Juan Pablo Russo
12/03/2019 11:23

Alejandro Rath regresa al cine tras la docuficción ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? (2013) con el drama social Alicia (2018), película protagonizada por Leonor Manso, Patricio Contreras, Martín Vega y Paloma Contreras que, ante el dolor de la muerte, propone un recorrido por los distintos ritos que ofrecen la política y la religión, haciendo pie en el cine de Nanni Moretti. "Alicia surge de la necesidad de transitar el duelo de la muerte de mi vieja", dice en una charla con EscribiendoCine.

Alicia

(2018)

¿Cómo aparece la historia de Alicia?
Alicia surge de la necesidad de transitar el duelo de la muerte de mi vieja. Ella murió en 2006 y al poco tiempo empecé a escribir la historia de un hijo que entra en crisis con su ateísmo al enfrentarse a ese suceso. Me propuse llevar a fondo esa búsqueda en la ficción a partir de ese recorrido por distintas religiones.

También me pasó que quedé muy impactado por la circunstancia del tramo final de la vida de mi madre en un sanatorio horrible y de ahí surgió la idea de un escape hacia la posibilidad de una muerte digna.

En definitiva sale de una catarsis muy pegada a mi historia personal pero que con el paso del tiempo se fue transformando hasta lo que hoy es la película.

Si bien la película es una ficción por momentos da la sensación de que estamos frente a un documental de observación sobre todo en hechos vinculados a lo político y religioso, ¿cómo fue ese trabajo para combinar ambos géneros?
Mi formación como realizador estuvo muy ligada al documental y me siento muy cómodo en el trabajo con un esquema de producción versátil. En el encuentro con una realidad que está ocurriendo y que no controlamos ni determinamos de antemano se producen cosas muy interesantes, inesperadas, que desbordan el sentido de lo escrito. Aunque en este caso se trataba de una ficción no quería perder la posibilidad trabajar algunas secuencias que jugaran con los límites. Así fue que planeamos algunos rodajes con el personaje de Jotta (Martín Vega) inmerso en situaciones como la procesión a Luján, un acto del 1 de Mayo de la izquierda, un velorio judío o una misa del Pastor Giménez. Éramos conscientes de la dificultad que representaban las transiciones entre estos rodajes y los de ficción más “puros” y por eso pensamos mucho y planteamos distintas opciones para esos pasajes. De todas maneras fueron rodajes con mucha libertad y experimentación donde filmamos gran cantidad de material para luego, sobre la base de algunos prearmados, plantear las puestas que irían a continuación.

¿Fue un trabajo a la inversa de ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? en cuanto a cómo fue pensada?
Me cuesta compararlas porque fueron procesos y experiencias muy diferentes, pero hay algo de eso. En ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? trabajamos en una trasposición desde la obra homónima escrita por Diego Rojas y además, al tener la intención de llegar al estreno de la película durante el juicio oral a los responsables del asesinato de Mariano, estábamos muy determinados por los tiempos. El proceso en Alicia fue muy extendido en el tiempo y eso me permitió pensar y repensar las cosas e ir haciendo pruebas. Hubo distintas versiones de guion y hace unos años filmamos algunas escenas para tener algo que mostrar y para ir buscando el tono de la película. Obligados por el largo recorrido del proyecto en los vericuetos del INCAA la película fue adquiriendo una maduración que nos permitió llegar al rodaje con cierta tranquilidad y consciencia de nuestras limitaciones.

Tres de los cuatro protagonistas tuvieron o tienen un vínculo familiar, ¿Qué le aportaba trabajar con tres actores que reunían estas características a la película?
La participación de la familia Manso - Contreras no fue premeditada. Se fue dando luego de que Leonor ya estaba comprometida al papel de Alicia. Se me ocurrió que Patricio podía podía ser un gran ex de Alicia (lo es de Leonor en la realidad) y lo comenté con Paloma. Ella lo habló con ellos y les pareció una buena idea. Creo que suma mucho que en una historia tan cruzada por ese momento tan íntimo y trascendente de la enfermedad para una familia, los actores también tengan como herramienta para trabajar sus propios vínculos e historias. De todas maneras estamos hablando de grandes profesionales y hermosas personas y eso es lo determinante para el resultado que se ve en pantalla. Para mí fue un gran aprendizaje y experiencia trabajar con ellos y generamos un muy lindo vínculo.

