Rolando Gallego
10/03/2019 13:17

El uruguayo Federico Veiroj (La vida útil, El Apóstata) profundiza sobre los fantasmas y misterios de un hombre en crisis con el mundo y consigo mismo en su última película, Belmonte (2018).. Protagonizada por Gonzalo Delgado, el relato además, posee el tono y ritmo característico del realizador, con una reflexión acerca de los roles que la sociedad le impone a sus miembros. "En cada película intento representar un personaje en su entorno y mundo, y además de contar su drama, lo que lo aqueja o no", sostiene en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Belmonte

(2018)

Estás trabajando con personajes masculinos, maduros, con cuestionamientos poco representados en el cine ¿de dónde te surgen las ideas, penas y motores de ellos?
Yo qué sé (risas). La inspiración surge de maneras que no sé cómo definirlo pero me dejo llevar por ideas y sensaciones, y más por sensaciones y emociones, en cada película intento representar un personaje en su entorno y mundo, y además de contar su drama, lo que lo aqueja o no, que se entienda universalmente desde emociones, y a diferencia de otras, en Belmonte, casi solo es eso el hilo narrativo, la emoción del personaje que está con las emociones a flor de piel.

Un poco al estilo de Woody Allen con arquetipos neuróticos…
Eso es algo que trabajo en cada película para que el espectador conecte, es fundamental. Belmonte es un personaje que está ante el mundo desnudo mostrándose, no está acostumbrado a mentir, tiene deseos, quiere cosas a cada rato, se lo puede ver como hosco, sentirlo enojado, pero es su manera de estar en el mundo. El desafío era cómo hacer para que un personaje que va tras las cosas, de esa manera, sea empático. Uno de los temas es el personaje, metido en su mundo, y ver cómo convive con otros, para entenderlo, cómo confluye el mundo artístico en su vida doméstica, con su familia, cómo se trastoca el mapa familiar y lo trastoca, su hija va a tener un hermano.

La conexión con su hija es muy infantil, también la relación con su ex, con las mujeres…
Sí, lo del niño tiene que ver con que es alguien que no esconde lo que le pasa, está desnudo en su vida, los cuadros representan eso, hombres desnudos, en algunos momentos se ve él a sí mismo, me interesaba explorar a él sobre él. No hay una transformación clásica en el personaje.

¿Cómo fue volver a Uruguay luego de El Apóstata?
Pasaron muchas cosas, y Belmonte la hice tras ser padre, saliendo de la vida doméstica, fue algo no azaroso e impulsivo, nos dimos la mano con el protagonista y a los tres meses estábamos filmando. Estoy acostumbrado a hacer las cosas que quiero hacer. Como me pasó con La vida útil, no estar esperando los fondos, sino hacer y luego buscar los recursos para pagar lo que se había hecho.

¿Es más fácil conseguir la financiación ahora?
Depende del proyecto, en Montevideo no hay un mercado local para apoyarte, pero hay productores que confían en mi trabajo, y así como yo me endeudo, también la gente que confía. Si es muy caro el proyecto es más difícil, tengo cosas para hacer que entiendo que requerirán mucho dinero y por ahora no puedo hacerlas. Lo más fácil es que por hacer otras películas que les fue bien conseguir el equipo técnico es más rápido. El hecho de hacer hace que la gente confíe, cuando uno se tira al agua puede ser contagioso.

¿Qué vínculo tenías con el arte?
Como artista plástico cero, como espectador me gusta mucho.

¿Conocías el back del mundo del arte?
No, nunca tuve la experiencia, imaginé cosas que se pueden dar, igual que con la música, escucho mucho y eso me influye.

¿Volcás cuestiones biográficas en tus películas?
Sí, casi sin querer salen.

¿Te han reclamado alguna similitud?
No, porque es una ficción, no me ha pasado, no tuve reclamos por suerte, tampoco es que exponga cosas vividas, no son cosas que me hayan pasado a mí que pongo, sino más cuestiones emocionales.

¿Cómo haces el casting de las películas?
Acá tenía al protagonista, busqué luego rostros para configurar el universo. Me interesaba por ejemplo que a la ex se le vea la vida detrás, que esté en el último embarazo, que tenga algo de madre en un sentido, que se sienta que Belmonte haya tenido una relación un poco maternal. La intérprete no es una actriz real, al igual que el hermano.

La película empezó en Toronto, siguió por varios festivales, se estrenó en Uruguay, llegará a México. ¿Qué te dan los festivales?
Mostrar el trabajo de uno es lo más hermoso que puede haber, el interés que se vea lo que uno hace es divino, porque hacer una película, para bien o mal es algo engorroso, es un privilegio tener acceso a gente que tenga interés en lo que uno hace. Es una posibilidad de mostrar, es una plataforma.

¿Cómo sigue el año?
Este año se estrena otra película que filmé, El cambista con tres épocas, con Dolores Fonzi, Daniel Hendler, Luis Machín, adaptación de la novela Así habló el cambista de Juan Enrique Gruber, ue un proceso muy largo, y para hacerla esperé el tiempo necesario, los fondos, porque requería más inversión.

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