Rolando Gallego
24/04/2019 12:52

Tras El francesito. Un documental (im)posible sobre Enrique Pichón-Riviere (2016), el realizador Miguel Kohan vuelve a los cines con La experiencia judía, de Basavilbaso a Nueva Amsterdam (2019), un viaje hacia la memoria y las costumbres a partir de una profunda investigación acerca de la cultura judía y su capacidad de resistencia y reinventarse. Proyecto de largo aliento, el documentalista habló con EscribiendoCine sobre él y su participación “a medida que empecé a trabajar el montaje mi presencia surgía de manera orgánica, era como un actor social más”, afirma.

La experiencia judía, de Basavilbaso a Nueva Amsterdam

(2019)

Tus películas implican mucho tiempo de realización ¿qué pasa al soltarla?
Es una pregunta sobre el tiempo, como realizador tengo una extraña sensación, es el momento de estrenar y que la película toma su propio vuelo y parece que el tiempo no existiera, pero es algo que te interpela todo el tiempo, esta película me llevó 18 años. La corona española tardó 500 años en anular el edicto de expulsión de los judíos de la península ibérica, así que al lado de eso, todo es relativo.

¿Es la que más tiempo te llevó?
No, El francesito. Un documental (im)posible sobre Enrique Pichón-Riviere más, desde que la pensé hasta que la terminé más de 25 años. Pero acá hay un proceso que va más allá del tiempo, y creo que encarné esa idea.

¿Qué pasa cuando conviven los proyectos?
A veces se da una sinergia interesante, a mí no me amilana tener proyectos en paralelo, de hecho me genera algo de estimulación mutua.

¿Por qué decidiste ser parte del relato en tu rol de investigador?
Fue una decisión muy difícil mi presencia, me cuesta mucho estar, no me resulta fácil, pero a medida que empecé a trabajar el montaje mi presencia surgía de manera orgánica, era como un actor social más, lo pienso de esa manera, porque la imagen que tenía de mi familia de la infancia sintetizaba todo, entonces, ¿por qué obviarla?, sí no quería hacer algo familiar de esto.

¿Alguna vez lo pensaste?
No, siempre la película se impulsó por las ganas de reflejar esta gran historia, que se desprendió de leer el libro América colonial judía, de Mario Cohen, que sentí que era una película, allí lo uní, orgánicamente, con mis recuerdos.

De los recuerdos y la construcción social del gaucho judío, ¿cómo profundizaste en otros aspectos?
Había puntos en común con la capacidad “judía” de superar fronteras, lo ví en el gaucho judío y en el judío sefaradí que llega a Surinam, y en todos los involucrados, en este caso cómo los judíos pueden superar eso y empezar de nuevo. Mi película tiene que ver con un elemento histórico y atemporal y ver cómo se transmite la memoria a lo largo de los años, la memoria versus la historia, algo que está en las palabras, y acá en particular, que logra que en el nordeste de Brasil, por ejemplo, personas toman conciencia que tienen costumbres judías por su conexión con estos exiliados sefaradíes, algo de reparación histórica por la cantidad de muertos por la inquisición española. Me interesa cómo en el tiempo se transmiten valores y rituales, elementos de la cábala que trascendieron la historia contada por la palabra. Eso es lo que más me sorprendió.

La memoria te permitió pasar de lo individual a lo colectivo…
Claro, y se abren muchos interrogantes más allá del judaísmo, inmigraciones forzadas, por ejemplo.

¿Cómo fue la experiencia de estrenar en [21] BAFICI?
Fue una alegría enorme, porque no es un festival de gueto, es el BAFICI y una película con esta temática mostrarla en ese ámbito tan ecléctico es valioso y sano para el cine en general, ojalá haya más participantes así, me sorprendió la convocatoria y las inquietudes de la gente asociada a la inmigración, hay una necesidad de entender los hechos sociales no para el aquí y ahora sino para el futuro de la humanidad, las cosas ocurren de manera cíclica, el BAFICI fue interesante y ahora enfrentar el estreno.

¿Y eso?
Bien, llegamos al BAMA y al ArteMultiplex, salas que valoran el documental, ojalá se replique la experiencia del BAFICI y que la película tenga visibilidad, que se abran ventanas para el cine documental.

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