Juan Pablo Russo
08/05/2019 11:41

Escuela monte (2018), dirigido a cuatro manos por Mariano Raffo y Cecilia Cisneros, es un documental coral que sigue a varios personajes que decidieron alejarse de la ciudad y afincarse en el monte cordobés. Carmelo, un niño de 8 años, Rocío que cría a sus hijas con valentía, fuerza y esperanza, Rubén que dejó atrás un pasado duro, y Lula con un desarraigo complicado se entrecruzan y se ponen frente a la indefectible lección de la "Escuela Monte". "Teníamos la necesidad de impactar emocionalmente ya que creemos que eso afecta las individualidades, las subjetividades y en ese sentido hace parte de una batalla cultural", afirman en una charla con EscribiendoCine.

Escuela monte

(2018)

¿Qué los llevo a hacer una peli de estas características?
Mariano Raffo: Antes de plantearnos hacer una película, la primera aventura fue tomar la decisión de largar todo para ir a vivir al medio de la naturaleza. Una aventura que tuvo sus períodos de efervescencia, de enamoramiento, de enojo y reproche hacia la vida en la ciudad. Una decisión que era vista y juzgada de diferentes maneras entre amigos y familiares. Como veníamos de haber filmado otros documentales, muchos nos recomendaban, al menos en mi caso, ´poner la cámara´ mientras vivenciábamos todas las transformaciones que suponen dejar los rituales de urbanidad para adoptar los de la ruralidad. Vivencias que se alternaban entre inexorables sorpresas enfrentadas con nuestras inexperiencias.

La recomendación de filmar lo que vivíamos, por un tiempo, tuvo que ser postergada (aunque algunas cosas filmamos) forzados por la urgencia de resolver necesidades primarias: por ejemplo la de poder refugiarse entre cuatro paredes y un techo y lograr algún tipo de estabilidad laboral. Mientras pasaba ese tiempo el bichito de filmar se hacía cada vez más irritante. En el seno familiar filmábamos algunas escenas esporádicas tipo video home, en cambio Cecilia, que venía con otro plan, registraba parte de los numerosos procesos colectivos que se daban en el Valle de Traslasierra: mingas, compras comunitarias, talleres sobre bioconstrucción, biodinámica. Entonces nos conocimos, aunamos deseos y nos acompañamos en la necesidad de juntar fuerzas y encarar la colosal tarea de hacer una película. Ambos queríamos plasmar el movimiento que veíamos alrededor, toda esa cantidad de personas que, eyectados de las grandes ciudades, pretendíamos dejar atrás exagerados hábitos de consumos culturales y materiales, estresante aceleración hacia quien sabe dónde…y en la medida que constatábamos nuestras propias experiencias en este nuevo contexto, confirmar la intención de desmitificar esa primera idea disparadora y romántica sobre lo que podía ser vivir en medio de la naturaleza.

¿Cómo fueron encontrando a los personajes para que sus historias sean además de atractivas sean cinematográficas?
Mariano Raffo: Los personajes de la película son vecinos: Villa de las Rosas, San Javier, Achiras, Las Chacras, son poblaciones pequeñas donde todos nos conocemos. Así que no fue difícil encontrarlos. Lo complicado fue convencerlos para desnudar sus vidas frente a la cámara y por otro lado tener que dejar afuera a muchos. Un problema que surgió, en el primer armado del teaser fue que la elección de los interlocutores que decidimos llevaba la película a una lectura prejuiciosa, que coartaría la lectura. ¨ah, se van para allá porque tienen con qué ¨, ¨ son hippies con Osde¨ y la verdad es que hay de todo en el Valle de Traslasierra. De ahí nace el convencimiento de desarrollar los personajes de Rocío, madre soltera con dos nenas construyendo ella misma su casa y de Rubén, que viene de los monoblocks de la rotonda de San Justo, donde todas las noches escuchaba tiroteos en la vereda.

Filmamos mucho, unas 90 horas. Probamos, jugamos e intentamos usar el azar a nuestro provecho. Pero el montaje fue la etapa decisiva para convencernos de qué descartar y de reírnos un poco de las cosas tan feas que filmamos, por ejemplo actuar y ficcionar situaciones.

Cecilia Cisneros: Había una situación material concreta con la cualidad y la cantidad de material registrado por Mariano y familia de su migración a Traslasierra, con respecto al resto de los personajes, que comenzamos a filmar en el proceso de un año y medio aproximadamente. Otra vez, la instancia de montaje fue decisiva a la hora de ponderar de nuevo y establecer como eje de la película, la historia de Carmelo con sus gallinas. Había algo sumamente fresco y verdadero en cada gesto, en cada situación. Inclusive aquellas donde Carmelo relinchaba por la presencia de la cámara. En esas tímidas aunque sabias aseveraciones del niño, fuimos poco a poco encontrándonos con rasgos exacerbados o disminuidos de los personajes satélites que van apareciendo como subtramas de la película. También fue muy importante el aporte de un laboratorio de documental, MardocLab del Festival de Cine de Mar del Plata, que durante dos años tutoreó el proyecto, y fue enriqueciendo y mostrándonos el valor de mostrar nuestras propias historias como valiosas. Estaba el riesgo del autobombo que resonaba con frecuencia como el no camino a seguir. Y en ese sentido, la decisión estética y el monte como personaje nos terminaron de direccionar en el tratamiento de esta decisión narrativa.

