Juan Pablo Russo
03/01/2019 11:58

La brasileña Lucía Murat estrena en Argentina su película más reciente, Plaza Paris (Praça Paris, 2017), un thriller sobre la violencia y el miedo que muestra la relación de contratransferencia entre una psicoanlista, una portuguesa blanca de clase media alta, y su paciente, una negra de las favelas brasileñas que vive bajo la sombre de un hermano preso por narcotráfico. "La Praça Paris que está en la película y que para mí representa una metáfora de la colonización porque es una plaza que no tiene nada que ver con la realidad", dice la realizadora en una charla con EscribiendoCine.

Plaza Paris

(2017)

¿Cómo aparece la historia de Plaza Paris?
La historia se da a partir de una situación real que sucedió hace bastante tiempo, unos diez o quince años, en un momento en que Río de Janeiro estaba sumida en una fuerte ola de violencia. Yo tengo una amiga que es coordinadora de un centro terapéutico en una universidad y me contó que estaba teniendo problemas con las jóvenes que estudiaban ahí, en su mayoría de clase media alta que cursaban el último año y que hacían sus prácticas con gente de clase baja, porque estaban con algunos casos de contratransferencia, es decir de una transferencia al revés en el proceso del psicoanálisis. En ese momento pensé que con eso tenía que hacer un thriller exacerbando en ese tipo de conflicto. Después se instalaron en las favelas la UPPs, unidades pacificadoras, pero el problema fue que no estuvieron acompañadas de programas sociales y unos años más tarde la policía estaba de nuevo corrompida y la violencia había retornado de la peor manera.

¿Por qué Plaza Paris en el título?
Tenía la idea de trabajar en un principio con la cuestión de los años 20 y 30. También con la arquitectura de una ciudad como Río de Janeiro que está en una transformación permanente y no tiene una identidad propia. En los años 20 y 30 Río quería ser cómo Paris. Con las olimpiadas quiso ser una ciudad muy moderna. Siempre está buscando ser otra. Durante los años 20 y 30 cuando hubo esa primera tentativa de grandes obras había un proyecto muy ambicioso de un arquitecto francés que nunca se hizo por completo pero una parte era la Praça Paris que está en la película y que para mí representa una metáfora de la colonización porque es una plaza que no tiene nada que ver con la realidad de un país tropical, es una plaza sin sombra.

Tu obra cinematográfica está atravesada por la violencia estructural, ¿a qué se debe?
La violencia está muy presente en mi vida porque fui presa política durante la dictadura, fui torturada, y he visto la violencia en su forma más horrorosa, entonces es una cuestión que está presente en todas mis películas, mi obra está atravesada por la violencia. La violencia es una preocupación así como el racismo, una manifestación de la violencia que siempre fue muy escondida en Brasil. Hoy hay un movimiento negro que llamamos feminismo negro que es muy fuerte y está haciendo un trabajo muy importante para denunciar la violencia racista.

¿La película se resignificó entre su proceso de producción y el presente con la llegada de la ultraderecha a Brasil?
Infelizmente la película se volvió muy presente porque trabaja sobre el miedo y contribuye mucho para intentar entender lo que pasa en Brasil con la elección de Bolsonaro.. Como el miedo puede hacer que una persona se transforme en racista, perversa, y yo creo que fue por miedo que la gente votó a Bolsonaro en Brasil.

¿Cómo imaginás el futuro del cine en Brasil ante un escenario donde la cultura no le importa al gobierno?
Estamos muy preocupados con el futuro del cine brasileño porque la derecha tiene un discurso contra la cultura pero lo importante es que estamos todos juntos defendiéndolo.

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