Juan Pablo Russo
06/03/2019 10:56

En La Feliz. Continuidades de la violencia (2018) Valentín Javier Diment aborda violencia política que desde 1971 cubre a la ciudad balnearia de Mar del Plata cuando una estudiante de arquitectura es asesinada durante una asamblea dando origen a una serie de asesinatos. Varios años después, en 2017, ocho militantes nacionalistas, de marcada simpatía nazi, son condenados por agresiones a inmigrantes y miembros de la comunidad LGBTIQ. La Feliz. Continuidades de la violencia describe 45 años de violencia política con un hilo conductor en el que se cruzan la divulgación histórica, el retrato humano y la tesis política. "El documental asume una posición ideológica clara en la cual, en lo que se refiere a los crímenes de lesa humanidad, descrée de la teoría de los dos demonios", afirma Diment en una charla con EscribiendoCine.

La Feliz. Continuidades de la violencia

(2018)

¿Qué te llevó a querer realizar una película cuyo eje gira alrededor de la violencia en Mar del Plata?
Felipe Celesia periodista que conocí en el documental que hice sobre la Triple A a raiz del libro que escribió con Pablo Waisberg sobre Ortega Peña, me pasó un libro que estaban terminando de escribir con Waisberg y Federico Desántolo, llamado La noche de las corbatas. Al margen de que es un librazo y lo leí de un tirón, se me superpuso con el caso, que venía siguiendo, de los neonazis que en Mar del Plata atacaban travestis, militantes de grupos por la identidad sexual, inmigrantes bolivianos, espacios de memoria y justicia, etcétera, y pensé que ahí había una continuidad. No estaba seguro, pero esa sospecha me estimuló a arrancar con un documental que pueda, por un lado, cumplir una función de divulgación histórico-política, y por otro darme alguna respuesta a esa inquietud, que de ser así, convertía la observación de esos fenómenos en Mar del Plata como en un aleph muy representativo de la realidad nacional. Se los propuse a los autores del libro, se interesaron y arrancamos con la aventura.

¿La pensaste como una especie de continuación de Parapolicial Negro: Apuntes para una prehistoria de la triple A?
La parte del documental dedicado a la CNU (Concentración Nacional Universitaria, grupo de la derecha peronista de los años 70 que funcionó como la rama universitaria de la Triple A en algunos lados, entre los que estaban Mar del Plata, La Plata y Bahía Blanca), funciona como complemento, sí. Porque había sido tratado muy tangencialmente en Parapolicial Negro: Apuntes para una prehistoria de la triple A (estaba ya demasiado abigarrado), y me había quedado con ganas de contar un poco más sobre eso.

Uno de los grandes logros de la investigación es tener un abanico de opiniones de todos los sectores, incluyen el de Pampillón, un referente de la ultraderecha conocido por sus posiciones racistas y neonazis. ¿Hubo reticencias de parte de ellos o algún tipo de pedido a la hora de la propuesta?
No hubo reticencias. Son gente que tiene un mensaje para transmitir, buscan presencia, buscan ser escuchados, quieren además participar en elecciones, ser funcionarios, legisladores, diputados, quieren hacer carrera política. Digo quieren porque incluyo a Pampillón, a Nicolás Márquez, al abogado Moix, incluso a Giovanni Naldi, militante trans de extrema derecha. Todos ellos apoyaron y apoyan al macrismo, aunque lo acusan de tibio, pero lo votaron y lo seguirán votando, así como han apoyado al candidato macrista-vidalista que triunfó como intendente de Mar del Plata, el ultra derechista Carlos Arroyo. Son, y quieren ser cada vez más, parte de esta nueva derecha “democrática” que nos gobierna, por lo que si bien sabían que no éramos de su ideología, hablaron sin problemas. Por ejemplo Nicolás Márquez grabó por la suya la entrevista que le hicimos, como para asegurarse que no le tergiversemos sus dichos; como nosotros por nuestro lado no buscábamos eso, no hubo problema. Tan es así, que el propio Márquez, coautor con Laje de una serie de libros muy muy de derecha, les propusieron a Waisberg y Celesia polemizar en algún programa de televisión, hacer una especie de dos contra dos.

¿Cuáles fueron los planteamientos narrativos y estéticos a la hora de construir un documental como La Feliz. Continuidades de la violencia, que si bien es de investigación le escapa a los lugares comunes?
Por un lado es muy clásico, en el sentido de que es un cabezas parlantes en que el relato se estructura exclusivamente sobre los testimonios de los entrevistados con apoyo de material de archivo. Hice unos separadores temáticamente afines al relato, de situaciones de extrema violencia, para no olvidar que lo que se está relatando como palabras son en realidad unos niveles de violencia física arrasadores, como para tratar de conectar al espectador con que no es solo un cuento, sino que hablamos de sumisión a través del dolor, el miedo, la tortura, la humillación.