¿Te serviste del cine de Nanni Moretti como influencia temática, estética, o ambas?
En un principio se trató de una influencia en ambos sentidos. Desde lo temático porque el gusto por el cine de Nanni Moretti era algo compartido con mi vieja y eso lo trasladé a los personajes desde la fuerza de los recuerdos y del cine. Desde lo estético esa influencia era muy fuerte en las primeras versiones de guion. Tenía la intención de generar un relato en primera persona incluso con una voz en off del personaje. Eso se fue diluyendo un poco a medida que la película se fue desarrollando pero creo que algo quedó de ese cruce permanente entre lo personal y lo político y de ese humor melancólico tan característicos del cine de Nanni.

¿Las contradicciones por las que atraviesa el personaje son un reflejo de la sociedad argentina?
No fue mi intención extraer una conclusión sociológica del devenir del personaje. Todo está más centrado en su crisis personal, con sus ideas, con su formación y eso es lo que se se pone en juego. Pero claro que hay lecturas que se pueden hacer respecto del rol de la religión en nuestra sociedad, de cómo influye lo político en lo personal y viceversa o de las consecuencias que puede tener la desfinanciación de la salud pública para una persona en el tránsito de la enfermedad. Sin embargo, antes de entregar conclusiones al respecto prefiero dejar abierta esa puerta para los espectadores.

¿Cómo vez futuro del cine argentino?
Lo veo oscuro si no logramos una reacción que frene las intenciones de esta gestión del INCAA. Todas las medidas que se tomaron en el último período tienden a redistribuir el fomento en favor de las grandes productoras que realizan “tanques” nacionales asociadas a los multimedios en detrimento del cine independiente. Cada vez es más complicado el acceso al fomento para este cine y las reglas de juego de la financiación hace muy difícil producirlo. Las pocas que están logrando filmarse se hacen en cada vez menos semanas de rodaje, en condiciones muy precarias y con muchos problemas. Si esto sigue así vamos a ver prontamente una caída importante en la producción. Por otro lado está el tema de la exhibición, el sistema de salas del INCAA es insuficiente para el caudal de estrenos nacionales, no se cumple la cuota de pantalla que también es insuficiente y no hay ninguna medida por parte del estado para intervenir en un mercado cinematográfico que está cada vez más concentrado y hostil al cine nacional. En los meses que van del año el porcentaje de la taquilla que corresponde a nuestro cine cayó del 15% alcanzado en 2018 a un alarmante 2,5%. Desde las asociaciones en las que participo (DOCA y el Colectivo de Cineastas) estamos haciendo lo posible para denunciar estas políticas y poner en pie un movimiento que que reclame un nuevo plan de fomento organizado en función de fomentar el arte y no los negocios de grandes empresas, la creación de una red de salas del estado a precios populares y políticas que obliguen a las grandes exhibidoras a pasar cine nacional.

¿Qué nos podés adelantar de Manifiesto?
Manifiesto es una película ensayo sobre el encuentro en México, en 1938, entre el líder de la revolución rusa León Trotsky y el fundador del movimiento surrealista André Breton. Juntos escribieron el “Manifiesto por un arte revolucionario independiente”. En base a las crónicas de sus encuentros y debates hicimos varios juegos y experimentos de representación con Pompeyo Audivert e Iván Moschner. También participan otros artistas contemporáneos como Gabriela Cabezón Cámara, César González, Adriana de los Santos, María Negro y Juan Carlos Capurro.

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