Rolando Gallego
07/05/2019 11:26

Tras presentarla en el 71 Festival de Cannes y en el 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Alejandro Fadel (Los salvajes) estrena en los cines argentinos ¡Muere, Monstruo, Muere! (2018), una fábula que juega con géneros para hablar de los deseos, los miedos y de la soledad. EscribiendoCine dialogó con el cineasta para conocer más detalles de un film distinto, protagonizado por Esteban Bigliardi, Sofía Palomino, Víctor López y Tania Casciani, entre otros. “La gente sale intrigada de la película y se queda si tiene la posibilidad de charlarla”, dice.

¡Muere, Monstruo, Muere!

(2018)

¿Cómo fue imaginar la película siendo que dispara múltiples lecturas?
A mí en lo personal me gustan las películas que esconden otras películas, que suelen tener más de una capa de sentido pero eso no está impuesto de una manera completamente intelectual o de exigirle al espectador que venís a decirle a una verdad. En este caso que sea de terror o se relacione con el género era también un juego.

¿Siempre estuvo asociada al género?
Sí, yo sabía que quería filmar en Mendoza, en alta montaña, en invierno, son esas cosas que me empiezan a calentar para iniciar un proyecto y sabía que la película iba a tener un elemento fantástico. Recorro antes solo las locaciones, la empiezo a pensar.

¿Ya la tenías imaginada?
No, tenía una parte, iba escribiendo el guion, pero había una imagen que en ese recorrido apareció, que era la de la Laguna del Diamante, que está en San Carlos, a tres mil y pico de metros, con el volcán Maipo reflejado en la laguna, sabía que iba a contar una historia de amor y el vacío que se produce al desaparecer ese vínculo amoroso que la narración establecía y pensé contarla desde ahí, primero desde el triángulo y luego desde su reflejo, y la sombra, y ahí empezó a aparecer la idea de lo monstruoso. Por otro lado estaba también el vínculo que tiene la película con el lenguaje, me interesaba trabajar un elemento clásico del género que es un loco en un psiquiátrico pero la parte más realista, aunque su discurso sea de un delirante, eso puede transformarse en ficción, y eso en verdadero. Y ver también desde lo psiquiátrico, como se medica hoy a un psicótico para normalizarlo, para controlarlo, para domesticarlo, que también habla eso la película, de ciertas formas de control. Sobre aquello a lo que el lenguaje no puede acceder.

Pero también ¡Muere, Monstruo, Muere! trabaja sobre lo no dicho…
El fuera de campo es casi la pregunta central del terror, sino lo es la del cine, el terror condensa muchas preguntas sobre el cine, hasta dónde llega la imagen, qué recorte decidís hacer sobre la realidad, qué podes hacer sobre el sonido que suma más que si lo contás mediante imágenes, entonces para mí trabaja la película la idea del monstruo no desde la literatura o la ideología previa, sino cinematográficamente, todo lo que tiene la trama y que da origen a eso, a aquello que el lenguaje no puede acceder y que el personaje de David (Bigliardi) dice: "Existe el horror de las imágenes pero no es expresable", y luego suma, "es lo que la medicina llama cine". El cine puede acceder a esos lugares de misterio donde el lenguaje no.

Todos esperan a que llegue eso monstruoso…
Es lo que desean, como Cruz (López), y espero que el espectador también, y eso deseo que pase como con la palabra, primero el monstruo es un rumor, después se hace frase y después encarna.

¿Fue difícil imaginarlo?
Esa es la parte que me vincula más con mi cinefilia joven y la parte lúdica del cine, en este caso buscar los recursos económicos para plantear algo que no haya existido antes. Me puse límites, no quería trabajar con un monstruo digital sino a partir de la artesanía, de los disfraces, maquillajes, y tuve la suerte de trabajar con una empresa francesa que se llama Atelier 69 de Francia.

¿En cuántas cajas te mandaron al monstruo?
Como en siete cajas, pesaban casi 80 kilos las partes para conformar a la criatura. De a poco imaginamos al monstruo, quería que sea un monstruo anticapitalista, no quería que fuera rápido, que esté aquí y allá, sino que fuera algo que se pareciera más a una piedra, que estuvo allí durante años y evolucionó en esta forma sexual extraña. Es un monstruo gordo, con elementos de otros monstruos, con una sexualidad extrañada, perversa, no tiene super poderes, y era una humorada sobre ciertas incapacidades e imperfecciones de los otros monstruos de la película. Eso me gustaba, además de tenerlo en el set, filmarlo, con la misma puesta en escena de los otros actores.

¿Cómo encontraste al cast?
Víctor es más actor de teatro, tiene una vida riquísima, llena de historias lindas, escribí la película pensando en un personaje para Esteban Bigliardi, por su voz y una cadencia linda que tiene, era importante que el actor pueda guiar a través de los textos, que termine embrujando a Víctor, y en una propuesta que habla sobre el lenguaje que aparezca Víctor con su voz también era clave, su manera de hablar, la dificultad que te da para que el oído se acostumbre a su manera de hablar. Estoy muy contento con el trabajo de todos, que vienen de diferentes palos.

Las caras del casting son nuevas o “renovadas” que le dan cierto elemento de extrañamiento a la propuesta…
A mí me gusta que el actor no esté en un lugar de seguridad, no trabajo en psicología, pienso en detalles materiales de los personajes y en cómo combinar las propias cosas que el actor tiene como persona, al elegirlo confío en la intuición que uno tiene sobre el personaje pero también en algo que convive con él y que no le pertenece a ninguno de los dos, un lugar de belleza misteriosa, por eso cuando Jorge Prado aporta el humor, o cuando Víctor se plante, que quedes hipnotizado, cuando Tania desaparece y recordás luego su rostro, cuando Sofía le transmite a ese grupo cerrado de hombres una sensibilidad diferente, son fuerzas puestas en juego y un director apuesta por eso.

¿Qué pasa con ahora soltar la película?
Es paradójico, tengo muchas ganas de soltarla y a la vez me da mucho miedo, ha sido un proceso largo de producción, se mostró en muchos festivales, pero se demoró el estreno acá, un estreno difícil, rodeado de propuestas, con una cuota de pantalla pequeña por fuera de los circuitos, estamos esforzándonos para sumar las pequeñas voluntades, que fue el mismo proceso para conseguir la financiación, aquellos que sintieron una emoción verdadera y lo replicaron, ojalá eso pase con el espectador, para que eso sea también una experiencia para ellos. Es una película que hay que verla en el cine, por el trabajo de sonido y luz.

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