Rolando Gallego
20/05/2019 15:28

El realizador salteño Rodrigo Moscoso (Modelo 73) vuelve al cine tras un largo paréntesis con Badur Hogar (2019), protagonizada por Javier Flores y Bárbara Lombardo, una historia de amor y desamor, mentiras y más mentiras, con personajes particulares. “Es una película salteña, porque generalmente las producciones desembarcan allá, acá todos, salvo Bárbara y algunos técnicos, son del lugar”, dice en una charla con EscribiendoCine.

Badur Hogar

(2018)

¿Por qué pasó tanto tiempo hasta que volviste a filmar?
Es la pregunta obligada, básicamente me pasaron muchas cosas en la vida, mi película anterior tuvo algunas complicaciones económicas, los negativos quedaron en Canadá, por eso el lanzamiento se hizo cinco años después con los dos negativos que existían acá. Fue bastante traumático el proceso en ese sentido y le sacó posibilidades a una película con pocas posibilidades, ya que no tenía actores conocidos, por ejemplo.

Pero cuando uno hace una genealogía del cine nacional siempre aparece tu película como un referente, por eso surge la consulta…
Sí, la economía del país, el tema que nunca pude recuperar los negativos, siguen allí, luego fui padre, muy joven, no había mucho trabajo y me surgió una posibilidad de hacer televisión, acepté y vengo pensando en este proyecto hace bastante, a un ritmo muy lento, pero continuado, y hace dos o tres años decidí hacerla. Hace diez que volví a Salta a vivir, y se dio todo para hacerla.

¿Cómo hiciste para que termináramos amando a este protagonista tan desagradable, manipulador, mentiroso y a la vez, entrañable?
Era uno de los objetivos de la película, era algo que quería hacer, en un punto creo que todos somos un poco mentirosos, miserables, desagradables, soñamos en ser otra cosa, y quería hacer una comedia y siempre pienso en antihéroes, explorar esa parte incorrecta de los personajes, que me parece que todos la tenemos y obviamente terminás amándolo porque te identificas con el personaje.

Juan (Flores) vive en un eterno “mientras tanto”…
Claro, esperando, la película toma tres semanas del verano con esta chica, en donde además su estilo de vida llega a un punto límite.

¿Cuántos Juan conociste en tu vida?
En Salta todos me dicen después de ver la película “soy yo”, quizás algunos tienen algo parecido y no estoy enterado, es algo que se da mucho en pueblos chicos. Con la película yo quería plantear que no necesariamente el que se fue triunfa, y que en la vida hay grises y no siempre se llega de la misma manera. La historia de amor, por ejemplo, nace de mentiras, sino no se hubiese dado nunca.

¿Por qué creés que no hay tantas comedias en el cine argentino?
Porque creo que en el cine argentino hay muchos géneros inexplorados todavía, somos una cinematografía joven, tal vez muchos crean que lo que digo es tonto, pero es así, tenemos muchos años haciendo películas, pero en cantidad somos jóvenes, creo que es momento de empezar a explorar la comedia y otros géneros de maneras más personales, con algo de autor, con algo de drama, hay mucho para hacer. No sé por qué no se dio, tal vez la demanda de ciertos festivales afuera.

¿Influye el INCAA? ¿Crees que favorece a otro tipo de cine?
Puede ser, me parece igual que está en directores, distribuidores, autores, que la comedia noi es un género digno, yo pienso que es un género interesante para explorar, y donde uno puede poner su visión más allá si es comedia, por ejemplo, en Estados Unidos esto lo tienen presente.

Badur Hogar pasó por el [21] BAFICI ¿cómo fue volver?
Fue otro Rodrigo el que volvió, allí acababa de ser padre, hoy es otra vida, fue el primer festival que me abrió las puertas y que le dio visibilidad a mi trabajo. Las salas estaban llenas, y tuvimos una proyección además en Parque Centenario, fue muy buena la experiencia, porque los festivales son espacios para generar e impulsar proyectos. Esperé muy ansioso la reacción del público.

Llega a los cines finalmente ¿cuál es tu sensación?
Aliviado, y más que es una película salteña, porque generalmente las producciones desembarcan allá, acá todos, salvo Bárbara y algunos técnicos, son del lugar. Eso me llena de orgullo y espero que pueda seguir trabajando así, y si no soy yo que sean otros.

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