Rolando Gallego
08/11/2018 01:02

El realizador Cristian Pauls (Imposible, Por la vuelta) presenta en la Sala Leopoldo Lugones su película Tiburcio (2018), un personal viaje en busca de respuestas acerca de su memoria y orígenes en Fortín Tiburcio, pueblo del interior en el que vacacionaba hace 50 años. “En el cine no hay temas, hay materiales y todo está ligado al modo en que alguien aborda los hechos”, indica en diálogo con EscribiendoCine.

Tiburcio

(2018)

¿Cómo pensás el paso de la ficción al documental?
Pienso el paso en tanto y en cuanto el proceso está atravesado por la ficción, los documentales son películas de ficción, a pesar de trabajar con personas reales y no actores, suponiéndola como diferencia central, esos personajes son parte de una ficción, de un hilo narrativo, no una ley de sus luchas cotidianas, o de la vida, sino a las de una ficción, por eso en mí al menos los dos universos están mezclados, pienso a la ficción y documental y viceversa, esto ya es parte desde los orígenes del cine con los Lumiere con los obreros saliendo de la fábrica y lo podés pensar como enteramente documental, si había ya una conciencia sobre lo documental, y también como una ficción ya que los obreros debían apurarse para ser registrados por la cámara. Entre ficción y documental hay un carácter complejo, y a mí del documental me interesa su carácter de ficción, donde hay tanto lirismo y poesía como en cualquier ficción, y viceversa, en la ficción me interesa ese costado documental donde los actores, no como actores, sino como personajes, pueden evidenciar cómo construir un personaje, es como ese monstruo de dos cabezas, una de documental y otra de ficción, y esas dos cabezas se tocan y se entreveran permanentemente.

¿Por qué decidiste que tu nueva película iba a ser con un tema tan personal?
Creo que en el cine no hay temas, hay materiales y todo está ligado al modo en que alguien aborda los hechos, son materiales, y con esos materiales hace lo que a uno le parezca. Lo personal en las películas son los procedimientos con los que uno se acerca a la realidad, a los personajes, geografías, conflictos, no me interesan algunos conflictos, hay otras comunes, pero me interesa cierto abordaje de los acontecimientos, siendo no tanto el tema sino cómo uno lo aborda lo que vuelve personal a una película. En ese sentido un tema que parece personal puede ser rutinizado, porque ese abordaje es rutinario y carece singularidad. A mí siempre me gana el cine, la manera de acercarse, el color, más que el tema, que rápidamente es ganado por cómo voy a contar.

¿Hablaste con tu familia tus intenciones de ir tras los pasos del misterio de la foto en Tiburcio?
La línea de pesquisa con la foto estuvo siempre desde principio, así se presentaba en el proyecto, y yo creía siempre que esa foto no llevaría a nada, por la misma pregunta que plantea quién ese ese hombre, que para mí no iba a tener respuesta, me interesaba más qué disparaba esa foto en cuanto a mí con relación a los demás. La foto propiciaba un azar, más que una respuesta, contingencias, inesperados, imprevistos, eso me interesaba, propiciar las condiciones posibles para que el azar entrara en cuadro, sabiendo que la intriga policial se iba a difuminar y que iba a dar paso al presente, huir de la melancolía, atemperando ese rasgo hablando del presente, pensando qué era la vida de esas personas hoy, no del pasado, que me importaba poco y que al mismo tiempo es una inquietud que tengo con el pasado. El pasado me importa en tanto presente, cómo habla en el presente, qué es ese pasado para nosotros hoy.

Con la película ya finalizada ¿qué otras cosas te quedaron pendientes de Tiburcio?
No me quedó mucho pendiente de Tiburcio, hice muchas entrevistas, algunas quedaron afuera porque para mí no es una película de entrevistas, sino de esas personas que hablan, de escena, porque hay cámaras hablan, esa gente habla con tanta confianza de lo que le preocupa sus vidas, de lo que fueron, de lo que esperan, hay una situación de cine, ellos, la cámara y yo, es de a tres, y hablan porque soy yo, porque cuando caminen por las calles de Tiburcio no me van a encontrar, esa situación de anonimato pone en cuestión lo que uno piensa, y para mí el rodaje mismo iba a develar, por eso no conocía a los personajes que filmé, salvo datos generales, pero opté por no saber más de ellos para preservar cierto rasgo de misterio, intriga, magia que el rodaje iba a proponer.

Tras el rodaje ¿qué ideas volviste a pensar sobre el recuerdo y la memoria? ¿Es la misma que antes de filmar?
Para mí recuerdo y memoria no es lo mismo, yo recuerdo, pero no es mi memoria, lo pienso como un invento, como que la gente inventa su memoria y la memoria no es algo que está en un cajón esperando ser abierto, sino más bien un punto de partida. La memoria se inventa desde el deseo, se construye como historia personal y es una ficción, de cómo verse, inventa memoria, eso es un invento, no quiere decir que sea mentira, pero sino algo ligado al relato, descarte, omisión, a lo que uno no quiere contar y que no debe ser censurado, produce algo, eso es lo positivo de la memoria, en el sentido que produce una ficción sobre sus propias vidas, no tan ligado a la verdad o mentira, sino al relato, a lo narrado, siempre hay una ficción, se actua, esos personajes, desde que se enciende la cámara, actúan, y no dejan de ser reales, y dejarán de ser aquello que eran antes del momento de empezar a filmar.

¿Expectativas con el estreno en Lugones de la película?
Me gusta estrenar en la Sala Leopoldo Lugones, es la sala, es el cine que me vio crecer como cineasta, el que me mostró películas que me miraron, el cine que tiene empatía con el cine que yo hago, tiene un aire para respirar que no se encuentra en las salas comerciales, es el cine en el que dije voy a hacer documentales después de ver La guerra de un solo hombre (1981) de Edgardo Cozarinsky, es el cine que quiero para la película, que tiene una historia con los cineastas que amo, que me dijeron qué cosas podía hacer, es la sala que me habló.

¿Estás con algún nuevo proyecto?
Estoy trabajando en el proceso final de Un paraíso socialista (2019) que recorre los diarios apócrifos de un líder australiano que lleva un grupo de inmigrantes australianos a Paraguay, a fines del siglo XIX, se instalan en colonia Australia, o nueva Australia, y arman una colonia socialista, se pelean algunos, se van a la segunda, se mantuvieron, no dialogaron, y luego las dos derivaron a la propiedad privada. Estoy terminando, montando, es mí último trabajo. En marzo/abril rodaré El campo luminoso, es una expedición sueca que se interna en Formosa para filmar una película, que queda inconclusa, se filma en 1920 y mi intención es filmar lo que se perdió, o falta de la película original, pero hacerlo hoy, esos lugares y personajes hoy.

Comentarios