Rolando Gallego
02/12/2018 14:30

Presentada fuera de competencia en el 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata La Boya (2018) de Fernando Spiner, marca el regreso del director al cine tras Aballay, el hombre sin miedo (2010). La película se plantea como un homenaje a su amistad con Anibal Zaldívar, con quien ha compartido la tradición de nadar por más de 40 años hacia una boya. En esa historia, además, se atraviesa el relato del propio Spiner, su familia, sus anhelos. "Es un proyecto que hace unos diez años que estoy dando vueltas con él”, afirma en una charla con EscribiendoCine.

La Boya

(2018)

Surge el proyecto, lo empezás a rodar, ¿en algún momento perdiste el norte sobre qué ibas a contar en él? Porque hay elementos de tu historia, de la amistad, de la historia universal…
Sí, te diría que en muchísimos momentos, es un proyecto que hace unos diez años que estoy dando vueltas con él. En 2008 empiezo las preparaciones para hacer Aballay, el hombre sin miedo y a la productora que creo para hacerla le pongo Boya Films, estaba dándome vueltas, me preguntaba cómo poder transmitir la experiencia de entrar al mar con mi amigo para ir a la boya y luego comencé a asistir a sus encuentros de poesía, en donde se la trabaja sin declamación, como algo cotidiano, estuve mucho tiempo perdido para encontrar su forma.

Por suerte…
Sí, di clases en la ENERC y a los alumnos de tercer año de dirección les decía que no tenías porqué saber todas las cosas y que hay que trabajar para encontrar el norte, que a veces aparece de manera inesperada en el set, o muchas veces en el montaje. Le fuimos encontrando la forma, e incluso en los últimos ajustes de todo.

Hay una carta que lees de tu padre, configurando uno de los momentos más entrañables del relato, ¿nunca la habías leído hasta el momento del rodaje?
Yo sabía de la existencia, para decirlo de manera conceptual y no puntual, todo lo que sucede en la película es real, pero muchas cosas aparecieron en el camino, esta idea de hacer una película sobre mi amigo poeta, y que él ponga la obra poética de mi padre, que estaba influenciado por mi viaje a Italia, que él sienta el mismo deseo de ir tras sus sueños, de romper con los preceptos de la sociedad y ser poeta, y conocer su obra fue durante la película.

¿No conocías esa parte de su vida?
Había leído algo, pero a los veintitantos no le das la importancia necesaria. Descubrí la faceta poética de mi padre con la película, es muy difícil tener una verdad tan poderosa, tan de tu propia vida entre manos para hacer un proyecto. Yo me siento un narrador, me gusta contar historias, y esto tenía una potencial narrativa muy poderosa, había que organizar la cosa, quería hacer una película que atrape al espectador, me gusta empezar con “había una vez un lugar con una persona”, y esto tenía esa potencialidad.

¿Qué fue lo más complicado de rodar?
Las escenas de entrada al mar. Muchos años atrás empezamos las entradas con una vincha, porque muchas veces teníamos charlas en la boya que se perdían. También resultó un ejercicio para Aníbal de tener una cámara, cuando hicimos años después la película tenía naturalidad frente a la cámara, era el mismo, era un plus, porque si no esto estaría flotando.

¿Cuáles fueron las sensaciones de estrenarla en el marco del 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, del que fuiste parte, y en cercanía a Villa Gesell?
Con gran felicidad, estuve dos veces en competencia internacional con dos películas, estuve con otros proyectos, dirigí la muestra dos años, seguramente en la presentación sucederán cosas, mi hija hizo la música, se completa el proyecto de manera muy emocionante, estará mi hermano, el recuerdo de mi padre y mi madre, estoy filmando El último inmortal (2019) pero pude ir especialmente para estar en el estreno.

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