?
Para mí fue siempre muy claro que quería contar una historia con espacio para el misterio y para la interpretación de cada uno. No quería hacer una película etnográfica ni científica. Sé siempre mejor lo que quiero que lo que no quiero. Lo que no me estimula no se concreta en mi cabeza. No pierdo tiempo con ese lado. Yo quería acercarme a la vida cotidiana de estas mujeres. Quería conocerlas en la intimidad para comprender mejor de dónde venía la fuerza que las permitía sumergirse en lo desconocido. Quería promover un encuentro único entre nosotras y dejarme sorprender por los días, por la luz, por los sonidos, por la mirada que compartimos durante tres semanas. Este era el desafío - tan simple y tan complejo.

¿Por qué la utilización de la cámara estática en casi toda la película? ¿Qué sentías que le aportaba esa esteticidad a la historia?
Yo ocupo un lugar silencioso en mis películas. No es un lugar oculto. Es una posición serena y discreta que me permite observar lo que me rodea y que es muy importante en el cine documental. Las personas que se disponen a ser filmadas tienen que sentirse bien en su espacio y en sus vidas. Y para eso es necesario que yo sea lo más invisible posible. La elección de la cámara fija y de anchura baja (a semejanza de la propia vida nipona) es una opción pensada que me permitía observar sin invadir el espacio. Mis ojos son como los de un niño en cada espacio, curiosa y atenta para guardar todo.

Gran parte de la película apela al silencio casi total sobre todo en las escenas acuáticas, ¿Qué buscabas generar en el espectador con esa decisión?
El silencio es poco presente en nuestras vidas - y en el cine también. Pero en el fondo del mar las ondas sonoras se propagan de una forma muy distinta, transmitiendo la sensación de ausencia de sonido. Estamos más cerca de la respiración interna del planeta. Y traté de captarlo. En realidad, el sonido es recreado en post-producción porque es difícil captar la riqueza del sonido marítimo. Fue un trabajo muy desafiante. No nos engañemos: el cine es toda mentira. Pero lo que cada uno de nosotros siente ante cada imagen es toda la verdad.

Los hombres están casi ausentes en la historia, mostrándolos fuera de campo o foco, ¿tiene que ver con una relectura sobre el rol que ocupaban y ocupan las mujeres?
Se cuenta que hace muchos siglos atrás, en Japón, los hombres iban a pescar y las mujeres se quedaban con la familia. Para pasar el tiempo, las mujeres se reunían en la playa con los niños. Y mientras esperaban por los barcos de los maridos, se entretenían con los mariscos que estaban en las rocas junto a la rompiete. Los hombres, cuando regresaban del mar, se espantaban con la cantidad de pesca de las mujeres. No pasó mucho tiempo para que las invitaran a ir en sus barcos para experimentar pescar en alta mar. Para las mujeres, dado el lugar oprimido en que vivían, éste fue un gesto de enorme valoración y, por eso mismo, aceptaron. Así se inició el trabajo de las Amas que dura casi dos milenios. Todavía hoy el lugar del hombre es un lugar de poder. Es el hombre quien conduce los barcos y a quienes tienen que darle parte del dinero que hacen con la venta de los mariscos. El hombre todavía está en la cima de la pirámide, en Japón y en el mundo. Ahora, una esperanza: yo he visto un barco pequeñito con tres mujeres solas que salaen a pescar en alta mar… el mundo está cambiando.

Pero para responder directamente a la pregunta planteo otra: durante décadas crecimos, todos, viendo películas donde las mujeres estaban ausentes y los hombres ocupaban los lugares centrales y de héroes, ¿verdad? Durante este período pocos fuimos los que nos preguntamos: ¿dónde están las mujeres? Sin embargo, cuando estamos, hoy en día, ante una película en la que los hombres ocupan papeles secundarios pensamos: ¿dónde están ellos? Ama-San es una película para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro.

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