Rolando Gallego
16/05/2019 11:04

La nueva película de Paula Markovitch (El Premio), Cuadros en la oscuridad (2017) es una experiencia cinematográfica que apela a la sensibilidad del espectador en un doble sentido, por un lado para seguir la narración del encuentro de un pintor (Alvin Astorga) y un niño (Maico Pradal), dos seres solitarios y desamparados, y por el otro el acercamiento al arte desde la obra del propio padre de la realizadora, Armando Markovitch. Entre ese doble juego Cuadros en la oscuridad deambula entre el drama social y la reflexión filosófica sobre el sentido del arte, y EscribiendoCine se reunión con Markovitch para conocer más detalles de la película.

Cuadros en la oscuridad

(2017)

¿Cómo surge la historia de Cuadros en la oscuridad?
La historia está inspirada en la vida y obra de mi padre que fue un artista que vivió “inxliado” durante la dictadura, escondido dentro del territorio nacional y me puse a reflexionar que cuando las personas tienen que esconderse también las obras, me puse entonces a pensar sobre el destino de las obras de arte y si sobreviven o pueden estar también pérdidas o desaparecidas, de eso, sobre mi juventud, sobre cómo mis padres en barrios marginales y ayudaban a los niños y verlos tan iluminados por la perspectiva artística me hizo imaginar este encuentro entre estos dos seres solos que ven en el arte un resquicio de esperanza

¿Cómo encontraste a los actores?
Alvin Astorga es un amigo y un actor de gran trayectoria, y quería trabajar con él, habíamos hecho radio, así que fue una alegría volver a trabajar juntos, en el caso de Maico Pradal hicimos un casting con Nara Carreira, entrenadora, hicimos una búsqueda, y pasó algo que tenía dos personajes, un ladrón de 20 años y un niño, pero cuando lo conocí, transformé el guion para trabajar con él, así que el trabajo y entrenamiento con él fue maravilloso y muy especial.

¿Cómo fue el trabajo para que la relación entre el niño y el mayor fluyera?
El trabajo fue muy especial, yo trabajo con improvisaciones, no sólo en las escenas, sino en el trazo escénicos, y en ese camino encuentro una frescura y creo que encontramos momentos verdaderos, combinado esto con el trabajo de los actores hace surgir un vínculo único, más allá de la dramaturgia, todo superó lo que había imaginado y cobró otra dimensión al momento de filmar.

¿Qué fue lo más difícil de rodar?
Cada cosa tiene un desafío diferente, pero hay una escena donde el pintor incendia su obra y fue un momento emotivo y terrible, y trabajo con la música, el compositor, Sergio Gurrola, la hizo antes y en ese momento cantó una soprano, así que fue como una emoción contradictoria, un momento sagrado pero a la vez terrible.

¿Alguna anécdota divertida?
Hubo muchas, pero al finalizarla los cuadros son reproducciones fotográficas de mi padre y al terminar las repartimos entre los habitantes del lugar en donde filmamos, Villa La Maternidad, en San Vicente, Córdoba, por lo que es muy emocionante para mí es verlas allí, una reproducción de una obra de mi padre que salió de la película.

La película habla de la soledad y el punto de encuentro de ellas ¿cómo crees que ayuda a visibilizar el film este tipo de situaciones?
El film tiene esperanza, es amargo y realista, hay esperanza siempre, uno está en la comunicación entre los seres humanos, de encontrarnos de la manera que sea posible, del arte, de la inteligencia, de la solidaridad, del amor, el encuentro es lo que nos da como especie la oportunidad de evolucionar e ir hacia algo más luminoso a pesar de la sordidez de la realidad en esta época de la historia.

¿Cuánto duró el rodaje y cuánto la edición?
El rodaje duró cuatro semanas, la edición casi un año pero porque no tuvimos recursos para la postproducción, hubo espera de recursos, duró ese tiempo, hubo tres editores, varias versiones, y en ellas se buscó no una trama, sino un paisaje dramático, como dramaturga me interesa hablar no tanto de lo que pasa sino de lo que está pasando, en ese sentido el rodaje se concentró en eso, en encontrar pasajes verdaderos y al terminar de rodarla el camino para encontrar eso fue arduo y muy intenso.

¿Con qué te gustaría que conecte la gente?
Por supuesto con la idea y la importancia del arte como una esperanza en el mundo, nos comunicamos a través de generaciones por el arte, creo que el personaje del niño se ve iluminado por el personaje del pintor y seguro ese descubrimiento lo acompañará para siempre. Mi madre pudo hacer eso con muchos alumnos que tuvo y que se dedicaron al arte a partir de ese encuentro. Ojalá el público se emocione y conecte con la esperanza de una luz que nos haga ser mejores de algún modo a pesar de la sordidez del presente.

¿Expectativas ante el estreno?
Espero que el film guste, que emocione a la gente, que pueda llegar a cumplir su cometido, comunicar una experiencia, que el público se pueda espejar en la obra, y también a partir del film estoy exponiendo las obras de mi padre, es algo muy valioso, para llegar a otras almas, porque considero que cuando el arte está escondido o invisibilizado no cumple con su función, en Italia y Francia ya pude hacer exposiciones de la obra de mi padre, Armando Markovich.

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