Rolando Gallego
02/11/2018 11:13

Elegida como la mejor película de la Competencia Argentina del (20) BAFICI y de reciente paso por el último Festival Internacional de Cine de San Sebastián,Las hijas del fuego  (2018) de la realizadora Albertina Carri se estrena comercialmente en salas. Narrando la historia de un grupo de mujeres libres que se embarcan en la aventura de rodar una película porno y recuperar un viejo automóvil, la cineasta construye un relato necesario sobre la sororidad, el amor, la amistad y los vínculos. "Podría decir que Las hijas del fuego, es otra vez, una discusión sobre el lenguaje", afirma en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Las hijas del fuego

(2018)

¿Cómo surge la idea de Las hijas del fuego?
Hacía tiempo que tenía ganas de hacer una porno, y digamos que tenía algunas notas tomadas, algunas posibles ideas narrativas que pudieran acompañar al universo de lo pornográfico, y por otro lado tenía una vasta investigación sobre lo pornográfico, desde mis comienzos en el cine, pero hasta ahora no me había animado a ponerlo en escena con personas reales. Siempre que trabajé en lo porno fue en términos dialécticos y no terminaba de imaginar cómo dar esa discusión con el género, desde el género mismo, con personas reales. Hace unos años conocí a Ro Castelli, antropóloga feminista, militante fulgurante del cuerpo, las identidades y los goces y charlé con ella de todas estas cuestiones sobre lo pornográfico. Nunca me gustó la mirada demonizada de la derecha sobre lo inmoral del porno y si bien estoy de acuerdo con la mirada que tiene la progresía sobre lo abyecto de dicho género, tampoco me parece que la solución entonces sea no hacerlo más, hacer desaparecer el porno, prohibirlo o simplemente no mirarlo más. Estoy más convencida en tal caso con la posibilidad de refundarlo. Y en esa nueva fundación es que nos encontramos con Ro y ella me instó a que escriba la película mientras ella hacía el casting.

¿Fue difícil encontrar el casting que la interpretaría?
Se hizo una convocatoria en redes y por listas de difusión privadas, de mujeres, actrices, dispuestas a hacer un porno militante, dispuestas a hacer una película que hable de nosotras, que nuestras amigas y de nuestras amantes, de nuestras preocupaciones y de nuestros deseos. Y de pronto, unos meses más tarde, el living de mi casa estaba lleno de chicas que me decían “qué hacemos Carri“ a lo que yo contestaba “ni idea, digánme ustedes qué quieren hacer“ (risas) y así se fundó la comunidad de Las hijas del fuego. Hablando de Nerval, de porno, de cine, de visibilidad, de sexo y de cuidado.

¿Cómo fue volver a la ficción? O en realidad a jugar con los límites entre ficción y documental…
Bueno, en realidad siempre estoy en la ficción, los documental que hice son como grandes mojones, super importantes en mi cinematografía, pero ambos tienen una fuerte impronta de ficción. Es decir, ambos están narrados con las herramientas de lo ficcional. Y en el caso de mis ficciones, creo que solo Géminis (2005) no trabaja con alguna idea documental, las otras todas juegan con las fronteras. Me interesan no las fronteras, sino más bien las costuras. Me divierte y me interpela ver las costuras de las cosas, estar entre mundos, en ese limbo que recibe a la señorita Jones y le explica que aunque sea virgen ella pecó porque se cortó las venas y a partir de eso ella se entrega entonces a un goce desenfrenado, que incluye víboras, mujeres y hombres. Entonces de algún modo el que define es el limbo. Los intersticios entre la imaginación y lo real, entre la ficción y lo documental.

¿Cómo trabajaste con las actrices? ¿Hubo ensayos?
Si, hubo muchos ensayos previos. Mucho trabajo de conocimiento entre todas. Antes del rodaje hicimos varios talleres: de drag king, de masturbación colectiva, de eyaculación femenina, de defensa personal y sobre todo hablamos mucho sobre lo que cada una de las actrices estaba dispuesta a hacer, lo que significaba el trabajo colectivo y también ensayos de vínculos, de relaciones entre ellas. Y por último ensayos de letra, aunque como la letra estaba escrita por Analía Couceyro, yo estaba tranquila con eso porque sabía que esa letra sería orgánica a la hora de ser dicha. Por eso para mí era importante que la letra la escriba una actriz, alguien que ya tiene mucho recorrido hecho diciendo los malos parlamentos que se suelen escribir para cine.

