Matías E. González
20/06/2019 12:16

El actor Ignacio Rogers, debuta tras las cámaras con El diablo blanco (2019), película que cuenta la historia de un grupo de amigos treintañeros que sale de viaje en auto a través del país. Las vacaciones ideales se ven arruinadas cuando aparece asesinada la hija del administrador de las cabañas en las que se hospeda el grupo. Los amigos quedan atrapados en un pueblo hostil, bajo la poderosa influencia maligna de una antigua leyenda local. “El director tiene que saber exactamente lo que quiere, eso transmite seguridad y ordena a todo el equipo”, sostuvo el cineasta en diálogo con EscribiendoCine.

El diablo blanco

(2019)

La película fusiona elementos de suspenso y terror clásicos con una cautivante antigua leyenda local ¿cómo surgió la historia que se cuenta en el filme? ¿Cómo complementaste los elementos universales con los locales?
Mi idea fue trasladar aquellos elementos de las películas de terror que me estimulaban cuando era chico a un universo local y darles la verosimilitud que, de alguna manera, sentía que le faltaban a aquellas películas extranjeras, pero que uno acepta naturalmente como parte del código. Como una especie de traducción libre en la que también pudieran entrar elementos de otras películas que me interesan y, principalmente, darle la naturalidad que pueden tener muchas veces las actuaciones argentinas y, a su vez, aportarles una puesta en escena más despojada, menos ampulosa, y construir tensión desde ese lugar.

La leyenda viene a darle cuerpo al terror que recorre la película. Es un invento. Me interesaba tomar algo de esta masacre que fue la conquista del continente. Esta herida abierta sobre la que estamos parados. Una violencia enterrada, algo olvidada o ignorada, y hacerla surgir con mucha violencia en un ámbito cotidiano, o banal, como son las vacaciones de los protagonistas. Casualmente, después de inventar la historia ficticia de este conquistador cruel, que sacrifican en el ritual que da comienzo a la leyenda, pude encontrar la historia de un conquistador real, con muchas similitudes con el conquistador apócrifo.

El diablo blanco marca tu debut como director en la pantalla grande ¿cuáles fueron los principales retos que tuviste que afrontar?
Quizás el más desafiante fue el hacerle frente a los tiempos de la producción. Primero, armarme con la cantidad enorme de paciencia necesaria para transitar la etapa de conseguir la financiación para filmar, con todas sus idas y vueltas, retrasos y demases, y tratando de domar la ansiedad que, supongo, tienen la mayoría de los directores por filmar. Después, fue la lucha contra el tiempo de la preproducción y el rodaje, y lograr filmar aquello que me había imaginado, sin que se perdiera nada en el camino, en el tiempo que habíamos conseguido para el rodaje. Planear de tal manera que aquello pensado se pudiera realizar en el menor tiempo posible y la película siguiera siendo fiel a sí misma. Este último reto, por otro lado, fue mucho más divertido y estimulante.

Al venir del área de la actuación ya tenés diversos contactos previos con el séptimo arte ¿qué herramientas te aportó tu experiencia como actor a la hora de llevar adelante el nuevo rol de cineasta?
En algún punto, aunque quizás me equivoque, creo que me dio elementos para saber qué es lo que necesita un actor para estar cómodo. Y según mi experiencia, lo más necesario es que el actor sepa exactamente lo que tiene que hacer, que comprenda la escena y el personaje del modo más completo posible. Creo que un actor que sabe lo que tiene que hacer, seguramente lo haga bien. Otra de las cosas que creo haber aprendido también es que si el diálogo está bien escrito y el actor tiene aunque sea un mínimo de oficio, va a lograr interpretarlo bien. Y algo más, quizás lo más importante, es que el director tiene que saber exactamente lo que quiere, eso transmite seguridad y ordena a todo el equipo. Después, hace falta una capacidad de adaptación para los imprevistos y lo que se corra de lo imaginado, pero si hay un plan previo, una idea fuerte detrás, esa improvisación o adaptación va a resultar bien. Mucho del trabajo que hice en la película tuvo que ver con construir esa seguridad de lo que quería hacer.

La película está rodada en escenarios naturales de Tucumán ¿cuáles fueron las particularidades de rodar en las diferentes locaciones?
Yo había escrito el guion sin pensar en ningún lugar en particular, y al empezar a producir la película barajamos distintas regiones, en distintas provincias. Finalmente, hice un viaje de scouting a Tucumán y fue muy llamativo encontrarme rápidamente con las locaciones tal cual las había imaginado, incluso mejores. Trabajamos con parte del equipo técnico y artístico de Capital y otra parte de Tucumán. Otra cosa que me llamó la atención fue la cantidad y la calidad de profesionales del cine que hay allá, todo un mundo del que en Buenos Aires prácticamente no nos enteramos.

A partir del género en el que se enmarca la película, ¿tuviste alguna/s experiencia/s que te haya/n generado terror? ¿A qué le temés?
Tuve algunas, especialmente jugando al juego de la copa. La peor fue una vez en la que estábamos pidiendo una señal y se cortó la luz de la casa. No tuve muchas más, pero si suelo tener muchas pesadillas. Mis miedos son los clásicos, a la oscuridad, a los espíritus, a los asesinos de carne y hueso. Pero al enumerar todo esto me doy cuenta de es mucho más lo que me fascina que lo que lo temo.

El diablo blanco debutó en la Selección Oficial del [21] BAFICI ¿cómo viviste la experiencia del Festival y las primeras repercusiones? ¿Cuáles son tus expectativas para el próximo estreno comercial en salas?
El BAFICI fue un lugar excelente para estrenar, es un festival con el que tengo, si es posible algo así, una larga relación. También la primera película en la que actué se estrenó en el BAFICI, y desde entonces participé de alguna manera u otra en casi todas las ediciones. Las repercusiones fueron muy buenas, al menos en lo que a mí me tocó, pero pude percibir un entusiasmo del público con la película y mucha gente que admiro pudo verla, así que no tengo más que agradecimiento con el festival.

Mis expectativas respecto al estreno comercial son fluctuantes, hay días en los que pienso más en grande que otros pero, principalmente, espero que la película encuentre su público, sea este mayor o menor. De alguna manera creo que toda película hecha a conciencia, con sinceridad y con seriedad, tiene un público que puede entenderla y disfrutarla. Espero que El diablo blanco lo encuentre. O mejor dicho, que encuentre mucho más de ese público.

En cuanto a tu futuro en la industria cinematográfica ¿cómo continúa tu agenda como actor y director?
Hay una película, una comedia, que estoy tratando de hacer hace bastante tiempo, actúa Ezequiel Díaz, el protagonista de El diablo blanco, junto a Esteban Lamothe, Julieta Zylberberg y Maitina De Marco. Espero poder hacerla lo más pronto posible.

También estoy escribiendo otra película de género, en la que un hombre secuestra a unos niños en un barco. Supongo que aún le queda un largo camino porque es un guion complejo y bastante ambiciosa a nivel producción. A su vez, estoy escribiendo otras cosas, más pequeñas algunas y otras en desarrollo, pero son series.

Como actor surgió un proyecto muy interesante, del que todavía no puedo contar mucho, pero sería una película de no mucha duración basada en una novela de un autor chileno y dirigida por un director argentino al que admiro mucho.

Comentarios