Rolando Gallego
16/12/2018 14:02

Tras Hijos nuestros (2015) Juan Fernández Gebauer (El dorado de Ford) pasa al documental con Chaco (2017) rodada junto a Ignacio Ragone y Ulises de la Orden, una película que analiza la identidad y persecución de los pueblos originarios a partir de cinco hombres que ejemplifican lucha de todo un pueblo. “Desconocíamos el estado de control y coacción de la policía de Formosa o la capacidad de intimidación de las minorías por parte del Gobierno”, afirmó el cineasta en diálogo con EscribiendoCine.

Chaco

(2017)

¿Primeras sensaciones al mostrar la película?
Es mi primer documental, antes estuve con Hijos nuestros, quiero darle visibilidad a la problemática, los festivales fueron una buena ventana. Hoy en día hay una criminalización de los pueblos originarios muy grande y esta película viene a romper, a desmitificar y a darle voz a gente, que uno desconoce, de hecho yo conocía poco y si los qom no hubiesen ido a acampar a Plaza de Mayo no hubiese sabido nada.

¿Cómo fue rodar a seis manos?
En realidad si lo ponemos en esos términos fue a 200 manos, porque es un documental chico, con un esquema de producción reducido, cinco que entrábamos en un auto. Poniendo en cronología del proceso, en 2010 después de la represión, la comunidad qom llega a Plaza de Mayo, nos acercamos con Ignacio Ragone a dialogar con ellos, y teníamos a Ulises de la Orden como docente en la ENERC, que ya había hecho Río arriba y Tierra Adentro y nos dijo que estaba interesado, con ganas de hacerla, pero no podía viajar. Nos juntamos con un guionista y empezamos a investigar. Hicimos cinco viajes, conocíamos a algunos por haber estado en Buenos Aires, pero a la mayoría hubo que meterse en las comunidades, comunicarse con ellos y entender su cosmovisión.

¿Cómo llegaban a ellos?
Fue lo más rico y gratificante, entender su mundo. Ese primer viaje fue de investigación, escribimos el guion, lo presentamos al INCAA, empezamos la dulce espera, pero también tuvimos que volver porque ellos no sabían de este tiempo burocrático, así que hicimos otros viajes a la zona. Son pueblos muy maltratados por el hombre blanco, todos los días tienen conflictos y han perdido la confianza, y no queríamos que eso pasen. De hecho hicimos algunos viajes a llevar cosas, como por ejemplo una silla de ruedas que necesitaban.

¿Cuándo comenzaron a rodar?
En el quinto viaje, cinco semanas en 16 comunidades, la película está hablada en seis idiomas, algo interesante para escuchar, entender las diferencias, ver la expresión de cada tribu. Para mí además fue increíble porque fue a tres semanas de terminar la ficción.

¿Y cómo fue esa transición?
Sabía de las problemáticas y el contenido de las escenas que iríamos a buscar, estabas rodando algo sobre plantas medicinales y aparecía la policía y te requisaba, o el hotel, desconocíamos el estado de control y coacción de la policía de Formosa o la capacidad de intimidación de las minorías por parte del Gobierno. Las dos experiencias fueron gratificantes, las dos hablan de microuniversos, hablan desde una persona como símbolo de una parte de la sociedad que está sola, de la relación con la ciudad, la idea de progreso, hay ciertas cuestiones en común, hasta de la estética. Sí hubo diferencia de equipos de producción, y de hecho después de tres semanas arriba del auto conformamos una comunidad también. La ficción tiene algo documental, y el documental, si bien fue un registro, generamos algunas escenas, había distancia, pero se evidenció la desconfianza con nosotros, no fue distinto de rodar que en la ficción.

¿Te gustaría seguir en el documental?
Me gustarían las dos cosas. Me gusta co dirigir, de trabajar en equipo, hay algo de comunidad como filosofía, siento que la discusión siempre es mejoradora. Somos complementarios, de hecho el cine que hacemos por separado no es igual, pero en el encuentro se potencian. Ahora estoy viendo el mundo de la distribución, de la exhibición del documental, porque hay otro fin, de hecho la película la están usando como prueba en la Corte Interamericana de Justicia. Es interesante cómo reflexionamos cuánto teníamos que aparecer los documentalistas, y se dio que estuvimos en función de un relato que se está invisibilizando frecuentemente. Por eso la narradora es en qom, y las mismas comunidades lo usan como material didáctico en las propias comunidades, es gente que en muchos casos creen que no pueden reclamar sus tierras, los están encerrando, son torturados. De hecho los que ven la película se asombran que esto pase en el país.

¿Sentís ahí eso de “misión cumplida”?
Sí, totalmente, y eso que no soy antropólogo, y pusimos las herramientas que teníamos en función de aquello que encontramos. Lo que pasa con los mapuches, por ejemplo, te demuestra que se avanza y se retrocede, todo el tiempo. Además la película antes del estreno estuvo disponible para todos los organismos de derechos humanos, y para las comunidades participantes.

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