Juan Pablo Russo
27/01/2019 14:55

En Un cine en concreto (2017), la cineasta argentina radicada en Barcelona, Luz Ruciello sigue el derrotero de Omar Borcard, un vendedor de calzados en la localidad entrerriana de Villa Elisa, que decide construir su propia sala en el techo de su casa, el “Cine Paradiso”, con butacas donadas y un proyector de 1923 que todavía funciona. "Lo que me cautivó de Omar fue cambiando a medida que lo conocí. Lo primero fue la sala de cine. Cada elemento: las butacas, el techo, los clavos, tenían una historia detrás. Y luego fue su personalidad, su fuerza invencible, su dignidad, su simpleza", afirma en una charla con EscribiendoCine.

Un cine en concreto

(2017)

¿Cómo llegás a Omar José Borcard?
Conocí a Omar una tarde gris, uno de esos días de invierno en que hay hacer algo para no deprimirse. Y con Lluís Miras Vega, el DF de la peli, salimos a pasear en auto por los pueblos vecinos. Un cartelito me llamó la atención porque en vez de decir "Kiosko", como era previsible, ponía: "Cine". Bajamos del auto y buscamos un timbre que no había. Golpeamos las manos y apareció Omar.

¿Qué fue lo que más te cautivó de Omar para querer contar su historia a través de una película?
Lo que me cautivó de Omar fue cambiando a medida que lo conocí. Lo primero fue la sala de cine. Cada elemento: las butacas, el techo, los clavos, tenían una historia detrás. Y luego fue su personalidad, su fuerza invencible, su dignidad, su simpleza. Nosotros somos amigos y muchas veces no coincidimos en opiniones. Aprendo de él y para mí siempre será un ejemplo de muchas cosas. En resumen, la perseverancia de Omar fue lo que a mí no me dejó claudicar. Tardé nueve años en hacer la película.

El rodaje consta de varias etapas y transcurre a través del tiempo ¿De qué manera le fuiste dando forma a la historia?
La historia terminó de armarse gracias a la opinión de personas determinantes que me marcaron los fallos mientras yo intentaba dilucidar qué quería contar. Mi productora y compañera de todas las batallas de la vida, cuando le mostré los primeros diez minutos que tenía editados me dijo: esto es un lamento boliviano y muy aburrido. Ahí entendí que el camino iba a ser largo y eso fue hace diez años. En el medio fui avanzando y mostrándole armados a Lluís y a todos lo que me daban el espacio.

Gracias a un tutor del DocuLab en México, encontré una metáfora y escribí un guion, que fue lo más parecido a lo que es la peli hoy. Pero la cosa no terminaba ahí. Yo quería trabajar con el montajista Charly Cambariere. Había visto su trabajo, tiene un manejo de la estructura que me sorprendió muchísimo. Aceptó y nos pusimos a probar ese guion. Ahora le digo “jefe”.

¿Cómo fue el proceso narrativo para trabajar sobre lo impredecible?
Iban pasando cosas, cosas que no voy a revelar para no spoilear la peli. Yo no lo podía creer, cuando creía que tenía un final, no... la historia seguía y había que seguir. Omar es invencible y eso me obligaba a mí a estar a su altura. El tiempo existe para que sucedan cosas. El final llegó como llega siempre, en todo. Y desde el final, al mirar en perspectiva, se armó la historia. Había que esperar a que termine para encontrar la forma.

¿Sentís que la película ayudó a Omar en su lucha quijotesca en algún punto?
Si lo ayudó. Lo hemos hablado. Ha sido una ayuda y un crecimiento mutuo. Ha podido recibir el reconocimiento que tanto esperó. Él es muy humilde y toda la ayuda que pueda llegarle será bienvenida. Creo que lo importante que hace la película es contar la historia Omar Borcard y visualizar su lucha.

Tu nuevo proyecto es No te olvides de hacerme acordar que te tengo que llevar adónde tenés que ir ¿Qué nos podés adelantar del mismo?
El título es una frase de mi papá que me dijo un día antes de irse a dormir la siesta. Tratar de entender algo puede llegar a convertirse en querer hacer una película. Estoy en pleno proceso del tema pero ya filmando, buscando. Tiene el color de la nostalgia pero por ahora no sé mucho más.

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