Rolando Gallego
22/11/2018 11:23

Heredera de una dinastía cinematográfica Sandra Sandrini (Ay Juancito, No te mueras sin decirme a dónde vas) regresa al cine interpretando a Mabel en La cama (2018), ópera prima de Mónica Lairana que bucea en las últimas horas de convivencia de una pareja que está separándose. Con el documental sobre su padre, Sandrini (2017), por estrenar, y este nuevo rol, por el que fue premiada en el 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata de manera no oficial por SAGAI (Sociedad Argentina de Gestión Actores e Intérpretes) como la mejor actriz de la muestra, Sandrini se emociona por su regreso al cine “pocas veces uno encuentra un papel como la propuesta de Mónica Lairana, con tanta entrega, y uno se abre actoralmente”.

La cama

(2018)

¿Cómo hace un actor para liberarse tanto en la pantalla?
Forma parte de la entrega actoral, porque cuando uno es actor uno genera algo muy profundo con la conexión con el trabajo, pocas veces uno encuentra un papel como la propuesta de Mónica Lairana, con tanta entrega, y uno se abre actoralmente. No es un desnudo personal, es un desnudo actoral donde el personaje tiene que estar cómodo en su casa, y fue un gusto tener esta oportunidad, lo hice en una total comodidad y fue un placer, porque cuando uno trabaja tan mano a mano con el director, entendes el mundo interior que quiere expresar. Es una gran responsabilidad actoral.

Además del desnudo, que uno luego se olvida a los pocos minutos de iniciada la película, hay mucho esfuerzo físico, ¿qué trabajo previo hicieron?
Primero ensayamos, nos conectamos mucho, con ejercicios, para entrar a los personajes, para conectarnos como actores, me sentí muy cómoda con mi compañero. Si uno se entrega mucho salva interiormente a los personajes, la actuación es algo que sale hacia afuera pero es un camino interior que uno recorre. Nos entregamos y fuimos simples en eso, sin molestarnos. El trabajo y ensayos nos puso en forma. Fue exhaustivo, en todo sentido, pero rico, había algo que para mí fue muy lindo, como una comunión con el equipo y eso nos permitió volcar profundidad, porque si no hay tensiones.

En otros proyectos las transformaciones de los personajes se dan en un gran tiempo acá ¿cómo fue que transcurre todo en un breve lapso?
Hubo un gran trabajo de producción, porque en un mes te crecen las uñas, el pelo, emocionalmente fue difícil, porque en un mes uno va cambiando, volver a entrar es un trabajo actoral, y claro la dirección ayudó mucho, porque cuando está eso podes recostarte.

¿Te pasó de llegar al set de llegar con otras energías y reconocer el estado anterior?
Yo entraba a tomar el día de Mabel y lo que estaba pasando, ese aspecto me ayudó de poder entrar fácilmente, porque me pasa de a veces estar en un día que sucedió hace 15 años.

¿Te sentís cómoda con la exposición que está teniendo la película?
Eso es otro tema, porque actuando soy bastante desinhibida en la actuación, es un acto de entrega, después cuando me veo es otra cosa, no sé qué siento en cuanto a la exposición de ser actriz como espectadora. Particularmente creo que cuando uno hace algo y pone todo lo que tiene disponible ya está, si después aparece la exposición, y uno fue con entrega, ya está, el mundo tiene muchas formas y tendencias de ver las cosas, uno ocupará una de las capas. De lo que yo aporté tendrá esa resonancia, y lo demás, aunque uno quiere estar maravillosa, se vuelve a la casa interior.

¿Cómo sigue el año y proyectos?
Esto es un poco un libro abierto, yo tengo mucho para escribir en él, siento con potencia creativa, tengo muchas ganas de escribirlo con la apertura que tenga, tengo proyectos, la actuación es algo del alma y ancestral en mi familia y me siento muy bien. Hay una llama que tiene que ver con encontrar un lugar en la vida y es algo que si uno lo mantiene vivo te rescata siempre. Es difícil en los artistas esto porque hay veces que parece que se extingue, por las complejidades de tiempos y producción, en lo actoral y el cine, pero si se mantiene viva está relacionado.

¿Por qué la gente tiene que ver La cama?
Porque es una propuesta muy interesante, abre muchas dimensiones, desde un día en una pareja grande que se separa, y el arte, en esto tan íntimo y grande que es ese día, con el lenguaje de Mónica, tan particular, cotidiano que se dimensiona y abre otras puertas de reflexión sobre que es el arte, el amor, la vida, y todo lo que no tenemos tiempo para pensar mucho. Vivimos en una época acelerada y con mucho rimo y Mónica ha logrado reposar esa mirada en otro tempo.

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