Rolando Gallego
05/02/2019 11:16

Tras desarrollar una promisoria carrera en cortometrajes con los laureados 9 Vacunas (2012) y Presente imperfecto (2015), Iair Said estrena su primer largo Flora no es un canto a la vida (2018) en el que narra la particular relación que ha mantenido con una tía lejana de su familia. Con humor, ironía y una sensibilidad única, Said nos acerca una mirada distinta sobre la vejez, la soledad, la decadencia de las personas, y también el desamparo ante la inevitabilidad de la muerte. "La muerte es un tema que no podemos evitar, y trabajarlo con humor relaja", sostiene en diálogo con EscribiendoCine.

Flora no es un canto a la vida

(2018)

¿Qué tan difícil fue la transición del corto al largo?
Empezó siendo un corto Flora…, porque ya había recorrido camino así, me sentía cómodo, sabía el recorrido de festivales con cortos, pero me pidió más el material, de hecho durante el proceso de la película hice Presente Imperfecto, porque no podía especular con mi deseo de concluir algo antes de tiempo, el desafío fue respetar el tiempo de ese proceso, que duró siete años, con material que llegó a la edición con dos meses y otros de siete años. Un documental puede ser eterno, siempre podés agregar cosas, fue más un trabajo terapéutico para trabajar la paciencia y la ansiedad, yo tenía muchas ganas de terminarla, esa parte del ego que necesita concluir cosas, siempre me parecía que estaba cerrada y no, fue cambiando mucho en el montaje.

¿Cuántas versiones hubo?
Muchísimas, pero es muy difícil calcularlas, montábamos con Flor Efron, mi mano derecha de esto, y mi mano izquierda también, pero en un momento perdíamos la objetividad, y la dejábamos descansar meses y retomábamos.

¿El deadline para presentarla en BAFICI ayudó?
De ese tiempo a ahora le hicimos algunos cambios, ayudó pero siempre la frase era “no está”, una vez abrimos un champagne y celebramos que estaba, y a los dos días nos juntamos de nuevo y dijimos “no está”.

¿No sería una excusa para tomar contacto nuevamente con el material?
No, porque ella ya estaba cansada, y yo también, fue muy placentero el proceso y difícil, ni siquiera vimos todo el material registrado, encontramos un norte y fuimos ahí, de hecho hubo hasta una versión con animaciones de Pepita Sandwich, hubo varias versiones con eso. Volviendo a tu primera pregunta, fue más difícil de pasar de ficción a documental, creo que nunca más voy a hacer uno.

¿Dudaste en algún momento sobre qué iba a ser la película?
Sí, originalmente era sobre los objetos que ella me daba, era más simpático y burlón, después devino en algo que la expuso menos, no cuenta cosas de su intimidad que tenía para hacerlo, decidí dejarlo afuera.

¿Por qué?
Una cosa es reírse con y otra reírse de, y ella estaba en desigualdad de condiciones conmigo, no tenía ni el poder de decisión sobre lo que yo hacía, ni el de visibilización, usarla para eso me parecía cruel y poco ético. Por eso en el arranque está el cartel que avisa que la filmé sin su consentimiento porque quería que la gente vea qué más hay. No me gustan los documentales en donde se ríen del protagonista.

¿Pensabas que con Flora podía pasar eso? La propuesta apela a otra conexión…
Sí, pero el miserable en el documental termino siendo soy yo, tenía imágenes para exponerla, por ejemplo escenas en las que hablaba de su sexualidad, por ejemplo, y lo saqué, quería que contara mi historia con ella y mi historia familiar, era lo más justo, sobre lo que podía controlar, nadie me puede decir nada sobre eso.

¿Qué vínculo tenías antes de rodar la película con la gente “mayor”?
De chico me ha atrapado ese mundo, y me estimula para pensar hasta qué edad una persona sigue siendo funcional para la sociedad. No tuve relación con mis abuelos porque era muy chico, pero siempre conecté con la gente grande. Acá me llamaba la atención porque Flora no tenía familiares ni conocidos, y pensaba qué pasa cuando uno se muere y está solo, hay una analogía con los objetos, y ver qué pasa con el recuerdo de una persona que no es conocida, quería hacer una película sobre ella, que es alguien que no cambió el mundo.

Antes hablabas de tu interés por ver en qué momento una persona deja de ser funcional a la sociedad, pero Flora, por ejemplo, sigue siendo consumidora y afín al capitalismo…
Lo raro es que todo lo que ella tenía lo compró en un momento, años sesenta, ponele, no era acumuladora, pero esos objetos tal vez sólo los usó una vez, trabajó en un banco, era muy ahorrativa, no se entiende mucho ese vínculo con el dinero, me aunaba también con ella que los dos éramos taurinos, que somos reclutadores de cosas, lo material significa algo, y ella a partir de eso se relacionaba conmigo, se conectaba a partir de dar objetos.

¿Cuándo entendiste que ese era el vínculo?
Cuando me daba cosas inútiles, como por ejemplo una polvera rosa fuscia, que era de su casamiento, entendí ahí que me pedía verla desde ese mecanismo.