En los títulos vemos a todos los que de alguna manera acompañaron el proyecto de una u otra manera, fue difícil conseguir financiación para realizarlo?
La poca financiación que tuvo la peli fue de privadas. Amigas productoras, y amigas, buenas amigas y convencidas. Pero por sobre todas las cosas se hizo con muy poca plata y con mucha, mucha voluntad de parte de todas, sobretodo el gran aporte fue nuestro tiempo y nuestros recursos todos a disposición, desde autos, casas, contactos con camionetas escolares y/o agencias de viajes y un enorme aporte por parte de quien nos mecenó, que fue lo que nos permitió financiar la post de la peli que la parte siempre más cara luego de un rodaje a los tumbos.

¿Cómo pensaste trabajar con los límites de la censura? ¿Te propusiste filmar todo lo que querías más allá de la calificación que luego te pondrían?, pensando que hace mucho que una película nacional no posee un SAM 18….
No lo pensé nunca. No me importó en lo más mínimo.

Amistad, familia, vínculos y otros más anticipándote a la agenda como poliamor, post porno, sororidad ¿cómo fueron apareciendo los temas que subyacen en esta road movie?
No fueron pensados como temas en sí mismos, sino más bien cuestiones que planteaba la idea misma de la película. La premisa cuando me senté a escribir, fue la de encontrar un texto que celebre nuestros afectos y que deconstruya el género pornográfico, tanto en un sistema de géneros identitarios, como de géneros cinematográficos. Así surge entonces este otro género de la road movie. Poliamor y sororidad son estados que se fueron generando solos en esa convivencia horizontal y libertaria.

¿Qué fue lo más difícil de rodar?
Las escenas de manejo ¡porque ninguna de las actrices maneja! Eso es magia y no cualquier cosa. No, un chiste, aunque no lo es, de verdad que ninguna maneja, pero de todas formas lo más difícil para mí eran escenas de sexo y en cada una de ellas fui aprendiendo a como filmarlas, fueron escenciales ahí las dos camrógrafas de esas escenas Soledad Rodriguez y Sandra Grossi, porque entre las tres íbamos encontrando la forma de ubicarnos frente al poder que emanan los cuerpos sienténdose gozosos.

Mi escena preferida es cuando echan al marido del personaje que interpreta Erica Rivas y la “especialista” en artes no hace nada más que mostrar un video en el celu ¿cómo apareció esta genialidad en el guion?
La verdad que a mí ya me incomodaba la primera escena de las piñas. La violencia es algo que si bien también he desandado de todas las formas posibles en mi cine, me coloca en un lugar de vulnerabilidad y desconcierto que me devasta. Entonces mientras escribía el guion me desesperé por encontrar una forma en que eso no suceda, no estaba dispuesta a tolerar otra escena de golpes y/o gritos, y así fue que se me ocurrió lo del video. Fue parte del proceso de escritura. Y cuando le mandé esa escena a Analía para que le ponga los diálogos me pareció un gran hallazgo que algunas de las otras pidan pelea y que ella se niega a mover un brazo. Por otro lado ese video que no se ve, es de alguna forma el cambio de paradigma que estamos viviendo a través de los movimientos de mujeres que hay alrededor del mundo entero

Las hijas del fuego viene de participar y recorrer varios Festivales, ¿en algún momento pensaste que ese era el lugar, y que no se estrenaría?
No, al contrario, creí que en los festivales la iban a rechazar por porno, por explícita, por estar contada de una manera muy poco parecida a lo que es el cine independiente del mundo (si es que tal cosa existe). Siempre supe que la iba a estrenar, aunque sea en un cine porno, pero que llegue a las salas de cine de autor(a) es una gran cosa para esta película porque amplía su campo de batalla porque devuelve a la discusión al cine, que es el territorio en el que me interesa discutir. Podría decir que Las hijas del fuego, es otra vez, una discusión sobre el lenguaje.

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