Rolando Gallego
06/02/2019 10:57

El realizador Lautaro García Candela estrena en el MALBA su ópera prima Te quiero tanto que no sé (2018) una comedia en donde la ciudad termina ganándole el protagonismo a los personajes. Siguiendo a Francisco (Matías Marra) durante una noche en la que intenta llegar a su ex novia, García Candela termina por transformarlo en un flaneur que se pierde entre canciones, alcohol, amigos y fútbol. “Cada película encuentra su escala de producción y nosotros encontramos la ideal para hacer esta película”, afirma en una charla con EscribiendoCine.

Te quiero tanto que no sé

(2018)

¿Desde cuándo imaginaste Te quiero tanto que no sé?
En mi etapa de estudiante veía películas que se situaban en Buenos Aires, antes, después, y durante el Nuevo Cine Argentino, en las que había una impronta documental que no me gustaba, me parecía impostada: era lo que se veía en la televisión. Esa textura de cámara en mano, sucia, realista, mataba el gag, la fantasía, la invención. En ese momento no lo sabía explicar así, pero años más tarde me puedo dar cuenta. Así que cuando terminé la facultad, con un guion que todavía estaba verde, pensamos con mis amigos: ¿por qué no? Queríamos dar una nueva versión de Buenos Aires que pensamos que faltaba. Y salimos a filmar. No esperamos a los fondos de apoyo porque sabíamos que era muy difícil conseguirlos sin ningún palanqueo externo.

¿Cómo apareció la estructura nómade del protagonista y la incorporación de las canciones como un musical “verdadero”?
A la película la animan dos obsesiones personales. Por un lado Buenos Aires, ciudad en la que nací, sus recorridos nocturnos, sus fábulas; y por otro el cancionero de mis padres, que los incluye pero también los excede, que era un poco revolucionario y un poco romántico. Es gracioso cómo se juntan esas dos características. El argumento. Un chico que persigue a una chica por la ciudad, es casi una excusa, agarré el mapa de la Capital y pensé que podía pasar en cada uno de los barrios por los que pasaba. Después, obviamente, había que unirlos, darles un sentido y ver qué canciones podían narrar qué cosas en cada momento.

Francisco cree que sigue queriendo a Paula, pero la Ciudad le demuestra que tal vez no, ¿cómo estructuraste el guion en pos de este objetivo?
No quiero contar el final, pero claramente la película no se trata de la relación de Francisco con Paula, que es platónica, una idea vaga. Me interesaba la particularidad de cada parada, que cada escena encontrar su gracia. En ambos sentidos de la palabra: que fuera gracioso y también grácil, leve. La estructura del guión desconoce ese mandato que tienen los libros de guion sobre el viaje del héroe y el aprendizaje que conlleva. En general el cine es más bien teleológico, todo va hacia un punto, narrativo o conceptual, y cada cosa que aparece en la película debería servir para llegar ahí. Frente a esa exigencia de sentido, me gustaría que cuando se vea Te quiero tanto que no sé se encuentren con algo más impermeable, o más misterioso. De todas maneras, cada cual es libre de hacer la interpretación que quiera y eso también tiene su gracia.

¿Cómo armaste el casting? ¿Pensaste en alguno de los personajes cuando escribías el guion con algún intérprete en mente?
Mientras escribía el guion ya sabía que algunos roles estaban cubiertos. Los que entraron después, con las cosas más establecidas, enriquecieron muchísimo sus papeles. Fueron todos muy generosos: aprendí más yo de ellos que ellos de mí. Quería remarcar especialmente el trabajo de Matías Marra, el protagonista. No tenía claro el tono de la película hasta que llegó él. Él es guionista y director también, así que se involucró en todos los aspectos posibles.

¿Cuándo decidiste que ibas a estar delante de cámara también?
Me divierte mucho actuar y lo hago cada vez que puedo. Y también quería espantar toda idea de que el protagonista en realidad soy yo, cosa que no es ni remotamente cierta.