¿De qué manera fueron trabajando la historia desde lo narrativo teniendo en cuenta que las características de las historias podían variar de manera imprevisible?
Mariano Raffo: Mientras filmábamos, me sentía tanteando en una habitación a oscuras, encontrando cachitos interesantes, pero no que no nos daban una idea de historia. Por momentos el miedo a no poder armar una película nos quemaba la cabeza y compulsivamente creíamos que necesitábamos filmar más y más. Aceptar las limitaciones de producción fue una gran contención, si bien el diseño de producción estaba muy alejado de lo que pretendíamos. La vía digital contempla 15 días de rodaje, mientras que con Ceci sabíamos que necesitábamos hacer un registro anual de las historias, pasando por las cuatro estaciones. Y en esos ´cachitos´ de cotidianidad que fuimos recolectando, algunos mas jugosos que otros, contemplábamos la posibilidad de variaciones imprevisibles. Es más, buscábamos encontrarnos, cámara mediante, con esos cambios imprevisibles, motivados por las palabras de Lennon: "La vida es aquello que nos pasa mientras estamos haciendo otras cosas".

Sin embargo lo narrativo lo encontramos hacia al final. Teníamos algunas pautas débiles que seguíamos a los tumbos durante el rodaje, pero los arcos dramáticos los terminamos de definir después del rodaje y fue fundamental para llegar a esta película el aporte de Jimena García Molt, la montajista. En ambos casos fue la primera vez que trabajamos con montajista y en lo personal me sentí aliviado y seguro trabajando con ella.

Cecilia Cisneros: En mi caso, como es mi primer largometraje, me dejé guiar absolutamente por la experiencia de Mariano que me inspiró mucha confianza desde el comienzo. Muchas veces me encontraba completamente sumergida en una vorágine de resultados no concretados, bastante relacionados con no disposiciones climáticas o territoriales, y una y otra vez Mariano extendía su mano mansa para apaciguar la ansiedad, y “dejar fluir” para poder ver más allá de las expectativas, escaletas y planes de los rodajes. Cabe destacar que al momento de recibir el subsidio del INCAA yo estaba en plena mudanza de regreso por tiempo indefinido a la ciudad. Eso hacía que los rodajes fueran mucho más cortos de lo que habíamos ideado inicialmente cuando yo también me encontraba viviendo en el monte. Cada rodaje implicaba un reacomodar la vida en la ciudad incluyendo trabajos y estudio, para poder estar afuera 10 o 15 días cada tres meses. De este modo nos fuimos adecuando, un poco a los tumbos, y otro poco disfrutando la aventura, de ir encontrando guiados por la manera de Mariano, ese “entre” que se iba dando en los días de rodaje que íbamos pudiendo concretar. La asistencia de producción en Córdoba por Lula Drault, también personaje en el documental, fue fundamental para sostener los imprevistos y poder integrarlos de manera orgánica al proceso de rodaje que estabamos dicidiendo llevar adelante.

¿Cómo fue el proceso de rodaje en medio del monte? ¿Con qué dificultades se encontraron?
Mariano Raffo: Dos cosas nos obligaron a trabajar con un equipo reducido: Las limitaciones de producción y la falta de técnicos en el lugar. Yo estoy acostumbrado, porque una frase recurrente entre los que vivimos allá es ¨hay esto¨. Vas a la ferretería a comprar un tornillo determinado y te contestan ¨hay este¨ - Pero yo busco éste otro!!! - Quiero pintura roja. -¨hay esta¨ (azul)…Así con muchas cosas. Entonces tratábamos de poner paños fríos y relajar y hacer con lo poco que teníamos, lo mejor que podíamos. Sacar el jugo a la cámara, sacar el jugo al sonido. Teníamos un paisaje que es un regalo, hermosa luz y silencios incomparables a los de la ciudad. Tan mal no estábamos.

Otro problema era la comunicación, falta de señal en los teléfonos, falta de carga en las baterías de los teléfonos de los protagonistas, pero hubo buena disposición así que las cosas se lograron igual.

Una vez teníamos pautada una jornada de rodaje en la casa de Rocío, que iría a hacer una minga (encuentro de amigos para trabajar en la construcción de su casa) Pero ese día se largó una lluvia torrencial, imposible comunicarse con nadie. Llegamos al lugar y grabamos ¨ la no-minga¨ dijimos. Si bien no pudimos registrar la minga ese día, muchas de las tomas de la tormenta de ese día las usamos en otras partes de la película.

