Juan Pablo Russo
05/03/2019 14:51

En Juntas (2018) Laura Martínez Duque y Nadina Marquisio, película que tuvo su premiere mundial en la Competencia Internacional de Ópera Prima en Cinéma Du Réel, Francia, retratan a Norma Castillo y Ramona ‘Cachita’ Arévalo, quienes se convirtieron en la primera pareja de mujeres casadas por ley en Latinoamérica protagonizando un fenómeno mediático que concluyó con la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario en Argentina, en su último viaje al Caribe, el lugar donde se conocieron en los años 80 y se enamoraron. "La mayoría de películas que abordaban el tema de la homosexualidad lo hacían desde el conflicto, la carencia y el drama con una impronta de denuncia o militancia que parecía anular una elaboración estética más allá del discurso", afirman en una charla con EscribiendoCine.

Juntas

(2018)

¿Dónde tiene su génesis la película?
Juntas es nuestra ópera prima. Es una película que nació luego de varios años de explorar y experimentar los cruces entre el cine, el teatro y la poesía. Cuando conocimos el llamado cine de lo real o documental, entendimos que el realizador es un autor que debe pensarse en relación a esa historia que le interesa, pues de ahí la motivación y la forma particular del relato. En ese sentido, nos dimos cuenta que la mayoría de películas que abordaban el tema de la homosexualidad lo hacían desde el conflicto, la carencia y el drama con una impronta de denuncia o militancia que parecía anular una elaboración estética más allá del discurso. Juntas nace de una inquietud formal y afectiva. Esta es una película sobre el amor entre mujeres: son dos mujeres mirando amorosamente a dos mujeres que se aman. ¿Se puede traducir ese afecto en imágenes, en sonidos, en movimiento? Esa pregunta fue el génesis de Juntas.

Juntas se centra en el regreso de ellas a Colombia luego de 20 años, ¿a qué se debió centrar la historia en ese hecho?
Cuando Norma y Cachita se convierten en la cara visible de la ley de matrimonio igualitario en la Argentina comienzan a protagonizar un boom mediático y a construirse como personajes de una historia: la primera pareja de mujeres casadas por ley en toda latinoamérica. Nosotras queríamos detenernos en todo aquello que parecía residual en este relato. Todo lo que los periodistas en su cubrimiento dejaban por fuera. El origen de aquella historia de amor. Decidimos que la película no estaba en Buenos Aires, donde Norma y Cachita residían y donde supuestamente sucedía su vida intima, su cotidianidad. Para hacer la película que queríamos debíamos corrernos del lugar cómodo, ellas y nosotras. Por eso decidimos emprender ese viaje de regreso al lugar en que se habían conocido y enamorado. Decidimos viajar a Colombia con ellas y emprender un movimiento que nos transformara y nos involucrara a las cuatro. El lugar hubiera podido ser cualquiera, pero ellas se habían conocido en el caribe colombiano: Selva húmeda y mágica, paisaje complejo lleno de contrastes, contradicciones, texturas, y colores. En Colombia hay otra luz y son otras las aguas. El verde es otro. La película implicó hacer ese viaje y gracias a eso encontramos su forma: los viajes no se recuerdan tal y como fueron. Los viajes, son las imágenes mentales de los viajes, los relatos sueltos, las anécdotas carprichosas. Los viajes se recuerdan como destellos de la memoria y el recuerdo, como barridos de agua. Hubo, además de colores y texturas, muchísima agua en nuestro viaje y por eso, a veces, el paisaje representaba buena parte de la carga emocional que estábamos enfrentando. El agua, la tierra, muchas veces tradujeron lo que Norma y Cachita estaban sintiendo o lo que nosotras queríamos decir. Finalmente queríamos hacer una película sobre el deseo y la pulsión de vivir, queríamos hacer una película sobre dos mujeres valientes que insisten una y otra vez en lo mismo: hay que salir a vivir de verdad, siendo quien se es. Juntas es una película sobre la libertad y por eso lo primero que decidimos fue hacerla con toda la libertad.

