Rolando Gallego
28/03/2019 11:24

De vuelta en Argentina para presentar La guerra silenciosa (En Guerre, 2018), el director Stéphane Brizé llegó como figura invitada de Les Avants Premieres que del 28 de marzo al 3 de abril en Cinemark Palermo trae lo último de la producción cinematográfica francesa. Con muchas similitudes con El precio de un hombre (La loi du marché 2015), de hecho vuelve a elegir a Vincent Lindon como protagonista, Brizé narra en esta oportunidad la lucha descarnada de un grupo de trabajadores por recuperar su fuente laboral y reclamar, de una vez por todas, un trato igualitario para toda la fuerza. “Hay que salir del aislamiento de las imágenes para evitar que se desacredite la palabra de los trabajadores”, dice en una entrevista exclusiva a EscribiendoCine.

La guerra silenciosa

(2018)

Otra vez en el país y ahora para presentar La guerra silenciosa una propuesta completamente diferente a Una mujer, una vida (Une vie, 2016) ¿Cómo es volver con esta propuesta y en un momento en el que en Argentina hay conflictos similares?
A nivel historia es distinto porque estábamos en el Siglo XIX narrando la vida de una mujer y ahora lo que se cuenta es un conflicto social actual, sin embargo, a pesar de las diferencias aparentes, la pregunta de fondo es la misma, no importa si es un hombre o una mujer, y por supuesto está en tonos muy diferentes, pero los dos protagonistas tienen la idea muy alta de lo que tiene que ser la humanidad y enfrentar una tremenda desilusión.

A diferencia de El precio de un hombre, esta vez la lucha por los ideales incorpora elementos mediatizados como imágenes de televisión, cámara en mano, que refuerzan la historia ¿cómo decidiste cada uno de ellos para que refuercen a nivel narrativo el relato?
Decidí utilizar elementos televisivos cinco veces, que recree, al igual que contenidos televisivos reales y de hecho el disparador de la película fueron imágenes reales capturadas en las oficinas de Air France, donde los trabajadores se desgarraron las camisas, una escena espectacular y violenta, pero sin ninguna contextualización sobre porqué se llegó a ese punto y que inmortalizaron las cámaras, se manipularon esas imágenes violentas, yo quise reconstruir el pasado desde la ficción para comprender cómo esos hombres similares a nosotros pueden llegar a ese punto, a ese acto ultraviolento, sin tener nada premeditado. Es ficción, pero muy documentada y muestra que no ocurre por casualidad. Hay que salir del aislamiento de las imágenes, para evitar que se desacredite la palabra de los trabajadores, quise reconstruir el pasado para legitimar su accionar y nombre.

Para el espectador la película es asfixiante y tensa ¿qué trabajo hiciste en el rodaje para evitar que también los actores sintieran ese agobio constantemente?
Son muchos elementos los que construyen ese clima de tensión, y mucho tiene que ver con la dramaturgia, y desde el momento de la escritura lo pensé, desarrollar la energía de tensión en lo que se está narrando, aceptando el mismo desafío que la tensión implicaba en sí, luego al momento de filmar, con la cámara, un ir y venir, da la sensación de que no hay nada fijo, entonces eso genera la tensión, brinda el realismo, fue preparado previamente, para imaginar que todo sucede por accidente en el aquí y ahora, en el instante en que estamos, y con un clima de peligro que todo puede recaer en un exceso. Todo se desprende de la idea de estos trabajadores que se enteran que se van a quedar sin trabajo, a pesar que la empresa factura millones. Además concentré el rodaje en 23 días para que la tensión de la filmación tenga que ver con la tensión del conflicto social, que sean en paralelo. Hay escenas en manifestaciones, con policías, abogados, muchos personajes secundarios en las luchas y combates que dan clima de urgencia que suma a la tensión. El encuadre también apoyaba eso.

Volvés a trabajar con Vincent Lindon, que además está comprometido en la producción, ¿cómo fue elegir al resto del equipo que lo iba a acompañar?
Sobre la producción, no es que nosotros estamos a cargo, pero sí involucramos nuestro sueldo y tiempo para que no sea tan complicado financieramente. La elección de él en realidad tiene que ver con que él me eligió a mí de nuevo para trabajar, y de hecho esto responde a una trayectoria de cuatro films que hicimos juntos. En esos él casi ni hablaba, pero acá, en las dos primeras escenas de la película tiene más diálogo que en las anteriores películas. Alrededor de él se armó un equipo de intérpretes no profesionales, pero sí profesionales en lo suyo, los abogados son abogados, los operarios son operarios, los jefes son jefes, y esto también lo hice en El precio de un hombre. Estos profesionales le dan un efecto de verdad a la película increíble que se potencia por la actuación de Lindon, que funciona como un armazón de la estructura dramática, los sostiene, dan más verdad a sus roles, tienen un texto, se lo aprenden, pero en realidad interpretan su propio papel, trayendo un bloque de verdad muy fuerte, que funciona muy bien en sinergia con Lindon, que no es un intelectual de la actuación, sino que trabaja mucho la energía en el instante para dar un resultado muy realista, sin componer, partiendo de la experiencia de él, la inexperiencia de los otros, logrando un retrato casi documental.

¿Estás con algún nuevo proyecto en esta misma línea de retrato social?
Sí, y con el deseo de poder ahondar en problemáticas sociales, que poseen una tensión extrema, y que en su esencia me permiten seguir explorando diferentes problemáticas.

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