En el viaje hacia las distintas casas siempre con Cecilia nos preguntábamos qué íbamos a buscar. Esto nos servía como motor, aunque el azar planteara otras situaciones, muchas veces más jugosas.

¿Desde lo cinematográfico que pautas se plantearon para no caer en el formato del clásico documental?
Mariano Raffo: Al encontrarnos, hablamos sobre el problema de respetar demasiado la realidad (no como espejo sino a partir de sensaciones y percepciones) Para esto fue clave estar un poco adentro y un poco afuera de las historias.

Por otro lado, no nos planteamos ´romper´ con lo clásico, sino que los modelos clásicos, de entrevista a cámara o voz en off no nos cerraban para nada en este proyecto. A mí me encantan los documentales clásicos bien hechos. En este proyecto no encuadraban porque quizás lo clásico se opone esta idea más general de una ´búsqueda´ de algo distinto y superado que nos planteamos los que nos fuimos para allá.

Hicimos muchas búsquedas, pruebas y errores, escenas que descartamos (y que jamás mostraremos, risas).

Escuela monte tiene una fuerte apuesta estética que no es común en el cine documental. ¿Por qué creen que muchas veces se prioriza el contenido por sobre la forma en este tipo de películas?
Mariano Raffo: El cine documental supone un compromiso con una visión de la realidad, una postura preconcebida del tema de que se trate. Eso lo charlamos mucho con Ceci. Hicimos puesta en escena, por momentos manipulamos la realidad y a conciencia nos propusimos hacerla bella, es decir, atractiva, y no estrictamente linda. En este sentido usamos la música como contrapunto tensionante.

Intentamos que forma y contenido vayan en equilibrio. A manera de panfleto o de denuncia. Teníamos la necesidad de impactar emocionalmente ya que creemos que eso afecta las individualidades, las subjetividades y en ese sentido hace parte de una batalla cultural. Ante el desborde de información y contenido en los medios. No quisimos decir demasiado, fue más un transmitir que tiene que ver con lo vivencial o sensorial. Planteando muchas más preguntas que certezas.

Cecilia Cisneros: Desde el primer momento algo que nos unió fue la necesidad de no mostrar verdades acerca del proceso que estábamos asomando retratar. Del mismo modo, muy rápidamente conectamos en plantear una experiencia sensorial acerca de nuestra vivencia en ese lugar tan enigmático y enorme que nos hizo de sostén en la decisión de abandonar todas las técnicas y habilidades que habíamos adquirido en la vida en la ciudad. En ese sentido, intercambiamos muy mágicamente una preferencia tanto cinematográfica como sonoro-musical muy afín. Circularon referencias como Agnès Varda, Ser y tener de Philibert y la escena inicial de Persona de Ingmar Bergman animó una especie de hazaña (no anclada específicamente en la película aunque si vivida como un estímulo profundo) de mostrar un lado menos informativo de este cambio de vida. Aquí nuevamente la referencia del sello Noseso Records fue muy importante y fue guiando la construcción de esa subtrama que sentimos que es el monte como personaje. Siento que hay una desproporción grande entre la cantidad de sensaciones vividas ante tamaño cambio en la vida, que en ese nuevo y en sentido contrario desborde, lo mejor era retratar desde lo poético o lo expresivo, más allá de la condición de verdad que puedan aportar los datos o estadísticas sobre hábitos y costumbres dejadas atrás, por ejemplo.

¿A qué tipo de espectador piensan llegar con esta propuesta?
Mariano Raffo: Pensamos mucho en el de la ciudad, el espectador urbano, que quiere largar todo e ir a vivir al medio de la naturaleza. Imaginamos al ser urbano con miedos como: ¿Y allá que haces? ¿Y vos de que vivís? ¿Y los consumos culturales? ¿Y no te aburrís? ¿Y la chatura?

Cecilia Cisneros: Creo que todo el tiempo estuvimos exorcizando una experiencia intensa que constituyó en ambos casos una bisagra en nuestras vidas. Por este motivo la más sincera dirección en relación al público era que la propuesta estética y las varias preguntas (más ligadas a un desarrollo intelectual sobre el proceso que estábamos viviendo y aún sin certeras respuestas) pudieran hacer eco en aquellos que estén viviendo una incomodidad semejante a la que nos motorizó al momento de dejar la ciudad para construir este engendro de vida armada de pedacitos de creencias y recetas pasadas un poco al modo de teléfono descompuesto, y otro poco a modo de salvavidas, de parte de esos otros que nos abrieron el camino al llegar, a nosotros. Una incomodidad que atesora por momentos el monte con su disonancia y su misteriosa atracción plasmada a través del trabajo sonoro súper importante que realizó Zelmar Garín con la compañía de Sergio Merce, ambos integrantes del sello de música experimental Noseso Records, muy reconocido en varias generaciones de seguidores del noise y la música experimental en Argentina.

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