Lo que podría haber un documental clásico sobre la historia de amor de Norma y Cachita decidieron correrse del lugar común y realizar un documental ensayo, ¿por qué esa elección y que le sentía que le aportaba a la historia?
Porque entendimos que el cine que queríamos hacer nos exigía involucrarnos activamente con esa historia que nos interesaba. En el documental, el realizador debe ir a buscar aquello que le interesa y enfrentar con su cuerpo el azar y la contigencia. En el caso de Juntas las casualidades se convirtieron en recursos y elementos para pensar la forma particular de la película. Se trataba de dos directoras que eran pareja haciendo una película sobre otra pareja. Ahí se estableció el primer intercambio, el diálogo, el cruce de generaciones y puntos de vista. Como mencionamos antes a nosotras nos interesaba elaborar una estética propia para esta película y eso tenía que ver con el hecho de que nosotras (las directoras) éramos dos mujeres en diálogo con dos mujeres. Nosotras habíamos construido nuestra homosexualidad a partir de otros supuestos y otros contextos. Y aunque eso no se explicite en la película, sí se hace evidente en cómo decidimos involucrarnos en la historia desde la enunciación. A nosotras nos interesaba hacer evidentes los dispositivos de la película en el montaje porque era una forma manifestar como miramos el mundo, nosotras, como dos mujeres realizadoras y lesbianas. No desde el discurso, pero sí desde la forma. Y ya desde el título.

¿Cómo fue la construcción narrativa a partir de hechos que iban apareciendo azarosamente en el viaje?
Había un vínculo muy fuerte entre ellas y nosotras para poder enfrentar la contigencia y el azar. Un pacto de amor y respeto para saber cómo acompañarlas a ellas, cómo detonar ciertas situaciones que necesitábamos para la película, cuándo encender la cámara y cuándo apagarla. Porque antes de pensarlas como protagonistas de nuestro documental Norma y Cachita fueron nuestras amigas y, de alguna manera, pudimos enfrentar el viaje y la película porque siempre fuimos cómplices. Por eso ellas nos regalaron momentos que se convirtieron en escenas que no estaban planteadas y que nacieron de una comodidad genuina. Las cuatro estábamos en un viaje que nos soprendía todo el tiempo y no hubo ninguna imposición o restricción. Todas confiábamos en lo que nos había llevado hasta ahí.

¿De qué manera trabajaron la trama y el rodaje con ellas al tratarse de un documental que se corre de todos los lugares comunes?
Durante un año estuvimos filmando en Buenos Aires, con la cámara fija en el trípode, oyendo anécdotas, viendo las fotos de ese pasado irrecuperable, capturando momentos de su dinámica cotidiana, en fin, conociéndonos. Durante los dos primeros años que frecuentamos a Norma y a Cachita en su casa de Buenos Aires, el fenómeno mediático y social que las rodeaba nos llevó a preguntarnos si había allí una película para nosotras, pues todo ese tiempo nos había dejado una larga lista de decisiones tomadas sobre lo que no queríamos hacer: no haríamos entrevistas sentándolas frente a una cámara para obtener los “testimonios” de sus vidas, ni les pediríamos que mostraran las fotografías de su juventud para ilustrar un pasado irrecuperable, no hurgaríamos en los baches de su historia porque no pretendíamos juntar las piezas en un relato sin fisuras o “apropiado”, tampoco buscábamos reproducir un simulacro de su rutina hogareña que diera cuenta de la “normalidad” de su vida en pareja. No queríamos hacer una película para definirlas como mujeres o institucionalizarlas como representantes de una comunidad. Nos negábamos a confeccionar un documental tipo biopic para apresar una vida, muchos menos dos, en un par de horas. Lo que pretendíamos era capturar un pedazo de sus vidas, “siendo”, en toda su potencia y en toda su verdad.

La película marca una diferencia importante en Argentina y Colombia cuando el congreso colombiano rechazaba el proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario, ¿cuál sienten que es el aporte de la película a la causa –si es que lo hay- al ser una coproducción con ese país?
Juntas no es una película funcional a una causa. Pues rehúsa cualquier tono aleccionador o autoritario. Lo que quisimos fue abrir preguntas, proponer y componer estímulos visuales, sonoros y afectivos para lograr, tal vez, que el espectador haga un viaje para preguntarse por sus propios deseos, sus cuentas pendientes con el pasado, su libertad. En todo caso, nos interesa pensar que hicimos una película sobre la vejez, sobre un universo femenino, sobre un erotismo disidente. El matrimonio igualitario en Colombia se aprobó gracias a un fallo de la Corte Suprema de Justicia un año después de aquel debate en el Congreso. Finalmente, más allá de la legislación, lo que Norma y Cachita nos demuestran es una gran valentía para ejercer su deseo y vivir en libertad. Eso es un mensaje fundamental en estos tiempos y para todos los países. A nosotras nos interesó que ese mensaje, además, estuviera representado por dos mujeres.

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