En esos momentos, y siendo que esta es tu primera película, ¿sentías que tal vez perderías el control del rodaje?
En los casos en donde actué yo estaba tranquilo porque tenía un equipazo detrás de cámara, Manuel Setton como asistente de dirección y Juanse Álamos y Tomás Guiñazú como productores. De todas maneras, tener el control total en el rodaje no significa necesariamente hacer una mejor película. Diría que todo lo contrario. La gracia del cine tal como lo concibo es que uno tiene que salir a filmar y confrontar sus ideas con el lenguaje y con la realidad. A partir de ahí, in situ, hacer una síntesis. Negociar con la calle, con lo posible. Es algo que no sucede en ningún otro arte. Ahora más que nunca, en un momento en el que tenemos acceso a filmar a muy bajo costo, deberíamos asumir lo inesperado, lo imprevisto a nuestras lógicas de rodaje, pero dudo que suceda eso. Todo va en la dirección de lo profesional.

¿Cuánto duró el rodaje?
Tuvimos una semana de rodaje en febrero de 2017 y después filmamos cuatro o cinco fines de semana más mientras en paralelo hacía el montaje. Esa manera de organizarnos ayudó mucho a ver qué le faltaba a la película e ir haciendo retoques.

¿Por qué decidiste incorporar las imágenes de la película de Julio Ludueña? ¿Te sentís identificado con Underground, el grupo de realizadores del que fue parte?
Antes de hacer esta película investigué los musicales argentinos que se habían filmado antes. No pude encontrar cosas muy interesantes. De las películas de Carlos Gardel hasta Sur, de Fernando "Pino" Solanas. La que más estimulante encontré fue esta de Ludueña, que es un cineasta muy oculto. Incluir La civilización está haciendo masa y no deja oir (1974) fue un homenaje, un recordatorio, de que la película tendría que ser más vista de lo que es, y también un desafío ¿qué nos puede decir ahora esta película militante y de vanguardia? Pareciera que no mucho. Su forma es desafiante, pop, pero esa idea que tiene respecto de los espectadores y de la movilización política me resulta muy lejana. De otra época. Quizás por eso los personajes reaccionan a los que les parece más cercano, que son las canciones. Esto de ninguna manera es un juicio de valor, es una constatación sobre los gustos y los imaginarios de una y otra época. Creo que a Ludueña puede gustarle, pero no me animo a invitarlo.

A la distancia, ¿qué sentiste que te faltaba a la hora de rodar? Puede ser técnico, conceptual, etc…
Obvio que faltaron cosas: permisos para filmar en la calle, seguridad, mesa de catering, generadores… Todas las comodidades que tiene el cine industrial. Eso faltó, pero no lo extrañamos ya que la lógica de nuestro rodaje fue otro: más clandestino. No queríamos interrumpir la vida nocturna de Buenos Aires, más bien incorporarnos a ella. Había que ser medio ninja por momentos. Cada película encuentra su escala de producción y nosotros encontramos la ideal para hacer esta película.

Siendo que vos también ejerces el análisis crítico, ¿cómo recepcionaste y recepcionas las críticas?
A varias personas no les gustó nada y me lo hicieron saber por redes sociales u otros medios. Eso me sorprendió bastante porque pensé que en el peor de los casos iba a generar aburrimiento o decepción, sentimientos más medidos. Aun así, sigo esperando una buena crítica en contra que me haga ver algún defecto que se me pasó de largo o que revele algo de mis intenciones como cineasta que aún no pude ver. Creo que ese es el valor de la tarea crítica: poder revelarle algo al director y hacer que se hagan mejores películas. Todas las críticas en contra que leí eran más parecidas a una corrección de un examen: las actuaciones un seis, las canciones un cuatro, el guion un tres.

La película pasó por festivales, finalmente llega al público y en el MALBA, ¿expectativas por el estreno?
Uno siempre fantasea con el éxito y los reconocimientos pero todo eso se desvanece ante la evidencia: cuando en la primera función en el (20) BAFICI me contaron que hubo gente que cantó y gente que lloró, yo me consideré hecho. Puede parecer demagógico lo que digo… pero te pone todo en perspectiva. Mi deseo para el estreno es que sea la experiencia más intensa y enriquecedora posible para la gente que la vea en el cine. Con eso me alcanza.

¿Estás con algún nuevo proyecto para dirigir?
Estoy escribiendo el guion de una remake, recontra distorsionada de La viuda alegre, de Ernst Lubitsch, en Puerto Madero y con el mundo de las finanzas como contexto. Y también un poco musical.

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