Rolando Gallego
26/05/2019 14:20

La nueva realización de Santiago Loza (La Paz), la laureada en la Berlinale y el [21] BAFICI, Breve historia del planeta verde (2019) propone un viaje de tres amigos, Romina Escobar, Paula Grinszpan y Luis Soda, ante el encuentro de lo inesperado.  El cruce de géneros y el mensaje LGBTI transforman la clásica road movie (en este caso pedestre) en una película que brega por la igualdad y la diversidad. "Puede que hasta hace poco nuestro cine haya sido algo machista, eso está cambiando”, afirma en una charla con EscribiendoCine.

Breve historia del planeta verde

(2019)

¿Cómo surge película?
El proyecto tiene varios años, entre otros motivos, estaba el deseo de conjugar un tipo de cine que amaba en la infancia, ligado a lo pop, al puro entretenimiento, con otra manera de hacer el cine que fui haciendo. También trabajar sobre la amistad, el viaje, lo trans, el recuerdo, la identidad. Parecen demasiados elementos, pero todo eso anduvo rondando en mi cabeza por aquel entonces.

¿Tenías ganas de hacer una suerte de ciencia ficción local?
La película tiene algunos elementos de fantasía, no creo que sea ciencia ficción. Incluso juega con los estereotipos del género, para correrse. No sabría cómo hacer una película de género, tampoco me interesaba probarlo. La película es una evocación, un recuerdo, no sucede en un presente. Y los géneros están pasados por el filtro de la memoria.

¿Cuáles fueron tus influencias en el desarrollo del proyecto?
Las influencias son las que mencionaba antes. Desde E.T. El extraterrestre a las películas de niños y adolescentes teniendo aventuras. También otras películas de viaje que vi más tarde, ahora se me ocurren desde las primeras de Wim Wenders, a otras en donde los desplazamientos son más lentos y contemplativos. Me refiero a que la película tuvo múltiples influencias y no todas cinematográficas. Antes me olvidé de mencionar que hace varios años di un taller de escritura junto a Selva Almada a un grupo de trans presas en la cárcel de Ezeiza, tal vez ese fue otro acercamiento a ese mundo.

¿Cómo fue rodar en exteriores y en Tierra del Fuego?
Filmamos en Tolhuin, con apoyo de esa localidad, no recibimos ayuda de la provincia, lo cual, dificultó la producción. Trasladar todo un equipo a filmar en los bosques, era una complicación, pero también sumaba a ese clima irreal de la película. La historia sucede en un espacio imaginario. Y la idea de ir al fin del mundo fue de Constanza Saenz Palacios, la productora, que desde el principio estuvo involucrada de lleno en la propuesta.

¿Fue difícil el casting? ¿Cuándo escribiste la película alguno ya estaba convocado?
Escribí para los tres protagonistas, los conocía y como hice en otras películas tomé algunos elementos de sus personalidades o los distorsioné.

Tania es uno de los pocos personajes trans del cine argentino, ¿por qué creés que aún esto es así?
Tal vez sea todavía un tabú. Puede que hasta hace poco nuestro cine haya sido algo machista, eso está cambiando. No había un espacio real para cuerpos disidentes, eso está cambiando. Todo está cambiando.

¿Qué diferencias encontrarán los espectadores con tus propuestas anteriores?
Las últimas películas se volvieron, por decirlo de alguna manera, más abiertas. Tal vez Breve historia del planeta verde, tiene algo desconcertante pero al mismo tiempo algo de humor, y acción en términos más tradicionales, y también una belleza rara. Se me ocurre que por curiosidad o empatía puede atraer a distintos públicos. Se verá…

¿Qué encontrás en el cine que tal vez otros soportes o actividades, como la escritura, no tienen?
El cine avanza a donde la palabra no puede llegar. Lo que no puedo escribir, ahí aparece la imagen, la sonora, la visual. Me pasa eso con el cine, son ideas que no pueden ser escritas. O no necesitan ser escritas. En esta película sucedió algo gráfico sobre eso, el guion tenía un largo off, un narrador que contaba sus impresiones sobre la historia, de manera nada objetiva. Una semana antes del rodaje, decidimos que ese elemento no estaría, lo sacamos. Y algo, de inmediato, comenzó a fluir en torno a la idea de imagen que necesitaba la película. Lo que diseñaba Eduardo Crespo desde la imagen, él que estuvo también desde un principio, sintió que ese mundo comenzaba a respirar, liberado de ese elemento más literario. No reniego de eso, es otra zona de mi trabajo, pero es un equilibrio u otra forma de entrar a los materiales. En Breve historia del planeta verde hay diálogos poéticos, susurrados, pero también, espacios de silencio donde la imagen respira y dialoga con esos espacios.

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