Victoria Duclós Sibuet
09/02/2019 19:53

Tras su paso por el 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el uruguayo Manuel Facal estrenó su psicodélica película Fiesta Nibiru (2018), el retrato delirante, cómico y gore de una noche entre amigos en un departamento. "Me gustan las películas que exploran la forma, creo que las herramientas narrativas están para ser usadas y hasta abusadas si es que se quiere lograr un verdadero impacto en el espectador", sostiene en una charla con EscribiendoCine.

Fiesta Nibiru

(2018)

¿Cómo surge la idea de hacer esta película?
Venía de hacer una película más grande (Relocos y Repasados, 2013) y tenía ganas de hacer algo más chiquito, contenido. La típica: cinco amigos en un departamento. El desafío estaba en qué hacer con eso, que tan lejos podíamos llegar con tan poco. Fue también una excusa para poner en práctica unas cuantas ideas cinematográficas y demás caprichos que me venían rondando la cabeza hacía tiempo.

Por otro lado, lo que uno ve parece todo un genial delirio, ¿Cómo se construye algo así en un guion?
Siempre me atengo al guion, la estructura es todo, incluso cuando en casos como estos parecería que se está tirando la película por la ventana. El juego era la fusión de géneros y acostumbrar al espectador a unos cuantos personajes bien definidos para luego acompañarlos en sus viajes de delirio sin restricciones.

Me parece muy interesante conocer qué cosas fueron producto del rodaje y dejarse llevar y qué ideas estuvieron firmes desde antes de comenzar a grabar.
Siempre sucede lo inesperado y más cuando se filma así de rápido (tres semanas de fotografía principal), algunas de las correcciones hechas a último momento fueron por necesidad de solucionar problemas extremos, por suerte algunos de esos cambios terminaron mejorando la película. Pienso en una escena en particular que estaba construida alrededor de un capricho visual y las circunstancias terminaron centrándola más en la esencia misma de la historia.

¿Cuál es concepto y el criterio que usaste para imaginar la música y lo visual?
La música la compuse yo de forma casera mientras editábamos, lo cual fue un experimento. Una cosa terminaba nutriéndose de la otra y se dio una simbiosis interesante. Me convencí de lo controlador que tengo que ser con respeto a algo tan fundamental como la música incidental.

¿Y el proceso de casting?
Tres de los cinco personajes los escribí pensando en tres amigos con los que ya había trabajado antes. Los otros dos vinieron por fuera: Emanuel Sobre, que encajaba a la perfección con el dibujo del personaje y Carla Quevedo que fue sugerencia de Sebastián Aloi, el productor argentino. En ese momento yo apenas la conocía y la verdad que me sorprendió, demostró ser una actriz jugada por probar cosas nuevas, incluyendo venirse a Montevideo a filmar una deformidad de extraterrestres y pizzas transgénicas con unos desconocidos.

¿Cuál fue el proceso de producción para costear la película?
Hicimos una campaña de crowdfunding para financiar lo que creíamos iba a ser algo mucho más pequeño. Después se asociaron dos productoras que se adaptaron a nuestras condiciones de producción acelerada. Hasta ahí fue todo tal cual lo teníamos planeado, después vino una post producción engorrosa de efectos especiales. Todo, como siempre, un gran aprendizaje.

¿Cuáles son tus influencias en imagen y narrativa? ¿Qué cine te gusta?
Me gustan las películas que exploran la forma, creo que las herramientas narrativas están para ser usadas y hasta abusadas si es que se quiere lograr un verdadero impacto en el espectador. Desde Quentin Tarantino y Edgar Wright a Lucio Fulci y Gregg Araki, pasando por Steven Spielberg y Brian De Palma, todo va a parar a la licuadora y lo que sale debería ser una representación fiel de nuestras inquietudes.

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