Rolando Gallego
20/11/2018 11:06

La cama (2018), ópera prima de Mónica Lairana, transita por las dolorosas últimas horas de convivencia de una pareja (Sandra Sandrini, Alejo Mango) que está separándose y debe, en medio, lidiar con sus recelos y cuestionamientos. Actriz, realizadora de cortometrajes, este debut, que tuvo su premier mundial en Berlín, le ha permitido alzarse con el premio no oficial del 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata a la mejor dirección, primera vez que una directora mujer lo recibe. La cama es la primera película que circulará de la distribuidora Hasta 90 minutos, dirigida por Luciana Abad. “Uno quiere siempre que lo que uno hace se vea mucho, que genere cosas a nivel humano, después los festivales son una yapa, son cosas que pueden o no ocurrir”, dice en diálogo exclusivo con EscribiendoCine.

La cama

(2018)

¿Qué tanto de autobiográfico disparó la película?
Lo más fuerte que tiene es la cuestión emocional, ese dolor profundo, como de duelo, que para mí es lo mismo, son etapas similares. Ese profundo dolor es lo más autobiográfico y motor para la película, después se fue nutriendo de otras observaciones, intereses que están en mis cortos como abordar la sexualidad adulta, los cuerpos devastados, sin energía, en donde la energía vital está todo suspendido, y como si uno sólo pudiera transitar espacios de dolor. Me hizo pensar mucho, también, la dimensión del dolor en una pareja que convivió durante muchos años, eso también hizo que los personajes tuvieran otra edad.

El dolor más grande de los protagonistas es el de no poder comprender que deben soltar su amor ¿es así?
Uno puede tener varias lecturas y yo no quería cerrar para que el espectador pueda identificarse y empatizar con las historias, una es que el amor es tan fuerte que no pueden entender el soltar, otra puede ser que el dolor es proporcional al valor que uno le dio, y una parte se llena de contradicciones, y la cuestión humana, del otro como persona, que también el dolor se asocia a la posibilidad que romper la pareja se produzca una desvinculación con ese otro. Yo tengo relación con mis parejas anteriores, porque para mí es inconcebible que no suceda.

¿Es difícil encarar un proyecto a contracorriente de lo que se multiplica en pantalla?
Es una decisión, la decisión de arriesgarse, de confiar, de apostar, si te mostrara la carpeta de desarrollo verías un montón de anotaciones sobre el tempo, quería apostar que sea una película calma, con cosas asociadas a la teatralidad y cerrar secuencias con el montaje. Me pasa como espectadora que me gusta mucho el cine que me permite observar durante largos períodos de tiempo una situación o personaje, algo aceptado en el documental pero resistido en la ficción, yo lo quise hacer. Hay algo de la cuestión de plantar una cámara y esperar que algo suceda sin que intervenga el artificio y que haya una distancia que me interesa. Siento que como espectador te entregás a la propuesta. La manera de empatizar es más fuerte que con otras propuestas. Mi película exige algo que tiene que ver con la identificación, porque es muy complicado cuando se confronta con lo que propone La cama y ver si se puede identificar con esto.

¿Fue difícil el scouting de la casa?
La casa ya la conocía, es de los abuelos de un muy amigo de mi pareja, la conocía por cuestiones amistosas y siempre creía que era para filmarla, de hecho escribí la película para esa casa, y me imaginaba cómo filmar en ella. Nunca dudé que no podía ser esa casa, sí me pasa que nunca la había visitado en situaciones que no fueran familiares, y tenerla fue importante.

¿Cómo fue el proceso de selección de los actores?
La búsqueda de los actores fue poco convencional al principio, quería buenos actores, pero por identificación con el documental no quería que fueran conocidos y famosos, para tener la sensación de estar espiando. Peleamos ese registro de realismo y naturalismo para que así como en la cámara no está el artificio, tampoco en la actuación, que haya un despojo, y ese realismo con esos tiempos, cámara fija. En ambos casos los vi primero en fotos, y después averigüé quiénes eran.

¿Hubo ensayos?
Primero hicimos ensayos físicos, un entrenamiento no relacionado a la película sino a que se sintieran cómodos con el cuerpo del otro, una cotidianeidad que tenés desde rozar los cuerpos, es algo que no podés racionalizar. Comenzamos con eso, luego ensayamos escenas claves, con diferentes planteos coreográficos para que puedan seguir rutas, y que aquello que decidí no expresar en palabras pueda surgir en los cuerpos y su expresividad.

¿Fue difícil encontrar ese vínculo?
No fue difícil, ellos se sumaron al proyecto muy convencidos, no hubo barreras, su nivel de entrega fue tan grande que todo fluyó, además la mirada de ellos como personas sobre algunos temas como la vejez, el cuerpo, la sexualidad, se alineaba mucho a la mía y el pensamiento en común ayudó a trabajar. Hay algo que excede a la película y tiene que ver que los actores también son más allá del set de una película y lo que son. El equipo de la película ya trabajó conmigo, quería volver a hacerlo, y si bien es una coproducción, y te exigen que sea parte de ese lugar, me esforcé para que puedan ser parte.

Berlín, Mar Del Plata, Lugones, Malba ¿imaginabas esto?
Uno quiere siempre que lo que uno hace se vea mucho, que genere cosas a nivel humano, después los festivales son una yapa, son cosas que pueden o no ocurrir, excede a las películas, y sería complicado generar un proyecto para que eso se dé y no el deseo de hacer la obra, sería entregarle la felicidad a otro. Ayudan a futuros proyectos la participación, soy muy consciente de eso, pero no pongo allí el objetivo. Las películas encuentran sus propios espacios y querer forzarlo no funciona. Cada obra por sí misma se defiende, y si todos hiciéramos el ejercicio de entenderlo de verdad pondría la energía en el trabajo. Yo creo mucho en el trabajo, como actriz y directora, y creo que la voluntad, constancia y deseo hacen concretar todo, la suerte existe, sí, pero lo que uno puede hacer por los proyectos es trabajar.

¿Por qué hay que ver La cama?
Porque habla de cosas como el amor, el sexo y su lugar dentro de la pareja, el lugar que le da con el paso del tiempo, la soledad, la reivindicación de los cuerpos en cada etapa de la vida y también la muerte, la película es una invitación a preguntas que no tienen certezas, es una invitación a observar la intimidad de la pareja y rescatar el valor que tiene las cuestiones humanas en todas las situaciones.

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