Victoria Duclós Sibuet
08/03/2019 12:55

Mara Avila en su documental Femicidio. Un caso, múltiples luchas (2019) recorre cronológicamente el momento del femicidio de su madre hasta la actualidad, en un proceso de transformación y metamorfosis personal, social y mediática que expone el cambio cultural sobre la violencia de género en primera persona. "La gente se enferma porque no habla, no podés transitar tu vida con tanto dolor, tenés que transformarlo y el documental se trata de eso, de hablar de lo que nos pasa", sostiene en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Femicidio. Un caso, múltiples luchas

(2019)

Estabas bastante ansiosa en el preestreno, ¿cómo te empezaste a sentir ahora que la película la está viendo el público?
Estaba ansiosa pero no estaba triste. Estaba muy contenta y muy emocionada. A ver, yo estoy más allá de todo… te imaginás que hice una película en primera persona donde grito, lloro y ofrezco todo. Recibo lo que tengan para decir porque sé que no es una película perfecta, pero dentro de las condiciones que tenía para hacerla creo que estoy contenta con el resultado. Después si llega o no dependerá de quienes conocieron a mi mama o no, o quienes tienen un familiar o alguien cercano que haya sufrido violencia de género. A esta altura es casi imposible que alguien no haya sufrido aunque sea un mínimo maltrato, sea callejero, verbal o en sus múltiples formas, y en ese sentido creo que la película es cercana a la sociedad en general.

¿Cuándo decidiste hacer una película con todo esto que te había pasado?
La película en definitiva es una herramienta mía para hacer el duelo y después con la idea de que sea artístico dentro de lo posible. También tengo escritos diarios y demás, las ponencias y diversas formas de transformar eso.

En realidad yo siempre tuve el deseo de hacer algo bueno, no quería hacer una cosa casera así nomás. Cuando empecé fue en el 2014 en el marco de la facultad esta fue mi tesina que inició con la idea de un corto, luego vimos la posibilidad de aplicar al INCAA y como el INCAA aporta para largometraje creció el proyecto.

En principio quería hacer algo más poético con más presencia de la danza, estaba haciendo otro camino en el guion y cuando apareció Gustavo Fontán para asesorarme ahí se le terminó de dar forma al guion y el tono. Me hizo ver que estaba muy melancólica y que los hechos eran crudos por sí mismos sin que yo le agregue ningún adorno. Igual puede ser que el resultado tenga algo de melancólico porque bueno, estoy hablando de mi mamá que ya no está y uno de mis estados fue la melancolía. Estaba melancolizada, tenía estrés postraumático, no tenía resuelto el duelo, depresión… Es decir, mientras hice la película estaba en un estado catastrófico.

¿Cómo fue la transformación desde la idea inicial hasta el resultado final?
Siempre tuve en claro que era en primera persona y que yo iba a estar presente en la cámara contando mi historia. Pero lo que sucedió en el taller fue haberle encontrado la estructura narrativa, ese relato que deviene en cronológico desde que sucedió el femicidio de mi mama hasta ahora, donde yo soy el personaje principal y voy transitando los distintos momentos de la historia real: el hecho, el juicio, mi soledad, mi duelo, la lucha. Esos momentos se fueron marcando en el guión.

Esto fue en 2014, mucho tiempo después del femicidio de tu mamá.
Nueve años después dije “yo acá tengo que hacer algo porque estoy mal”, lo viví muy sola y en un momento decidí hacer el giro de lo político. Es lo que dice el feminismo con “lo personal es político” entonces no solo empecé a hablar en mi familia y con mis amigas sino que lo hice público. Yo me transformé en una militante, y transformé esto en mi carta de presentación para empezar a hablar “yo soy hija de una víctima de femicidio y estoy haciendo un documental” y así fue cobrando sentido social la tragedia. Que es lo más importante de esta tragedia.

Tu película viene para mostrarnos que la violencia de género no termina ni siquiera con la muerte, sino que luego decanta hacia quienes quedan alrededor, en este caso vos.
Sí, claro. Por eso se habla de víctimas colaterales. Si bien yo quiero salir del lugar de víctima no es gratuito que maten a tu mamá, no es gratuito para tu cuerpo ni para tu subjetividad ni para tu psique, es imposible que así sea. Eso pasa con esto y con tantos otros traumas que no son individuales sino que son sociales. Digo, los hijos e hijas de desaparecidos también cargan con una desaparición que es social y ahí también llega el acompañamiento. La violencia yo no la sufrí en mi cuerpo, pero es un acto violento por ejemplo que yo estuviera en la misma sala de audiencia con el femicida de mi mamá. Hay toda una serie de descuidos hacia los familiares de las víctimas. Ni hablar de las víctimas que nadie las pudo ayudar antes.

