Rolando Gallego
05/11/2018 11:52

Dejando de lado por un tiempo a Moacir, el realizador Tomás Lipgot se introduce en un universo que conoce con ¡Viva el palindrómo! (2018), un viaje apasionante sobre la obsesión de este “juego” lingüístico. Presentada en el (20) BAFICI y de recorrida por otras muestras, finalmente el documental, rodado en Argentina, Alemania y España, llega a las salas. “Espero que los palíndromos se esparzan al máximo posible y que haya más palindromistas nuevos”, afirma en una entrevista con EscribiendoCine.

¡Viva el palindrómo!

(2018)

Para alguien que no sabe nada de los palíndromos ¿cómo uno se apasiona por ellos?
Es un proceso, primero tenés que hacerlos, sino no te apasionás no entendés que no requiere tener algún talento, hay que hacerlos. En mi caso no sabía casi nada y me regalaron un libro y al otro día empecé a hacer palíndromos a lo loco, el hecho de hacerlos te lleva a esa pasión. No es difícil, yo en vez de pensarlos los escribo en papel, uso diccionarios, palabras que buscaba en internet, hay muchos recursos, la pasión empieza con la práctica.

Desde que empezaste a dirigir ¿sabías que ibas a hacer algo asociado a los palíndromos?
Para nada, de hecho ya tenía dos documentales y comencé después a hacerlos, al principio me sentía muy extraño porque no conocía a otras personas que hicieran palíndromos, me asocié a un club en España, tuve una furia hace muchos años y ahora ya no hago más, la película cierra ese ciclo.

¿Cómo es culminar ciclos? pienso en que también terminaste la trilogía de Moacir
Ese ciclo no se cerró porque estoy ahora con la cuarta película de Moacir, él quería hacerla, para mí no había posibilidades, pero desde que murió pensé en retomarla y vamos a ir a su Santos, su lugar de origen, a estrenar la tres y voy a filmar, va a hacer algo sobre la relación de él conmigo y sus conocidos. Fueron doce años de relación. Igual palíndromos dos no da, el tema se agota.

¿Cómo seleccionaste a los entrevistados para la película?
A todos los conocía virtualmente, cuatro o cinco, los seleccioné, entre ellos a Silvia, la conocí en Alemania, es chilena pero vive allá, igual todos los grandes encuentros fueron durante el rodaje, tras la investigación y sabiendo que tenía que ser efectivo. Es un poco de oficio. Inclusive había una idea de filmar en México en donde hay una gran tradición de palindromistas. Por suerte quedó fuera porque dura 100 minutos no sé dónde tendría que haberlo puesto.

¿Qué sabías que no querías hacer con la propuesta?
Didáctico y pedagógico quería que sea en una primera parte para que la gente conozca qué es un palíndromo. No quería hacer una tradición literal de utilizar la estructura de la película como palíndromo, hago un chiste con una animación y ya, eso no quería, igual dura 99 minutos, hay guiños y nada más.

¿Fue difícil ordenar todo el material?
Lo que me gustó es que era completamente distinto a lo anterior, sentía que venía haciendo algo similar, he hecho la voz en off, por primera vez, y me parecía que valía también utilizar recursos gráficos, y más, hasta es más luminosa que otras películas.

¿Quién te gustaría que se acerque a la película?
No encontramos muchos nichos, algunos interesados de la literatura, pero es más abierta y tiene algo que la hace universal.

¿Cómo sigue la película?
Se estrena en Gaumont y Recoleta, va a algunos festivales. Estoy con otros proyectos ya, la Moacir 4, un proyecto sobre astronomía desde el punto de vista de una niña que se llama Clara, estoy con Los adoptantes (2019), que se estrena el año que viene, va a estar en La Habana para competir por un premio para terminarla, estoy con otro documental que presente al INCAA sobre bebés, fui papá hace poco, y estoy escribiendo un largo de ficción.

¿Expectativas?
Mejor no tenerlas, es algo minoritario, no le interesa a nadie, dentro de la limitación con la que sale espero que los palíndromos se esparzan al máximo posible y que haya más palindromistas nuevos.

Comentarios