En lo que hace a las entrevistas trabajamos con Claudio Beiza, el director de fotografía, con algunos conceptos muy puntuales en los encuadres, con fugas de luz, claroscuros en los rostros y una cámara siempre en movimiento. Y luego lo que me interesaba, por un lado para dar agilidad al relato y por otro para jugar con la idea de continuidad-discontinuidad eran los saltos en el tiempo. Después, cada segmento histórico tiene una característica particular, una más académica, otra más íntima, otra más antropológica, por momentos casi bizarra, que se desprende de los discursos de los mismos entrevistados.

Los detractores del documental cuestionan que no aborda los atentados perpetrados por la izquierda y solo se refieren a la derecha, ¿querían ver otra película? ¿qué tenés para decirles?
No escuché a esos detractores la verdad, pero, primero, es relativo: tenemos un militante del PST diciendo que quería, antes de morir, matar a todos los que pudiera, y un militante Montonero considerando justo el atentado que desencadenó el 5x1. Y en segundo lugar, el documental asume una posición ideológica clara en la cual, en lo que se refiere a los crímenes de lesa humanidad, descrée de la teoría de los dos demonios, y considera (hablo del documental y de mí), que al margen de las discusiones que hay y deberá seguir habiendo respecto de la violencia de izquierda setentista, de lo que hablamos es de la violencia institucional, de estado, cuyo objeto central con algunas pocas variantes fue siempre y sigue siendo legitimar la concentración del capital en poquísimas manos, alentar la mayor fuga posible a los países centrales (que a su vez apoyaban los hechos de violencia con que se mantenían a flote), y reprimir a como de lugar a los trabajadores hiperexplotados que reclamaban (y reclaman) sus derechos. Pensar que si se habla del terrorismo de estado también hay que hablar de la violencia de la izquierda en los mismos términos, responde a una interpretación de la historia que es la que sostiene, justamente, la teoría de los dos demonios. Y si bien el tercero de los casos testigos que narramos, el de los neonazis, no es terrorismo de estado, lo cual se demuestra en que los integrantes de la banda fueron juzgados y condenados, sí consideramos que la operativa es semejante, y que si cambian un poquito, muy poquito, las condiciones político judiciales, rápidamente podrían terminar replicando el accionar de la triple A, aunque esta vez desde fuera del peronismo.

¿Tuvieron algún tipo de amenazas durante la filmación o en alguna de las proyecciones de la película en Mar del Plata?
No, para nada, todo se llevó adelante en un clima de tranquilidad y colaboración.

Siendo una de las tantas voces críticas con la política actual de INCAA, si se sigue en este camino, ¿el cine argentino tiene futuro?
Si se mantiene esta política, el cine argentino tiene futuro, pero un futuro horrible. Estas políticas tienen objetivos muy concretos: Dar las herramientas industriales centrales a los grupos económicos concentrados y erradicar la posibilidad de una industria subsidiada por el estado que estimule el cine independiente de pequeños y medianos productores. Y de a poco lograr el objetivo último: que el estado deje de subsidiar cultura. Lo que está sucediendo en el INCAA es un observatorio perfecto: ahí no está el tema de que por la crisis no hay más presupuesto. Ahí se ve lo que quieren hacer independientemente del presupuesto. Quieren, y están logrando, que los pequeños y medianos productores, y los directores que intentamos producir nuestras películas, quedemos afuera, no logremos establecer una dinámica de Pyme con un plan de crecimiento (es imposible hacerlo si la única posibilidad que te dan es ganar cada tanto algún concurso), y el dinero que tienen lo puedan repartir entre la gente que demuestre desde el vamos ya tener muchísimo dinero, gran espalda financiera. Esto se ve con claridad en las nuevas legislaciones, en la dinámica de la bancarización de los créditos, en esa fantochada de la "Semana del Cine Argentino", en la que se direccionó un gran caudal de dinero hacia los cines y distribuidores multinacionales y las grandes productoras multimediáticas, etcétera etcétera. Y mientras tanto, le ponen un deadline al fondo de fomento al cine (ley 27.432). Entonces, el cine va a seguir, pero sin el apoyo a los documentales, a las películas independientes, a los productores que arriesguen a apostar por nuevos lenguajes, etcétera. Y si a esto le sumamos los actos de violencia y censura de Haiek y Avelluto, más aún se oscurece el panorama. Que no dejen hablar a los premiados en el festival de Mar del Plata, y que las autoridades centrales del festival ni siquiera hagan un descargo público, confirma que el camino está jodido.

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