¿Qué fue lo más complicado de rodar?
Lo más difícil era verla, por eso hay tanto Skype, hablar por teléfono hablaba, pero verla era complicado, la vi pocas veces, filmar era complicado también, iba yo solo con la cámara y la filmaba, y así se fue armando la película. Encima no quería que sea un documental en el que se le preguntaran cosas muy puntuales, iba y pensaba cómo pudiera ella mostrarme su punto de vista del mundo sin preguntas tan directas, además originalmente no quería que se escuchara mi voz, y pensar además que tal vez era la última vez que podía filmarla. El rodaje fue complicado porque sólo era una cámara simple y yo, sin micrófono ni nada, el sonido fue complicado, Cecilia Suárez hizo un gran trabajo limpiándolo. Entrar a la casa y no había luz, no me dejaba levantar las persianas, había pocas opciones de planos, solo podía hacer dos y más o menos zoom.

¿Con qué creés que conecta la gente en la propuesta?
La historia de que yo sea un oportunista queriéndome quedar con el departamento, eso me lo festejan mucho, no es común que uno mismo se exponga en sus miserias y maldad.

¿Qué tanto de verdad hay en eso?
(Risas) es el misterio del cine, ya aprendí esa respuesta. Esa es la magia del cine, qué importa si fue verdad o no, si Flora existió o no, es algo macro, la división entre ficción y documental, si lo definís de alguna manera sugestionas el visionado.

¿Te pasó de presentarla en alguna muestra y que no encajara o por documental o por ficción?
No sé si en un festival, pero es un género raro, y la segmentación de los géneros no ayuda a la creación nunca, a menos que hagas una película con algo histórico.

Y ahí también puede pasar que se mienta
Sí, a menos que hagas un documental sobre la dictadura y mientas los hechos. Esto parece que es documental y ficción a la vez. Me ha pasado viendo, por ejemplo, Searching for Sugar Man (2012), que depende de qué manera contás la historia si creés o no en eso.

Hoy en día hay un espectador que está más anestesiado y tal vez pueda llegar a creer mentiras…
El cine puede funcionar para eso, para jugar y probar distintos recursos para contar una historia, y que te digan documental y pienses en otra cosa que preguntas y respuestas y la cámara fija, eso caduca, la idea de hacer cine es probar un lenguaje propio y personal. Ese es el desafío, y creo que la película, con aciertos y desaciertos, propone un lenguaje propio. Como realizadores tenemos que romper esquemas. He leído críticas de la película, de referentes, o estimados, y pensaba “de verdad viste eso tan lineal?”, creo que otros entendieron el juego. Lo primero le hace mal al cine y al espectador. No me molestan las malas críticas, sí que no tengan vuelo en lo que dicen cuando los leo. Así leo yo también los Festivales, estuve en Cannes dos veces, pero me plantee que si yo creía que eso era la verdad sobre ese lugar, muchos aspiran a que sea eso lo único que importa. Por eso yo quería hacer el documental, para que me conecte con el deseo de hacer cine y no sólo especular a qué festival podía ir. Todo eso es el ego, que sólo sirve para conseguir plata para la próxima película.

Es una decisión la de continuar a pesar de todo…
Claro, y es un poco estar en contra del universo, pero uno necesita preguntarse para qué está haciendo algo, el cine es así, uno se apasiona haciendo y para que salgan las cosas. Nadie va ayudar a uno para que fomente desde afuera la pasión, es uno.

¿Cuánto te costaba superar la frustración y seguir adelante con el proyecto? ¿Qué te motivaba?
Me motivaba mucho el poder dormir bien, porque todas las noches pensaba cosas para la película, y eso es agotador, necesitaba además terminar para avanzar en otros proyectos, el tiempo decantó en eso. Lo que pasa en la película, pasa porque lo pude registrar con tiempo. El tiempo fue armándome la película, sino sería distinta, y me tuve paciencia para escuchar eso. Se habla de la decadencia de una persona de la tercera edad y el tiempo ayudó. Mostrar la película es parte del proceso, y eso también te genera ansiedad, encima muchos me preguntaban por el estreno, y la expectativa puede traer frustración luego para el que lo ve.

¿Expectativas ante el estreno en el Malba?
El Malba me parece una meca de la cultura y el arte, no pensaba que iba a poder estar ahí, creía que no era una opción. Confío mucho en el boca a boca que se genere, me han hecho preguntas interesantes en los Q&A, conecta con fibras de la gente que ayudan a descomprimir algo de sus miedos, sobre ideas de la vejez, de la vida, de la muerte.

Y hay algo con la evocación de una persona mayor querida…
Pasa eso, y también que perdonas un poco a la gente que piensa así, el pesimismo de Flora te lo hace más fácil. La evocación obvio, no era una idea mía, quería hablar sobre la muerte y la soledad. Me gusta que la gente se ría mucho y que después llore, evito los golpes bajos, pero sé que despierta eso. La muerte es un tema que no podemos evitar, y trabajarlo con humor relaja. En el medio del rodaje falleció mi papá, y la película me sirvió para conectarme con la enfermedad de él de otra manera, y hacer la muerte de una manera más liviana, eso a mí me ayudó.

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