El momento social, legal, mediático en el que te sucedió fue incluso el más desprotegido.
Sí, vos pensá que hoy en día los medios siguen comunicando barbaridades. Pero cuánto más en ese momento, 2005. Yo me enteré porque me llamaron que estaban viendo el auto en la televisión, es decir, llegó antes la tv que la prefectura. ¿Qué responsabilidad tienen los medios? Y todo lo que dijeron que me enteré después…

¿En ese momento no fuiste partícipe de lo que estaba pasando a nivel mediático?
No para nada, no lo ví en la televisión y como tuve que hacer tantas cosas… estaba descolocada. Sobre todo porque no es algo que nos esperábamos, podíamos saber que mi mamá lo quería dejar a este tipo pero no teníamos indicios de que estuviera sufriendo violencia. Y además a mí me llamaron, me pasó a buscar mi papá y yo de ahí fui directo a declarar y de ahí a reconocer el cuerpo. No tenés momento para nada, y dos años después tuve que hacer el juicio. Es todo violento, y es descuido.

Y eso que siempre insisto en que yo tuve suerte… de que a él lo encontraron en el lugar del hecho y que lo metieron preso. A mí me parte el alma ver a los familiares de chicas que fueron asesinadas y violadas en contextos de complicidad policial y otros casos complejos, y tienen que luchar además contra eso y sentir que no van a tener justicia lamentablemente. Entonces yo me tuve que conformar con que el tipo cumplió su condena, y que “hice justicia”. Y hoy estoy haciendo justicia nuevamente con el documental creo yo. Más simbólica si se quiere.

¿Donde encontraste la contención de otras víctimas?
En la calle, en las marchas. Tengo una suerte de politización tardía, en el 2010 empiezo a marchar y a ir a encuentros de mujeres, a raíz de las palabras de mis amigas que aparecen en el documental que le pusieron nombre y me dijeron “lo que le pasó a tu mamá fue un femicidio”. Mi acompañamiento es colectivo. A veces marcho con un colectivo, otras veces sola. En ese momento el movimiento ya le estaba dando ese nombre pero no se hablaba mediáticamente. No hace tanto que se empieza a entender la muerte de una mujer a manos de un hombre como violencia de género.

El hecho de tu mamá fue muy afuera de todo esto. Es largo el camino que tuviste que hacer hasta encuadrar en un contexto.
También estaba lejos del activismo y era medio una nena de clase media, que tenía mis ideas políticas porque siempre fui una piba de sociales y tengo una formación política. Pero aún así no estaba involucrada. Esto me transformó.

¿Cuál fue el objetivo de recopilar los testimonios de la película?
Yo creo que la gente se enferma porque no habla, no podés transitar tu vida con tanto dolor, tenés que transformarlo y el documental se trata de eso, de hablar de lo que nos pasa.

¿Cómo fue el camino artístico que transitaste?
Me parece que el arte tiene que ser una vía de transformación, a mi me gustan los recursos que tiene el cine para narrar. Me gusta que el arte que me llega no de forma panfletaria, sino más desde lo poético, que emocione no desde la literalidad. Creo que está logrado hasta ahí porque puede parecer panfletaria por momentos.

Hay algo de tu documental que me llama la atención, que es el protagonismo de la danza. En el documental Primas (2017) de Laura Bari, dos chicas muy chicas que sufrieron abuso sexual también encontraron en la danza una forma de expresar algo.
Lo que a mí me sucedió en danza fue fundamental. Es un trabajo muy profundo en el que a veces incluso lloro. Lo que trato de poner en el documental sobre esto es la importancia del cuerpo, como cuerpo político. La importancia de hacerse cargo de ese cuerpo y de que todos esos traumas se alojan ahí. Hay que desandar la opresión y disciplinamiento. Ese cuerpo tiene que estar despierto y cuando hacés danza despertás una sensibilidad y conexión muy profunda, para la cual también necesitas confianza. No es poca cosa este trabajo y es necesario. Siempre con la dualidad de lo personal y lo social que implica que para cambiar las cosas tenemos que cambiar nosotros, nosotras, nosotres mismos.

Se hace un poco invisible la presencia de las personas detrás de cámara con la fuerte presencia tuya y de tu mamá que no está pero que se evoca todo el tiempo. ¿Cómo fue el trabajo con estas personas en rodaje?
Creo que lo más importante fue el acompañamiento más humano, es una película que requería un equipo con sensibilidad, imagínate que yo muchas veces lloré fuerte. Fue gente sensible y profesional, Melina Terribili que es fotógrafa, luego Marisa Montes en el montaje, Lucho Corti en el sonido también y el equipo completo.

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